Llámame ahora, pero sin "elle".
Cosmic Funnies
wallacepolsom
d e v o n
Mike Driver
hello vonnie

tannertan36

JVL
taylor price
macklin celebrini has autism
$LAYYYTER
Not today Justin
Fai_Ryy

titsay
Misplaced Lens Cap
I'd rather be in outer space 🛸

shark vs the universe
Keni
seen from United Kingdom
seen from Iraq
seen from United Kingdom
seen from Algeria

seen from United Kingdom

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Brazil
seen from Türkiye
seen from France
seen from United Kingdom
@lucesdeprimavera
Llámame ahora, pero sin "elle".

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Punta Umbría
Ronda - Málaga
Ronda - Málaga

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Serranía de Ronda
La vida es (B)ella
Sevilla.
Charlas con Margot
Me senté enfrente de ella, en una mesa de madera cuadrada y pequeñita, pegada al ventanal que daba hacia fuera de la cafetería “La Central”.
Era el clásico día de invierno que abría entre nubes, y radiaban unos pocos rayos de luz, que a través del cristal, calentaban el alma.
Cerraba los ojos frente al sol, e imaginaba otro día alejado de éste y de sus muchas y amenazantes nubes que envolvían día si y día también, a noviembre. “Es lo que tiene el invierno”, pensé.
Paré casi en sobresalto, cuando la mano de Margot paró encima de la mia, invitándome a dejar de mover aquella cucharilla de café. Se ve, llevaba un rato intentado disolver lo que había sido azucar de caña.
Era un clásico día en el que me apoderaba el silencio abstraído una vez más por pensamientos infinitos, pero sus ojos, azules misterio, clavaron los mios, y por un momento y observando previamente su mano envejecida por la edad, pensé en que era momento de interactuar con ella.
Después de una pequeña quietud con tiempo de suspiro, fue ella quien rompió el elegante sonido del silencio, o de la leve melodia de jazz de aquel bar de Valladolid.
- “Existen 32 maneras de amar, ¿lo sabías?”
Inmediatamente comenzó en mi cabeza a fluir miles de preguntas y posibles respuestas sobre aquello tan curioso y dificil de mantener para mi.
No se cuánto tiempo perduró la perturbación más eficaz que logró sacarme por unos minutos de mi dolor.
Pensé que, y por su edad, debía conocer las 32 formas de amar. Pero ¿cómo 32?, ¿qué número del diablo era ese?, ¿En qué momento de mi vida dejé de conocer las otras 31?.
Una y otra vez, volvía a aquella frase tan inconexa a mi y tan carente de sentido, ... ¿de qué otra forma se ama si no amando?, ¿acaso suma el desamor, como hermano despiadado del amor?, ¿acaso incompleto?, ¿incomprendido tal vez?...
y quien me ama ¿sabrá reconocer las otras 31 formas?, ¿Seré yo la forma 33?.
Parecía que el día amenazaba con más nubes, y yo, en ese momento, tal vez, no tenía ganas de permanecer en ningún lado, al lado mia.
Sinceramente, lo sentía por Margot, víctima masoquista de mis formas.
Bebí el café como si de agua se tratase.
Le miré despacito, el tiempo hacía tiempo, se había detenido. Tal vez no, tan sólo -tal vez- fuese el pesar.
- “Pero tu permaneces sentado, mirando a través del cristal y preguntándote cómo serán las otras 31 formas de amar...”, terminó diciéndome.
Ahora si, reconocí mi error. Me congeló. Atravesó mi corazón con la estaca de la verdad. Pude observar que el amor andaba al otro lado del cristal.
Ellos -los otros- andaban manicogidos, sonriendo.
Andaban abrazados, cobijados, mirados.
Andaban suspirándose o mirándose.
Abstraídos por lo bello, lo sublime.
Se obsesionaban, se tocaban, se acariciaban.
Se entendían, se buscaban, incluso se peleaban para volverse a encontrar.
Se reían o lloraban, pero juntos.
Salían, entraban, o se quedaban y se iban para volverse a quedar.
Y miraban para atrás cuando se iban..., Soñaban, ...
Definitivamente ellos conocían otras formas de amar.
Le pagué el café a Margot y le amenacé con volver a verla. Ella asintió con una sonrisa.
Salí rápido de aquel lugar, y juré no volver jamás.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
El espíritu del elefante
- ¿Conocéis al espíritu del elefante?.
Más de uno tan sólo movió la cabeza. Los rostros eran verdaderamente de pánico...
