Es jodido estar tan enfermo de tu cabeza hasta el punto en que sientas que ni los medicamentos van a hacer una diferencia en tu vida, porque al final todo recae en ti. Y tu ya no puedes más.

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@lucerodelmar
Es jodido estar tan enfermo de tu cabeza hasta el punto en que sientas que ni los medicamentos van a hacer una diferencia en tu vida, porque al final todo recae en ti. Y tu ya no puedes más.

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Solo querÃa morirme, esa noche.
11/12/25
Y cómo último acto de amor hago que me odien.
"Si yo fuera valiente me suicidarÃa, pero he esperado tanto tiempo que es cuestión de jugar un rato más y que el tiempo me suicide".
-Jorge Luis Borges.

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"Me sentÃa en una soledad tan espantosa que he pensado en el suicidio. Lo que me detuvo fue la idea de que nadie, absolutamente nadie, sentirÃa mi muerte, que iba a estar aún más solo en la muerte que en la vida."
- Jean-Paul Sartre
Loba
Siempre le escribo cartas de amor a todos los que creo estar amando. Por primera vez en mi vida me voy a tragar mis sentimientos, hasta que se pudran dentro de mà y me provoquen indigestión.
Esta lloviendo mucho. Cuando terminamos, recuerdo que llovió sin parar durante una semana. Mi mamá se habÃa ido, vos te habÃas ido y quedé sola. Algunos dirÃan que soy estúpida por dejarte volver, incluso yo misma me lo dirÃa. Pero yo, soy de dejarme llevar por mi corazón y esa noche, mi corazón gritaba tu nombre.
Quiero desaparecer y no morir
Quiero no ser y perdurar
Y saber que perduro
Llamo a las puertas de la muerte
Y me retiro
Llamo a la vida y huyo avergonzado
Quiero ser toda mi alma y no lo puedo
Quiero todo mi cuerpo y no lo logro.

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Estas seguro de que tu vida vale más que la de cualquier otro ser vivo. Piensas que sos superior a todo, pero sos un esclavo monótono y cómodo. Sos el único que convierte el asesinato en deporte y alimentación. Conviertes una vida en un producto.
Ojalá algún dÃa tengas pulgas y camines en cuatro patas. Sabrás que no existen inferiores, sabrás lo que es el dolor y el hambre. Sabrás lo que es dormir en una frÃvola cuneta o entre un montón de hojas secas. Sabrás lo que es que te arranquen la piel, que te separen de tu familia y te mentan en una jaula toda tu vida. Ya no serás egoÃsta, ya no querrás satisfacer tus necesidades con la muerte.
¡A la mierda eso de la cadena alimenticia! No sos un animal, tenes cerebro (aunque no lo usas). Cabe destacar que no estoy en contra de que comas, todos necesitamos comer para vivir. Pero una cosa es saciar tu hambre y otra muy distinta es que lucres a raÃz de la sangre, el sufrimiento y la matanza. ¿Quién te dio permiso de elegir que vida reclamar? ¿Quién te dijo que ese sà y el otro no? ¿Quién te aseguro que todo lo que habita en el planeta te pertenece? ¿Quien dijo que podÃas poner un estigma sobre aquella que solo busca sobrevivir? ¿Un fantasioso libro de antaño? Solo estamos de paso acá. No somos nada, somos el moho hastÃo que pudre la madera. La sombra que se va con la luz, el polvo que se disipa en el aire, el cadáver que la tierra se va a tragar. Mañana, o en un millón de años.
Te digo que eres que mi ángel, pero las personas no pueden ser ángeles. Eres perfecto ante mis ojos, pero la perfección no existe. Eres mi musa, ¿y la de cuantas más?
Te digo que te amo, pero no sé que es el amor. Y pienso que el amor romántico está sobrevalorado e idealizado. ¡Que manera de contradecirme!
Veo como bailas y al instante sonrió. Dices que me amas pero al instante lo olvido. Porque no puedes amarme, no, no lo haces. Al menos no como quiero.
Eres un extraño, soy una extraña. Tienes defectos que no conozco. Me cuidas, me cantas y eres invisible.
Tienes un perro, a mi me encantan los gatos. Adoras los asados, yo estoy a un paso del veganismo. Te duermen los libros, para mà son un motivo de insomnio. Tú y yo, somos el dÃa y la noche, él otoño y el invierno. Tú dices que eres azul y gris, yo digo que soy transparente. ¡Ey, somos iguales!
Tomaste una clase de arte, leÃste aunque sea la portada de un libro y yo, y yo me enamoré del jazz.
Solo mira el cielo, no mires la podredumbre que hay abajo. Sigue con la vista fija hacia delante. Te lo pido por favor.
Esta tarde, el cielo estaba de un gris tan pálido que era casi blanquecino, las farolas se encendieron y pensé en ti. Escuche tu voz en mi cabeza y deseé que estuvieras viendo lo mismo que yo. Aunque no querÃa que estuvieras aquÃ, jamás podrÃa desear que vinieras a este lugar de miserias. Un lugar que se consume en cenizas y las personas se pudren convirtiéndose en moho hastÃo.
Mi osito de invierno, algún dÃa me dejaras, y yo terminaré olvidando que sà existes.
Ya casi no me acuerdo de vos.
Ya no recuerdo tu sonrisa, ni los motivos de tu risa. Se me olvidó lo que más anhelabas y la música que escuchabas. Pero sà recuerdo que siempre te parabas al borde de ese techo y no te animabas a saltar, pero querÃas.
Perdón por dejar que te lastimaran. El miedo te devoraba y yo no hacÃa nada. Dejaba que las palabras te cortaran la piel hasta sangrar. Dejé que pensaras que todos eran tus enemigos, dejé que la oscuridad te dejará el alma carcomida. Eras tan frágil pero no lograbas romperte.
Aunque ya no existÃs, el llanto te trae devuelta. Y no he llorado en mucho tiempo. Dijiste que Ãbamos a colisionar, que nunca podrÃa escapar de vos. Tuve terror, pero entendà que siempre estarás dentro de mÃ.
Tal vez algún dÃa pueda dedicarte esa canción alegre que una vez nos hizo llorar.
Hay veces en las que visito la luna. Nunca sé por cuánto tiempo me voy y jamás recuerdo lo que hago ahÃ. Sólo sé que desaparezco porque aterrizo de golpe y todo a mi alrededor se sacude. Es como desmayarse, pero en este caso es tu mente la que se apaga pero tu cuerpo sigue intacto. No puedes darte cuenta de lo que hay a tu alrededor y tampoco sentir. La luna te absorbe y luego te escupe y caes al piso a una velocidad de meteorito.
Es una sensación rara en tu pecho y te cuestionas porque el tiempo pasa tan rápido.
Mi luna, mi querida luna. Ella está en el cielo y me viene a buscar. Solo que no me lleva por completo. Quiero que se lleve mi cuerpo también. Quiero que se lleve todo, que no deje nada. ¿Será la ilusión la que me hace quererla? No puedo saberlo a menos que me lleve esta noche, para siempre.
Estoy mirando la ventana, abierta, con cortinas puestas de color turquesa. Siempre he pensado en el viento como música, una música silenciosa que a oÃdos correctos, transmitÃa cosas únicas. Y ahora podÃa escuchar la dulce melodÃa del viento, podia ver a las cortinas bailar y al sol iluminar su danza con unos rayos de luz.
En un parpadeó, veo una pequeña mano agarrada al marco. Las cortinas se abren de par en par y un pequeño niño entra a mi habitación.
El niño que me susurra cosas que no entiendo.
Él me sonrÃe y me saluda con una mano. Debe tener cuatro años, tal vez cinco. Cabello negro con rulos, ojos grises vacÃos y el traje que lleva puesto es de preescolar. Su piel es tan pálida y he notado algunas venas negras recorriendo sus pómulos y cuello.
Con pasos tranquilos, llega hasta mi cama y se sienta a mi lado.
No es real, pero su toque cuando acaricia mi cabello se siente como si lo fuera.
—Mi pequeño amiguito —le susurro—, si supieran que te veo otra vez, me meterÃa en problemas.
El niño suelta una pequeña risa y empieza a susurrar una canción sin dejar de acariciar mi cabello.
Cierro mis ojos, su canto me tranquiliza.
Me dejo llevar por él, me arrastra, no soy nada ahora. No puedo, mejor dicho, no quiero resistirme.

