h

oozey mess

#extradirty
Noah Kahan

roma★
EXPECTATIONS
art blog(derogatory)

pixel skylines

Love Begins

if i look back, i am lost
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
hello vonnie
Monterey Bay Aquarium
Mike Driver
he wasn't even looking at me and he found me
Lint Roller? I Barely Know Her

shark vs the universe
d e v o n
Today's Document

ellievsbear

seen from India
seen from Netherlands
seen from Argentina
seen from Argentina

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United Arab Emirates
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Greece
seen from Finland
seen from Malaysia
seen from Uzbekistan

seen from Türkiye
seen from United States
seen from United States

seen from United States
@manoymanointhestereo

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
January was a tough year but we made it
Creo o pasa, quizás ambas, que siempre alejo a quienes quiero o amo, en todo sentido. Que te vigilen no sé si corresponden a amor o al menos a un amor sano. Es más vigilar porque en el fondo no confían en ti. Me ha pasado una vez. Me ha pasado dos veces. Tres. Y es probable que siga pasando. Nadie, aunque lo niegue, quiere tener cerca a quien no entrega ningún tipo de garantía. A quien ríe un poco para poder despistar. No es justo para otros. No es justo para mí. Más para los otros que para mí. Que duele? Sí, por supuesto. A veces mucho, por meses, años, otras veces no deja de doler nunca.
Peor también está la comprensión de mi parte: esto daña y no quiero dañara ni un mínimo a quien me importan. No es sano. Yo quisiera que esto no estuviera aquí, ser “normal” y no me lamentaré egocéntricamente. Hay casos y gente peor que uno. Aún así, es simple: sueño que una y otra vez termino por cagarla. Terapia? Psiquiatra? Medicamentos? No sé qué podría funcionar totalmente. Quizás nada y me quedaré así hasta mi muerte.
Por mucho que ruegue, no con palabras ni explícitamente, a Rolando que haga algo, que encuentre una combinación de medicamentos o tratamiento que me saque de aquí, de este estado mental.
No quiero llorar por todo ni tener colapsos por lo más mínimo. No quiero ser fatalista como lo soy. No me hace bien y aquí de nuevo: no le hace bien al resto y eso aburre.
Ghaemi sostiene que muchos personajes importantes en la historia no podrían haberlo logrado sin un trastorno del ánimo, bipolaridad en este caso. Quiero asomarme a la ventana y ver el horizonte sin la pulsión de muerte. Andar en el metro sin la idea eterna de tirarme y solucionar mis problemas bajo las ruedas de un tren.
Quiero un estado claro, sin depresiones, sin insomnio ni ganas de autodestrucción. Sin subidas de ánimo que terminan dejándome en el suelo y más deprimida aún. Yo no sé si puedo y quiero con esto.
Quiero meterme un fierro por la nunca, reventarme el cerebro, no pensar más. Pasar la cuerda por un árbol que no existe, sostenerla en mi cuello y que los pies queden colgando. Total, mis pies siempre han colgado de todos lados. Tengo miedo. ¿Tú no tienes miedo nunca? ¿Me has tenido miedo? Tengo miedo y te odio. Veo cosas horribles en mi cabeza. Son solo imágenes de muerte.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Te odio
Te odio porque no espero ansiosa el comienzo de un nuevo día. ¿Cuándo me dejaste de querer? ¿Paulatinamente y luego de repente? ¿Así como cuando se cae en una depresión? Háblame porque quiero salir a caminar y perderme en esta noche de mierda. Perderme en el río. Que me coman los perros. Que no aparezca nunca más mi cuerpo. Ser solo un recuerdo.
Te odio porque duermes mientras yo estoy despierta y no sabes qué tan mal me haces estar despierta. Veo o imagino cosas, escucho ruidos, siento un terror incontrolable. ¿Serán esos los terrores nocturnos? Seguro ni siquiera sabes esa respuesta. Lo guglié y no. No son esos los terrores nocturnos. Entonces, ¿cómo le llamo a lo que siento? Cuánto falta para que despiertes?
Te odio
Te odio. Te odio tanto. Te lo voy a repetir aunque sea en esta pantalla de mierda que nunca leerás. Te odio. Te odio. TE ODIO y te lo escribo en mayúscula a ver si me duele menos. Te odio porque me creas más preguntas de las que puedo responder. Te odio. Te odio porque cuando silbo, lo hago al ritmo en que tú lo haces. Te odio porque tengo que usar la palabra odio para hablar cuando ni siquiera es eso. Porque no te odio ni te tengo rabia, pero no tengo una palabra para definir lo que siento.
Te odio
Te odio. Te odio. No puedo dejar de odiarte. Te odio porque me llamaste ————- y ese no es mi nombre. Nunca va a ser mi nombre para ti. Cuándo me llamaste así en otra ocasión? Yo no soy esa. Te odio porque me siento un parasito que te amargó y no te ayudó cuando lo necesitaste. Te odio porque seguramente a alguien más le contaste sobre esto y te habló mal de mí, ¿verdad que sí? Te odio. Te odio y me lo repito a ver si así termina por hacerse real.
Te odio
Te odio. Te odio porque tengo ganas de darte un beso. No. No. No tengo ganas de darte un beso, quiero que tú me des un beso, o varios, pero no besos apasionados, besos cortos en la cara, en la frente, en las manos, en los hombros. Un beso que no me haga sentir olvidada. Un beso en los ojos. Porque ahora odio a todo el mundo por tu culpa, porque nadie me salvó de sentir este horror