---
Estábamos dispuestos a entrar.
Digamos que no éramos muy valientes todavía. La media de nuestra edad no superaba los ocho años y eso hacía que cualquier historia de miedo, nos diera verdadero terror.
Llegados a ese punto, y dado que éramos más de quince niños, quizá fue determinante para hacernos fuertes en conjunto, y nos apeteció la idea de entrar para hacer aquel extraño espiritismo que había que invocar al fantasma del elefante. Nuestra infinita curiosidad infantil nos estaba llevando al lugar equivocado, porque, quedaba claro que lo íbamos a pasar realmente mal.
Quizá los niños más silenciosos eran los que más dudas aportaban al grupo, eso si, en ese silencio que gritaba ¡quiero irme de aquí!.
La mayoría parecíamos pollos sin cabeza corriendo de un lado a otro, hablando alto e imaginando qué otros mundos encontraríamos en aquel lugar.
Era el momento de entrar. El mayor -de unos doce o trece años- acompañado de su otro amigo, nos aconsejaron guardar silencio, argumentando que a los muertos no les gusta el ruído, y podían enfurecerse. El miedo hizo el resto, y nadie dijo de no entrar -quizá ahora era peor el momento de quedarse sólo fuera-.
El portal estaba oscuro -por fortuna, no bajó ningún vecino encendiendo luces, en medio de la sesión-. Nos dijeron que nos sentáramos todos en círculo y nos diéramos las manos.
Los nervios comenzaron a aflorar y las caras comenzaron a cambiar.
A los dos niños de cada lado mía, les sudaban las manos. Tal vez era tan sólo a mi.
El niño de enfrente no podía mirar para ningún lado y perdió la vista hacia el suelo. Alguien se quiso tapar los oídos y los mayores dijeron que sin círculo de manos no se podía invocar al espíritu.
Todo estaba preparado y nadie dijo de salir corriendo -aunque todos quisiéramos haberlo hecho-.
- ¿Conocéis al espíritu del elefante?
- ¡¡ No!!, dijimos casi todos, con algunos los ojos cerrados
- Ya estamos cerca, ¿Cónocéis al espíritu del elefante?
- ¡¡Nooo!!, esta vez el miedo nos podía sin remediarlo...
- ¡¡ Pues nosotros tampoco!!
Los dos niños grandes se levantaron del círculo y salieron del portal. Las risas de éstos se escuchaban desde fuera.
Alguien encendió la luz, y recuerdo que la broma no sentó mal. Se oían suspiros, y por supuesto la intención de no volver jamás a jugar con aquello, a sabiendas que todo era fruto de una mentira.
Salimos tranquilos, y pronto quedó todo olvidado.
Haz la prueba...
Lo reconozco, me gusta andar desnudo por la casa.
Son de estos pequeños placeres, relativamente ocultos que me gusta disfrutar. A veces, antes de llegar, ya estoy pensando en quitarme toda la ropa. La sensación de libertad es indescriptible.
Seguramente, tú que me lees, quizá en algún momento lo has probado, pero se que mucha gente no es capaz de darse un gusto al cuerpo tan fácil de hacer como éste.
Lo entiendo, el pudo nos atenaza. Pudor a ser vistos.
El año pasado, en pleno mes de agosto y despertándome a eso así de las siete y media de la mañana -me gusta despertarme con la persiana arriba y por la luz del día-, estiré mi cuerpo desnudo con la brisa fresca y con el silencio que estas horas aportan al día. Combinación perfecta.
Describiros los despertares en un hombre, no tiene demasiado sentido. Tenéis en la cabeza como más o menos sucede. Mejor (o no) paso al siguiente punto.
Pensé que sería bueno darse una ducha fresquita -otro de los placeres en verano- además que me activa para todo el día, no me gusta la sensación de poder haber sudado e ir con esto el resto del día, aunque me haya duchado en la noche anterior.
Como estaba en casa de mis padres, la cual estaba vacia por aquel entonces, no controlo demasiado bien a dónde van a parar las ventanas de cada habitación. No es que me preocupe en exceso, pero si es verdad que siempre es bueno saber qué cosas dan afuera.
El caso fue que vi como oportunidad ideal abrir una pequeña ventana que da justamente a la ducha, ya que no todos los pisos disponden de ella -el mio de ahora por ejemplo no tiene ventana-, y es algo que valoro mucho para que la humedad no se acumule en exceso en el baño.
Así hice, mientras esperaba a que el agua tuviera una temperatura apropiada.
