Te digo que eres que mi ángel, pero las personas no pueden ser ángeles. Eres perfecto ante mis ojos, pero la perfección no existe. Eres mi musa, ¿y la de cuantas más?
Te digo que te amo, pero no sé que es el amor. Y pienso que el amor romántico está sobrevalorado e idealizado. ¡Que manera de contradecirme!
Veo como bailas y al instante sonrió. Dices que me amas pero al instante lo olvido. Porque no puedes amarme, no, no lo haces. Al menos no como quiero.
Eres un extraño, soy una extraña. Tienes defectos que no conozco. Me cuidas, me cantas y eres invisible.
Tienes un perro, a mi me encantan los gatos. Adoras los asados, yo estoy a un paso del veganismo. Te duermen los libros, para mí son un motivo de insomnio. Tú y yo, somos el día y la noche, él otoño y el invierno. Tú dices que eres azul y gris, yo digo que soy transparente. ¡Ey, somos iguales!
Tomaste una clase de arte, leíste aunque sea la portada de un libro y yo, y yo me enamoré del jazz.
Solo mira el cielo, no mires la podredumbre que hay abajo. Sigue con la vista fija hacia delante. Te lo pido por favor.
Esta tarde, el cielo estaba de un gris tan pálido que era casi blanquecino, las farolas se encendieron y pensé en ti. Escuche tu voz en mi cabeza y deseé que estuvieras viendo lo mismo que yo. Aunque no quería que estuvieras aquí, jamás podría desear que vinieras a este lugar de miserias. Un lugar que se consume en cenizas y las personas se pudren convirtiéndose en moho hastío.
Mi osito de invierno, algún día me dejaras, y yo terminaré olvidando que sí existes.