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
when Billie Joe wears short, fitted shirts so when he lifts his arms you can see his hips and tummy. reblog if you agree.
Feliz Navidad
Corría el 2005 y yo estaba en sexto básico. Había estado relacionandome ligeramente con el rock debido a las largas ausencias de mi mamá por estar trabajando. Mi hermana y yo suplíamos la ausencia de un adulto viendo MTV, el recordado canal de música.
Ya vivíamos en la casa nueva porque mi papá y mamá habían cortado el divorcio que tuvieron por siete años. La casa que era y sigue siendo pequeña nos servía muy bien para poner la música en 50, que era el máximo volumen que permitía el televisor nuevo de mis padres. “Pam-pam-pam”, los vidrios retumbaban, pero nosotros no nos inmutábamos.
De todas las bandas que MTV podía programar en el día, sin duda alguna, hubo una que me marcó hasta hoy. Green Day. Me enloquecía cada vez que veía uno de sus vídeos y jugaba a contar cuántas veces salían al aire cada día. Llegué a contar más de diez veces con un sólo vídeo. Era su boom y yo no quedé ajena a eso. Para navidad de aquel año, le pedí al viejito pascuero “American Idiot”, el disco de Green Day que en ese entonces estaba de moda. Un disco más bien político, pero que yo tomé muy a lo personal.
Muy en el fondo de mi ser, yo sabía que el viejito pascuero no existía puesto que años anteriores había encontrado boletas de los regalos que supuestamente traía el señor gordo, pero admitirlo abiertamente era arruinarle la ilusión a mi hermana y, además, significaba crecer un poco, cosa que tampoco quería.
Días antes de navidad encontré escrito el nombre del disco en una libreta de mi mamá, lo hizo para no olvidarse o confundirlo con otro al momento de comprar, supongo. No cabía duda: el viejo pascuero no existía, pero yo tendría mi disco igual, que al fin de cuentas era lo que me interesaba.
Llegó el 24 en la noche y yo estaba nerviosa, puesto que esperaba con ansias American Idiot y tenía temor que mi regalo fuese otro. Supongo, no recuerdo bien, que aquella noche fuimos a misa, porque mi familia siempre ha sido religiosa, y que luego esperamos medianoche para poder abrir los preciados regalos. Ahí estaba. Negro brillante, con la granada en forma de corazón en el medio. Esa misma noche lo hice sonar en la radio que teníamos. No quería acostarme con tal de seguir escuchándolo una y otra vez.
Lo que más me sorprendió, no fue la duración del disco, las canciones que yo no conocía, el plástico que lo envolvía ni nada parecido. Fue darme cuenta que los discos originales traían la letra de las canciones dentro, cosa a la que yo no había estado jamás acostumbrada. Este en particular traía las canciones escritas con letra manuscrita que yo podía jurar eran de Billie Joe, el vocalista de la banda. Hasta lo podía imaginar escribiendo cada letra disco por disco.
Lo más cercano a un disco original que yo había tenido en la vida, había sido cassettes de Cachureos grabados encima de otra música y que escuchaba cuando chica mirando fijo los parlantes pensando que de allí saldrían los personajes del programa.
Recuerdo haber escuchado tantas veces American Idiot y leer su letra igual o más veces, que terminé por arruinar el mini librito: se despegó. Además, entre lo brusco que tenía mi hermana y mi ansiedad al poner cada vez el disco, terminamos quebrando un pedazo. No era tan terrible. Aún se podía escuchar, aunque a veces la radio no lo reconocía o simplemente lo leía como el disco rayado en que se había convertido.
No mucho después fueron llegando el resto de los discos de Green Day. Todos me maravillaban con la letra escrita dentro, los traducía. Supongo que así aprendí algo de inglés. Incluso, ya más grande, mi hermana ofreció comprarme un nuevo American Idiot, para suplir al antiguo quebrado, pero no quise. Ni siquiera una versión rara del disco podría devolverme a esa infancia en que descubrí a la banda.
Lejos estoy
Lejos. Mentalmente lejos. Así estoy. Empezó con el ánimo extraño. La música perdió sentido, la comida aumentó al doble. Algo que podría pasarle a todos. Un bajón anímico que podría atacar a cualquiera. Pero no fue así. No se detuvo ahí. Aumentó y siguió su curso: ya no era yo. La energía para cumplir deberes desapareció.
Urgencias. Psiquiatras. Psicólogos. Todos para confluir en lo mismo una vez más: la depresión me acechaba como lo hacía desde la niñez, como aquella vez en la adolescencia en que un tratamiento me dejó literalmente babosa.