El primer contacto con el agua en mi piel siempre causa una sensación agradable-desagradable ya que apenas está caliente y me meto en seguida. Este primer momento en alguna ocasión quisiera evitarlo, pero después mi cuerpo agradece mucho la temperatura. En este preciso momento -una vez adaptado- es cuando uno querría quedarse toda la vida bajo el agua, y por un momento pensé en relajarme como quien dispone de todos los minutos del universo. Suelo quedarme un rato con los ojos cerrados dejando que el agua corra por todo el cuerpo.
No fue más que un par de ellos, después de todo.
Abrí los ojos y me dispuse a comenzar mi ducha cuando de refilón pude observar que una vecina de arriba me estaba mirando.
Ella era algo mayor que yo, rubia. Tenía unos rasgos faciales amables. Delgada y atractiva. Estaba en una habitación haciendo bicicleta estática.
Lo reconozco, mientras rápidamente me retiré de su línea de visión sentí algo de pudor. Quizá me pudo lo inesperado.
Pensé: “me pilló”.
Este pensamiento es algo que nos han inducido desde pequeñitos; el pudor a la desnudez. Estúpido pensamiento por otro lado. El cuerpo humano es de las cosas mejor hechas de todo lo que nos rodea -a pesar que la edad y la dejadez pueda jugarnos malas pasadas-, pero sin embargo, vivimos para ocultarlo.
Por otro lado ¿no se supone que era ella la que debería de dejar de mirar?. Tal vez no, a lo mejor tampoco.
El caso es que en el instante que nos cruzamos las miradas, ella no dejó de mirar.
¿Entonces?…, bueno entonces os podéis imaginar qué hice.
Volví a meterme en su campo de visión porque en realidad era el espacio ideal y continué mi cotidiana ducha.
Quise mirar -a veces- de reojo por si ella mostrara descontento -que en estas cosas ya se sabe que la doblez de entre la censura y el gusto está a la orden del día- pero vi que ella miraba sin más, con que pensé que si ambos estábamos a gusto por qué no continuar.
Si es verdad, hubo miradas perdidas de vergüenza por ambos, y es que esta falta de costumbre nos mata, pero hubo más de mirada mantenida, también es verdad.
Y si, no paso nada malo. Nadie salió herido de aquel “desastre”. No hubo tratamientos psicológicos, ni daños morales, ni éticos.
Tan sólo fue una ducha, unas miradas, y quizá algo de atracción y de deseo ¿acaso no sientes lo mismo en otras situaciones de tu vida?.
Haz la prueba, dúchate mientras te observan.
De nombre, Olas de mar.
De apellidos, … Melancolía.
Evitó durante mucho, mucho tiempo las explicaciones complicadas. A fin de cuentas pensaba en que ser feliz no podía resultar tan difícil.
Había decidido no hablar con nadie más. Tampoco tomar en cuenta a nadie. Quizá no pretendía incluso ser considerado, ni tan siquiera amable.
Entre horas, buscaba la forma de encontrar el rincón donde ella no dejara de algún modo su presencia, y bucear un poco más entre sus sábanas.
Al final, en el único sitio donde parecía encontrarse, era sentado frente a las olas del mar.
Con una pequeña piedra escribió, antes que se lo llevase el agua:
“Te amo porque ya no sé qué otra cosa hacer contigo. Te he extrañado, te he buscado, te he odiado; pero al final, siempre acabo amándote“.
Y allí, otro día más sentado, sin nada más que nada.
Un día, pasado muchos, una chica se le acercó, presa de su curiosidad más imperiosa.
Al verlo allí, en la mas absoluta quietud, le invadió una excesiva tristeza.
– “Dime, ¿Crees en el amor?”, le dijo sentándose a su lado.
– “Si, pero él no cree en mi”. Respondio. “El amor tendrá que esperar un buen rato para descansar“, continuó diciéndole.
Entonces, su acompañante sacó un papel y un pequeño lapiz y escribió algo. Se lo dió cerrado. Se levantó y se marchó con el peso de aquella tristeza heredada.
Pasó un buen rato, pero abrió el papel, pausado, como quien dispone de una vida infinita. Nada le importaba, excepto esa pequeña curiosidad escrita en un pequeño trazo de papel.
“Si vieras como pasa el tiempo. Y cómo pasamos nosotros. Y cómo pasa el amor“.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Miro a su alrededor. Tan sólo mar.
Se levantó. Era hora de regresar.
Córdoba

