Siamesas
"Las cámaras son máquinas que cifran fantasías y crean adicción"*
La Canon AE-1 es una cámara réflex para aficionados avanzados que emplea película de 35 mm. La fabricó Canon en Japón desde abril de 1976 hasta 1984 <Wikipedia>
Me gusta especialmente esta cámara por muchos motivos, pero el principal es que fue fabricada el mismo año que yo nací: 1982.
La cámara mide 87 mm de altura, 141 mm de ancho y 48 mm de profundidad y pesa 590 g. La mayoría se fabricó en color negro y metálico y algunas completamente negras. El lente provisto de serie era de 50 mm 1:1.8 <Wikipedia>
Es una cámara contundente. Imposible de maniobrar con una sola mano. Al sostenerla se comprende su personalidad, puro metal, cristal, pentaprisma, fría, robusta, soberbia. A la vez, es frágil. Jamás pasa desapercibida, basta tenerla a la vista para generar curiosidad. ¿Es de rollo? ¿La puedo agarrar? ¿Por dónde se mira? ¿Dónde apretás para sacar la foto?
El curioso observa la cámara desde todos los ángulos posibles, deteniéndose en las perillas, palancas, roscas y botones . Cuando finaliza su examen, la devuelve con extrema delicadeza, como si nos estuviéramos pasando de mano en mano un pichón.
Posee control electrónico de disparador, un obturador de plano focal electromecánico con un rango de tiempos de exposición de 2 s a 1/1000 s, además de exposición continuada ("pose" o Bulb) y sincronización con flash electrónico con una velocidad de sincronización máxima de 1/60 s <Wikipedia>
Al hecho de apretar un botón para accionar el milagro mecánico, químico y óptico que permite capturar una foto, le decimos disparar. Y de hecho antes de disparar, apuntamos, y mucho antes de apuntar y disparar, tenemos que cargar la cámara. Susan Sontag tiene un ensayo muy hermoso sobre la fotografía (se llama así: Sobre la fotografía), en el que reflexiona sobre esta apropiación de expresiones ligadas al uso de armas (cargar, apuntar, disparar) para una acción que parecería inocente, como es sacar fotos. Para Sontag, “todo uso de la cámara implica una agresión”; y no se refiere solo a que los pueblos primitivos (o más acá, el propio Balzac) temían que les robaran el alma si los fotografiaban, sino al hecho más contemporáneo de que la fotografía, al captar la realidad (a diferencia, por ejemplo, de la pintura, que es representativa), produce una usurpación que pretende ser neutral, transparente, evidencia pura, pero que en verdad es interpretación. Y además, el acto de fotografiar esconde la pretensión casi perversa de apropiarnos simbólicamente de esa realidad que fotografiamos. No hay inocencia.
“Cuando sentimos miedo, disparamos. Pero cuando sentimos nostalgia, hacemos fotos”*
La AE-1 fue una importante cámara en su tiempo y fue la primera generación en incorporar tecnología de microprocesadores. Es muy importante por su gran éxito en ventas: se vendieron cinco millones de AE-1s en todo el mundo gracias a su gran durabilidad y resistencia <Wikipedia>
Yo tenía 19 años: agarré mi ropa, mis libros, mis CDs y me fui de la casa de mis padres de la mano de un novio. Aquella relación duró 9 años. Cuando se terminó, él temía que yo, que no tenía nada, le reclamara a él, que tenía de todo, alguna porción de su patrimonio. Me lo confesó un año después de separarnos, avergonzado por haber permitido que gente que no me conocía le hiciera sospechar que yo podía ser capaz de hacer algo que él, que me conocía mejor que nadie, sabía que yo era incapaz de hacer. En aquel entonces agarré mi ropa, mis libros, mis CDs, y me fui de su casa. Cuando nos despedimos, en un gesto de amor final, me ofreció quedarme con una de las cámaras que habíamos elegido y aprendido a usar juntos. Yo tenía tres cámaras para elegir y nada que pensar: “dame la Canon, me quedo con esta porque es del año que nací”. Me acompaña desde entonces. Como un sueño recurrente, un pasaporte o un talismán. Como una parte más de mí misma.
*Susan Sontag, Sobre la Fotografía


















