El camarada Špic, el entrenador (...) Nos comentaba los movimientos y, sobre todo a nosotros, los atacantes, los errores potenciales o visibles que los defensores cometían durante el partido. Sí, incluso los más grandes jugadores, aunque menos a menudo que los demás, cometen equivocaciones. Es entonces cuando el delantero centro de ojos enloquecidos marca un gol hundiendo la moral del adversario. A partir de ese momento, el portero y la defensa pierden su sangre fría y tienen la impresión de que el peligro ya no se encuentra en el adversario, sino en sus propias filas.
Vladimir Dimitrijević - La vida es un balón redondo.