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Ciertamente hoy, te han mirado.
Todos tenemos un “pequeño” punto voyeur extrapicante, reconozcámoslo.
Nada más y por el simple hecho de estar en un lugar como este, y sobre todo por la posibilidad de poder dar uso a la famosa etiqueta #me y ser buscados, nos interacciona directamente con los otros, haciéndonos y dejándonos ver.
A la vez, escrudiñamos de vez en vez -y dependiendo de los “sinquereres” de lo que se deja ver la otra persona- los perfiles, entradas, fotografías, pensamientos y nuestra imaginación a veces, insomne, otras veces, galopante, nos lleva hacia una vida ficticia que inventamos alrededor de aquello que estamos consumiendo, analizando; y nos satisface, nos conmueve, remueve, nos pone o nos ilustra.
Y llegados a este punto, somos víctimas de la interacción anónima, es como mirar detrá de una cortina con la certeza que nadie te ve, o como cuando lo hacen contigo, e imaginas que alguien te mira, detrás de una fina pero poco transparente tela.
O como cuando pasas por un grupo de distinto sexo y se hace un pequeño silencio, y tu imaginación va más rápido que tus pies para huir de allí, pero… un momento ¿huir?, no era dejarse ver lo que nos gusta. Quizá no, quizá la cortina es la que nos permite estar ahí; visiblemente invisibles, imaginablemente imaginables.
Pero a veces, el contacto llega más allá, cuando las cosas parecen no superar el reloj parado, y rompemos una barrera que de primeras era total y absolutamente infranqueable, dando un pequeño paso más, un descorrer de cortina, enseñando lo más oculto y bello de nosotros, nuestra desnudez, en una pequeña toma entre tela y tela, casi diminuta, y ahí estás, ofreciéndote casi virgen entre sábanas de seda. Quien nos observa, contempla desde su balcón imaginativo y nos ve enteros, y es cuando, y siempre desde el más absoluto desconocimiento, nos ponen cara, cuerpo y sexo.
Sobre todo sexo, porque somos seres sexuados y sexuales, y siempre, aunque no queramos reconocerlos, nos gusta mirar, y ser mirados.
La atracción, el físico, el perfume, la voz, el gesto, el ánimo, la sonrisa o el pelo, acompañan al cosquilleo que nos proporciona la mirada anónima.
Si, ciertamente hoy, también te han mirado. ¿No lo has notado?.