Flores amarillas. ¿Flores amarillas?
Hace unos días mientras navegaba en las redes, me topé con unas publicaciones marketeras un poco extrañas.
Un nuevo pretexto para gastar dinero… si, las flores amarillas.
Supuestamente el regalar estas flores es una forma de hacerle saber a otra persona que deseas pasar una vida con ella y nada más que eso, suena bonito, pero no lo es, o eso creo yo.
Tras haber estado en una relación no muy saludable por poco más de seis años llegué a la conclusión que las palabras o detalles se los lleva el viento.
Con ello, no quiero decir que sea desagradable recibir un detalle así, pero pienso que las acciones, el compromiso abarcan más que flores cuya vida se reduce a un par de días en un florero.
Y me pregunto ¿sirven de algo las promesas? ¿A cuántos de nosotros nos prometieron amarnos por siempre? ¿a cuántos nos juraron no lastimarnos? ¿qué hay de esas amistades que no acabarían nunca? ¿Entonces esas no eran promesas? ¿algo de eso era real?
Es probable que esto suene algo intenso, pero soy de esas personas que intentan llegar hasta el final y creo, que en lo que a relaciones humanas se refiere, exijo y doy más de lo que el mundo actual tiene para dar.
Y no, no exagero. Pienso que en la actualidad actuamos como si las personas fueran descartables y reemplazables. Y es cierto, nadie es imprescindible, pero eso no quiere que debamos de ser menos considerados con el resto.
Sería mentir si decimos que el rechazo y la poca responsabilidad afectiva no duelen, porque duelen y mucho.
Duele darte cuenta de que quizá el mundo no es tan agradable como lo imaginaste de niño, duele darse cuenta de que los cielos no siempre serán azules, duelen las despedidas, duele el fracaso, duelen las mentiras, duele el desamor.
Vivir duele y a pesar de ello causamos más dolor.
¿Por qué? Eso me pregunto yo. ¿Por qué lo causamos? ¿por qué lo permitimos? ¿y hasta cuando normalizaremos las relaciones construidas sobre palabrería insulsa?
Supongo que este escrito estará lleno de preguntas sin respuesta, ya que simplemente es una conversación conmigo mismo.
Así que bienvenidos a la oscuridad de mi mente. Así piensa un depresivo y amargado. De esta manera sangra un corazón roto, así se ve el mundo después de abrir los ojos. ¿demasiado escéptico? Demasiado.
¿demasiado auténtico? Lo suficiente como para no caerte bien.
¿demasiado melancólico? Demasiado.
Hace algunos años regalaba claveles, hoy regalo tiempo. Tiempo y suculentas. Tiempo y vida.
¿Por qué regalaría flores que se marchitarían? ¿A caso no es subastar una vida por una sonrisa? ¿eso no es regalar muerte? ¿por qué no una maceta con alguna suculenta? El que la planta viva es equivalente a la importancia y agradecimiento que la persona le tenga a esos actos de amor desenfrenado.
Si la planta muere, bueno, ahí tienes tu respuesta. ¿tiene algún sentido dejarse arrastrar por la presión social de tener que comprar algo por el inicio de la primavera? ¿tiene algún sentido vivir?
Sí, lo sé… esto ya se está poniendo algo oscuro. Supongo que es la falta de serotonina en mí. Quizá es el exceso de amargura y decepciones. Quizá es la falta de fe en la humanidad o simplemente un corazón que sigue herido y latiendo solo porque sí.
Amar sin miedo es la respuesta, la pregunta es ¿después de todo podré amar sin miedo?
¿podré regalar flores amarillas sin preguntarme si valdrá la pena?
¿flores amarillas o suculentas? He ahí la cuestión.