cuando las pisadas cesan por completo, siente que por fin puede relejarse ( un poco ), y no hace más que buscar abrazar a su novio, decirle todas aquellas cosas que había querido articular desde que se vieron, pero no lo había logrado por la necesidad de escape, de buscar un lugar donde pudiesen estar a salvo. “ también te estaba buscando– ” musita, colocando sus palmas sobre las mejillas del mayor, observándole fijamente, como si quisiera revisar si a él no le ha sucedido nada. finalmente, suspira aliviado al no encontrar rastros. “ tienen armas de fuego– ” antes de encontrarse con él, había corrido por su vida de un tipo que le apuntó con una de ellas, pero no lo externa en voz alta, no quiere alterar más a lucian, aunque por su expresión aterrada, probablemente es fácil de comprender de qué está hablando. entonces, decide aferrarse al cuerpo de su novio como si de esa forma, estando envuelto en sus brazos, no ocurriera ningún final trágico para ninguno de los dos. no sabría qué haría si algo le llegase a pasar a lucian. “ tú y yo– después de esto iremos al apartamento en el centro de seúl, ¿cierto? ” no se atreve siquiera a mirarlo, pues esconde su rostro en la curvatura de su cuello, la cual probablemente se humedece cuando un par de lágrimas se deslizan por sus mejillas. no deseaba morir, pero se obliga a sí mismo ser fuerte. necesita concentrarse en sobrevivir. “ no– no me iré de tu lado– ” entonces, se separa para tomar una bocanada de aire, y observarle, pasando una de sus manos sobre su rostro para secarse las lágrimas. “ vamos a estar bien y– podremos hacer muchas cosas juntos. aún quiero que conozcas a mi hermano, y pruebes la comida que hace mi madre– ” son autoafirmaciones, fantasías que, si bien sí desea que sucedan, no tiene idea de cuál será el fin de ambos. sin embargo, decir aquello en voz alta le da cierto ánimo.
Se permite rodearlo con mayor firmeza, sintiéndole tan cerca a medida que se permite finalmente respirar de alivio al sentir que finalmente aquellas pisadas se desvanecían y que una vez más se encontraban solos, seguros por el momento, pero no por demasiado tiempo. “Estoy aquí ahora” le recuerda, dejando que sus dígitos peinen las hebras de su cabello “estamos juntos, Han, nada más importa” y es el intento que tiene para calmarle, a medida que busca con su mirada facciones impropias y deposita suaves caricias sobre la misma. “¿Cómo lo sabes? ¿Te has enfrentado a ellos?” y no puede evitar sonar preocupado, casi elevando el tono de voz un poco más allá de lo normal. Esperaba que el contrario no hubiese pensado que aquello era una buena idea, y sólo se atreve a recorrer con su mirada aquella figura asegurándose que no hubiesen heridas y afortunadamente parecía encontrarse en perfecto estado físico. Sonrió, asintiendo varias veces “después de esto nos iremos al centro de Seul, a nuestra casa con tu biblioteca para mangas” le recordó “tal como lo prometí y no tendremos excusa para no amanecer cada día juntos” y rodeándose del cuerpo del otro como últimamente en la academia parecía extrañarle y desear romper aquella barrera que le impedía permanecer cerca de él como tanto le gustaba. “Vamos a la sala del consejo, podremos escondernos allí por el momento y estaremos más cerca de la salida” le recomendó, tomando su sugerencia y capturando su mano para levantarse con cautela. Mirada que se coló a través de la puerta, visualizando que los pasillos se encontraran vacíos. “Yo te llevaré a vivir conmigo y tu a Tailandia, me encantaría conocer el país en profundidad” confesó en un susurro, depositando un suave y rápido beso sobre su mejilla antes de apresurarse a moverse a través del corredor. No fueron descuidados, ambos sabían que el peligro estaba demasiado cerca y sentía que su pecho pronto estallaría por el sin fin de pulsaciones que arremetían contra su pecho. Siempre había sido de naturaleza protector, pero nunca había sentido esa extrema necesidad de proteger a alguien como en aquel momento. Sintió las pisadas, su oído de músico no le engañaba en absoluto y estaba seguro que ni siquiera eran demasiado perceptibles para el menor. Lo posicionó delante de él rodeándolo con sus brazos a medida que avanzaban. Se intentó asegurar que quien sea que le siguiera estuviera convencido que era uno sólo, quizá desistiría si así fuese. Al llegar sobre la puerta del consejo, la abrió con cautela, estaba o estaban a la vuelta del pasillo. No sería difícil predecir dónde se habían escondido y tirar aquella puerta, era una facilidad cuando armas de fuego era lo que cargaban consigo. “Pase lo que pase” ingresó apenas un poco con él “pase lo que pase, prométeme que en los próximos 30 minutos te mantendrás en silencio y ni siquiera tu respiración se escuchará” susurró, contra sus labios, besándole para que no puediera responder. Besándole como si fuese la última oportunidad que tendría para hacerlo “lo siento, patito” murmuró, empujándole hacia adentro y cerrando aquella puerta con llave permaneciendo del lado de afuera. La palabra sacrificio que Haneul tanto le recriminaba parecía hacerle ruido, a medida que se reía de si mismo, siempre había tenido razón y a medida que le veía acercarse sólo pensaba que si la charla no funcionaba, al menos quería creer que había podido proteger a quien más quería. En los siguientes instantes el único ruido que se escuchó a través del pasillo fue el caer de cosas, estruendo contra las paredes y hasta el impacto de un disparo que sonó prácticamente seco.