El Instituto Horwitz no fue la solución. Dos urgencia, ninguna respuesta. Así llegué a urgencias del Hospital Clínico Psiquiátrico de la Universidad de Chile. Despertarse temprano. Esperar hora desde las 7 am. Tener suerte y seguir esperando, ver al médico que me tocaría al azar: Rolando Castillo, un hombre de no más de 30 años. Amable, empatico incluso. Llamaba a la confianza.
Despierto temprano. Son las 7 am. Raro, pero no le doy importancia. Otro día igual, otro y otro. Sigue. Además de despertar temprano, me despierto en la noche. 4 am y mis ojos abiertos de par en par, como si mirara algo interesante, pero es sólo el techo de mi habitación en oscuridad. El techo y la angustia de no seguir durmiendo. Estoy fuera de mí.
El problema se genera cuando comienzo a desconocerme, envío un correo al psiquiatra. Hay respuesta, pero no lo que espero: lo mío era un grito de ayuda, sin explicitarlo, pero sólo obtuve respuestas y sugerencias a mi insomnio que estaba volviéndome loca.
Miércoles en la tarde. Cita con la psicóloga. Lloro, lloro como si nunca lo hubiese hecho, como si no pudiese volver de ese lugar mental lejos en que estoy, como si llorar salvara la sequía del mundo. La psicóloga me mira. Se echa hacia atrás en su silla y me mira sin decir palabra. Me mira y yo lloro. Repito que quiero estar bien, que necesito ayuda. No tiene respuestas para lo que me ocurre. Menos yo. Contacta Rolando, el psiquiatra. En menos de 30 minutos me atenderá de urgencia. ¿Qué es la urgencia ahí? ¿Internarse? Todo me causa temor, tanto temor que dejo de llorar y ahora solo espero en enfermería, que no me confían en dejarme ni en ir al baño.
“Me quiero matar si sigo así, no lo soporto”, le lanzó, como una descabellada, a Rolando cuando entro a la oficina. Me intenta calmar y lo logra. Le explico que tengo algo en el cuerpo que no me pertenece, que me pierdo en lugares que conozco. Me pregunta por todo. La universidad, relaciones amorosas, familia, cualquier detalle que pudiera ayudar. Despersonalización. Así se llama. Se refiere a estados relacionados con brotes psicóticos. Eso explica que me haya perdido, que sienta que me vuelvo loca. Increíblemente saber que tiene un nombre, un diagnóstico, y que otros también lo sufren, me tranquiliza.
Rolando sugiere que yo no maneje mi tratamiento de medicamentos y bromeando respondo que nadie se muere por pastillas, pero a él no le parece gracioso y me pide seriedad. Callo. Callo y luego lloro otra vez, porque es lo único que sé hacer. Acepto que necesito compañía las 24 del día. Llegamos a acuerdo, acepto nuevo medicamento y él no me interna en la clínica, no al menos durante una semana mientras actúa la primera pastilla (olanzapina). Confío en el litio, el clonazepam y la olanzapina harán efecto y no terminaré en el hospital oscuro y helado que alberga a enajenados mentales. Intento no irme lejos, mantenerme acá, en la realidad. Es difícil, pero necesario.
No sé porqué voy a escribir aquí, no sé qué necesidad tengo de escribirlo en internet y no en una maldita hoja o, al menos, un archivo privado.
Juro que es como si tuviese 16 nuevamente y me echara en la cama a tener ataques de ansiedad mudos por la noche y después ponerme a dormir para tener esas malditas parálisis del sueño. Al menos ahora sé que no me voy a morir o no, al menos, por las parálisis. Pero ahora no puedo pausarme como cuando me pausé hace siete años atrás, ahora no puedo quedarme simplemente durmiendo porque todo se iría más a la mierda y retormarlo sería más difícil que cuando, obligada, me di el lujo de perder un año en el colegio. De mandarlo todo a la mierda y pasar el año completo con una crisis constante. Corriendo por la ciudad como si valiese la pena escaparme.
Terminaré por estar tan loca, por culpa de esta oleada negra que parece arrasar mi cabeza cada vez con mayor frecuencia, que un día simplemente me mataré y no por nada, ni por ninguna razón existencial cuidadosamente pensada, sino por buscar algún alivio inmediato, para conseguir que este horroroso barro enorme me deje en paz ahora.
Nación Prozac, Elizabeth Wurtzel

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
I want to explain how exhausted I am. Even in my dreams. How I wake up tired. How I’m being drowned by some kind of black wave.
Elizabeth Wurtzel, Prozac Nation (via larmoyante)
Este es un demente texto torpe y delirante, dicho texto (este mismito)
denuncia a las autoridades que existen aun mentes contaminadas con los virus de lo
no-reaccionario y tiene a bien solicitar que tenga a bien reaccionar en consecuencia
¡abajo la liberacionica del bienestar, la paz, la...