“Viose en sueños acostado en la habitación donde estaba. Había recobrado totalmente la salud. Una multitud de personas desconocidas desfilaba ante él. Conversaba y discutía con ellas de mil cosas. Sin embargo, considerando que perdía el tiempo con aquellas bagatelas, se disponía a seguirles no sabía a dónde, cuando tuvo que ocuparse de cuestiones mucho más importantes. No obstante, continuaba hablándoles y pasmándolos con frases brillantes que carecían totalmente de sentido…
Poco a poco aquellas personas se desvanecieron y toda su atención se concentró en la puerta entornada de la isba... ¿Lograría cerrarla con la rapidez requerida? todo dependía de aquello. Se acercó a la puerta para echar el cerrojo, pero sus piernas se doblaron y se dio cuenta de que no llegaría a tiempo… En un esfuerzo supremo, hizo acopio de todas sus fuerzas, trato de avanzar, pero una angustia terrible le oprimía el pecho… Aquella angustia era el terror de la muerte… Eso que estaba allí detrás de la puerta era la muerte. En el momento en que, arrastrándose y jadeante, se acercaba a ella, el horrible espectro la empujó e irrumpió en la habitación… Aquel ser innominado era la muerte, la muerte que venía por él. Era preciso que a toda costa escapara de sus garras… Se aferró a la puerta… Era de todo punto imposible volverla a cerrar, pero pensó que, reuniendo las fuerzas que le quedaban, podría tal vez impedir el paso al espectro... ¡Ay! Sus fuerzas se agotaban, se agitó en el vacío, la puerta se movió otra vez… Intentó nuevamente resistir a la presión del exterior… ¡Fue inútil!... Eso entró, y era la muerte… Y el príncipe murió.”