Su cuerpo se hallaba recostado contra el marco de la puerta de su taller. El sol de la mañana le acariciaba el rostro, la sensación le arrancó una sonrisa. En sus manos sostenía una taza de café recién preparada. Tenía algo de trabajo para hacer, pero le gustaba tomarse su tiempo para disfrutar de los primeros instantes de tranquilidad del día. Divisó a alguien que se acercaba a lo lejos, era raro que tuviera clientes tan temprano así que intuyó que la persona se dirigía a otro lugar. Pero cuando se detuvo frente a él se irguió y cambió su postura. “Buenos días, ¿puedo ayudarte en algo?” saludó amablemente, bebiendo un pequeño sorbo de su taza. Al parecer la jornada laboral comenzaría antes de lo previsto. // @manhattanstarters













