Reflexiones en una crisis
Iniciar siempre es difícil, doloroso, ¿Quien quería iniciar? y ¿Para qué?, la naturaleza humana en su inexistencia nos pide materialización, creación, ser dioses, ser demonios, ser nada.
Fue en la ciudad de Guatemala, en la tercera avenida de la zona 1, frente las ruinas de un viejo banco, bajo el calor del caribe, entre volcanes, me ubique, por primera vez en mucho tiempo. El banco, verde con letras doradas, ¿Cuál era el nombre?. Piel morena, zapatos nike, spanglish… Aca no podes andar solo. Llegamos al montículo, el que fue castillo y ahora es otra cosa, nos detuvimos a imaginar el pasado, era como verle la cara a dios, el dios que mató a los otros.
El parque navidad solía estar a la vuelta, pero no duró mucho, en su lugar vemos la conquista, líneas sencillas y finas muestran al soldado, el evangelizador y la ofrenda. Junto a una fuente y sobre un banco, las nuevas estelas de esta tierra. Un lugar de cosas olvidadas que la tradición y la necedad convirtieron el algo más ¿Es que más fácil olvidar?, tal vez todo esto es un cuadro de Carlos Mérida o un cuento de Miguel Ángel Asturias y nosotros vivimos dentro.
Dejamos la isla de la metrópolis fallida y continuamos nuestro camino, pasamos una avenida llena de monumentos, todos están en fila, cual soldados, de un redondel a otro, como la casa de Asterión, con mil puertas abiertas…. Pero sin salida. Nos preguntamos sobre Asterión y Guatemala, nos acordamos del hijo del sol, el que se murió, le dieron la bandera de la ciudad a su esposa, como lo hacen con los soldados. El hijo del sol falleció de viejo, nunca peleó por la patria, aquí el soldado es el que se muere de viejo y no lucha por la patria.
Mono de oro le decían, y me acordé de los antiguos conquistadores, de su búsqueda y sus métodos, luego de 500 años seguimos siendo monos para ellos, animales sin valor, mulas de carga. Debo admitir que el apodo solo se pudo alcanzar de una manera vernácula y libre, tal elegancia no le pertenece a nadie. Antes de regresar a la casa vimos la fuente de Carlos III, la que nos regaló España luego de la independencia, me recuerda a las historias de los espejos y al dios asesino que mató a los otros para solo estar él, de esa forma la “palabra de dios” es más fácil de aceptar, me pregunto que nos van a querer regalar después.
Al llegar a casa la computadora, el 📱 y AeroSmith nos acompañaron, por que la duda sigue, ¿Qué significa ser Guatemalteco?, ¿Es el indígena, el mulato, el ladino, el mojado o los que no son ni uno ni otro?. Tal vez el problema no es la falta de identidad pero de elección, de permiso para nombrarnos y ubicarnos, por eso duele, la falta de historia duele, las derrotas duelen, el que quiere iniciar se supone preparado para afrontar el dolor. Al final, sobre el banco verde con letras doradas lo importante no es el nombre, pero el vacío generado por el olvido…. Es más caro olvidar.


















