Mi doble vida
“Considerate afortunada porque a pesar de haber vivido ya una vida ‘completa’, tienes la oportunidad de vivir otra”
Escribía mi hermano refiriéndose a que la esperanza de vida, hace apenas un siglo no era mucho mayor de esta edad que hoy cumplo, 40 años.
Y hoy junto con la incredulidad, está la auto-evaluación.
No, no estoy ahorrando para la jubilación, no, no tengo una casa propia, soy freelance así que no, no tengo un trabajo fijo y también por elección no, no tengo un auto, vaya, no tengo ni televisión.
Quizá esto lo resuma mejor: Soy una migrante empezando todo otra vez si, a los 40 años, asi que si definitivamente si estoy teniendo la oportunidad de vivir otra vida, y una completamente nueva.
Doy la bienvenida una nueva década en la que no podré sorprenderme tanto si me dicen señora, ó me sienta cansada ó adolorida sin saber por qué, ó pase más tiempo recordando, justo cómo lo hago ahora en este post.
Y agradeciendo. Por todas esas cosas que en 40 años he podido vivir y con suerte conservar, así que, aquí la lista de recuerdos de aquella otra vida.
1. El olor de mi mamá rodeándonos con cada uno de sus brazos a mi hermano y a mi, mientras nos leía algún cuento de Hans Christian Andersen y nos repetía: “yo sólo tuve dos hijos, porque sólo tengo dos brazos”.
2. Lo inalcanzable que parecía el picaporte de la puerta, y mi mano, que de tanto estirarse intentando alcanzarlo, parecía que de los dedos saldrían alas y me harían salir volando de puntitas de la casa.
3. Cuando me comí una semilla de naranja, y alguien me dijo que en la panza me crecería un árbol y todas esas noches que pasé imaginando por dónde saldrían las ramas, y si a las raíces no les apretarían los zapatos.
4. Los gritos que me despertaron aquella madrugada cuando las gigantescas y viscosas maravillas que capturé el día anterior y atesoré en cubetas, decidieron escapar justo a la mitad de la noche saltando sobre camas, mesas y sillones en nuestra casa de campo. Aunque lo más extraño no fue eso, si no que mi familia sólo pudo ver sapos.
5. El ronroneo de Goliath, mi primer gato. Y las pecas de Samsa, que como constelaciones de un planeta prometido, me ayudaron a convecerme de que siempre habrá un lugar a donde llegar.
6. La mirada de esa mujer recostada en la cama, sin cabello y una piel casi transparente, a la me aproximé despacio, con más curiosidad que miedo, tratando de reconocer, en esa figura en los puros huesos y con los brazos rendidos a cada lado, a mi tía Socorro, quién en silencio me enseñaba como es que mira la muerte.
7. El paseo en auto en el que descubrí un mundo lleno de mensajes secretos ansiosos por ser revelados. Y supe que sabía leer.
8. Girar y girar con mi vestido rojo y motas blancas hasta desplomarme en el viejo sillón de la sala, hipnotizada por aquél mundo en mi cabeza, que podía moverse sin sentido como dando entrada a una nueva galaxia.
9. Despertar tendida en el suelo viendo un cielo azul sin ni una nube, para lentamente comprender que había quedado inconsciente luego de caer por las escaleras en las que jugaba, y sentír ese cielo como yo, completamente solo.
10. El magnífico circo de impresionantes gusanos quemadores que construí con ramas y hojas en una cubeta.
11. La escandalosa y reconfortante risa de mi tía Emilia.
12. Mi mamá advirtiéndome sobre las espinas de las tunas y yo construyendo con ellas, temerarias torres y pirámides sobre la mesa en la cocina.
Ese mismo día, en la noche, el dolor nunca antes sentido, cada que mis dedos se rozaba uno con el otro.
13. El bochito azul en el que mi papá nos llevaba amontonados a mi hermano Job, a mi, y a todos los niños de la vecindad al cine.
14. Los veranos insoportablemente calientes de la tierra de mi mamá, flotando en sus canales como en cámara lenta sobre cámaras de llantas y sus más de 40 grados.