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¿No son hermosos los cristales de la lluvia? Los miré desde la galerÃa de mi casa, estiré la mano para sentirlos más cerca. Una gota cayó en el medio de mi palma y la capturé. Su frÃo lo sintió hasta mi alma. SolÃa jugar bajo la lluvia cuando era chiquita e incluso hoy en dÃa ella me llama para que la visite. Yo la extraño, por eso siempre me gusta observarla y escucharla. Sigo queriendo jugar con su compañÃa, a mis veintiún años mi anhelo por ella no ha desaparecido.
Hoy en la tarde no me conforme solo con estirar mi mano. Estire mi brazo entero, luego, todo mi cuerpo se encontraba afuera con millones de cristales cayendo sobre mÃ. Cristales que no dañan, solo me reconfortan. Cerre mis ojos y bailé, y me sentà libre.
Cuando abrà mis ojos, vi que mamá me estaba mirando desde la puerta. Creà que me iba a regañar, pero sonrió y se unió a mÃ. Su llama no se apagó bajo el agua, sino que se encendió más. Brilló y resplandeció más que nunca. Nos tomamos de las manos y giramos sin parar durante un rato, luego caÃmos sobre el césped mojado y reÃmos tan majestuosamente.
Fue el momento más feliz de mi vida hasta ahora, y el que más me lleno de esperanzas.
Y entonces, ella se sentó y contempló el cielo mientras las gotas le mojaban la cara. Se veÃa pequeña y vulnerable, quise tomarle una foto. Pero mi celular estaba adentro y se iba a arruinar si lo sacaba bajo la lluvia. Supongo que las cosas más hermosas son efÃmeras y no se pueden capturar. Asà siempre fue para mÃ, solo están ahà por un momento y cuando intento acercarme desaparecen. Como mamá, que justo cuando di un paso para sentarme a su lado, abrió los ojos y se levantó. Volvió adentro y me quedé sola. Sin más, observé las nubes hasta que el filo de la noche se escurrió por el horizonte y comenzó a ganar poder.
Los dÃas se suicidan
¿Por qué?