15. Las raras veces que el trabajo le permitía a mi mamá esperarme en la salida de la escuela, ella perfectamente perfecta en su uniforme blanco de enfermera, y yo la más orgullosa hija.
16. Ésos largos dias de caminar y caminar despues de nuestras acostumbradas visitas a los museos, sin sentir las piernas, ni los brazos, ni nada más a lo largo de las interminables estaciones y transbordos del metro de la ciudad de México, apenas detrás de los apurados pasos de mi papá.
Y alguno de esos días en un museo, frente a un cuadro cubista, diciéndole a mi papá “yo puedo hacer eso” y él contestando, “a ver, hazlo”
17. La forma en la que me miraba asustada una joven pareja en aquél parque acuático, hasta que ella, temblorosa estiró su mano, tomó la mía y me salvo de ahogarme.
18. Las cubetas rebosantes de camarones de las que el día más hambriento de mi vida, comimos a puños mi hermano y yo en alguna playa de Veracrúz.
19. Despertar al final de cada Opera a las que papá nos llevaba en el Palacio de Bellas Artes gritando “bravo” con todo el entusiasmo que una niña de 5 años podia mostrar.
20. La vez que mi hermano llamó angustiado pidiendo una tarea que había olvidado, y yo para llevársela, emprendí la más peligrosa primer expedición de mi vida.
21. La temporada agridulce en la que mi papá, por primera vez en mi vida, regresaba temprano del trabajo, para enseñarme las tablas de multiplicar.
22. El vomito naranja fosforescente que tuve esa noche, luego de decidir gastar todo el dinero que tenia para comprar comida cada día, en la bolsa más grande de cheetos a granel y comerla por completo.
23. Mi papá cantándonos "El Jinete” de José Alfredo Jiménez haciendo sonar su vieja guitarra al ritmo de sus arrugados libros de notas.
24. Mi papá levantándonos a las 6 am para ir a correr al bosque de Tlalpan.
25. Cuando leí en una tarde Metamorfosis, de Kafka.
26. El perfecto disfraz de diabla que mi mamá me confeccionó por semanas, y que tristemente no me atreví a lucir porque nadie más se disfrazó en la fiesta de disfraces a la que me invitaron. Esa noche me enteré que la gente rara vez cumple lo que promete.
27. Cuándo le pregunté sobre sexo a mi papá y contestó con una pila de libros.
Cuándo le pregunté sobre sexo a mi mamá y contestó: “Es algo natural, como tomar un baño.”
28. Mi primera vez y el deseo que tenia de contárselo al mundo.
29. Mi hermano orgulloso enseñandome ajedréz, sufriendo como mi maestro de algebra y aterrorizado dándome lecciones de manejo.
30. Cuándo “tomamos” un autobús de la ruta 100 para ir a una manifestación del 2 de Octubre al zócalo.
31. El no rostro del desconocido con uniforme militar, que me sujetó con un brazo por el cuello, y con el otro, me apuntó por la espalda, para obligarme a ir a un lugar oscuro y solitario. Pero que no pudo arrancarme la voz que me salvó en aquellas abandonadas vías del tren con un grito desesperado pidiendo auxilio.
32. El día que frente a la ola más enorme que he visto, en Costa Rica mi hermano me dijo que no me soltaría y pude ver con los ojos bien abiertos en la primera y única vez que los he abierto bajo el agua, como me soltó.
33. La primera vez que fui capaz de cocinar algo comestible y pude alimentar a mis sobrinos.
34. Cuando entré a estudiar Medicina. Cuando dejé Medicina.
35. El Chacmool del EDINBA.
36. El amargo glamour de trabajar en publicidad con sus eternas noches.
37. Las malqueridas, queridas y nuestro viaje virar.
38. Las conversaciones con Te y Miguel.
39. Todos los días en que Matias me convierte en su mamá.
40. El avion en México al que nos subimos -que casi nos deja- para bajarnos en otro país, con otro idioma y con un aire tan poderoso que se llevo a los que eramos y nos convirtió en otros, en una familia migrante.














