Me he vuelto a enamorar. Y vuelve a ser una explosión de colores, de sabores, de texturas, de olores. Mis sentidos se agudizan y profundizan con intensidad. Noto como todo transmuta y se transforma en risas, en lágrimas de emoción, en abrazos fuertes pero cálidos. Se me llena la boca de chispas de felicidad, se endulza y ensala al mismo tiempo, una sensación de cosquilleo mezclado con la piel erizada me suman.
Me he vuelto a enamorar, diferente y precioso a la vez. Me encuentro contenta, me encuentro vibrante.
La vida se pinta de colores y arcoíris, se pinta de películas por las tardes, de desayunos con charlas, de cocinar cantando y lavar trastes bailando.
Algunas noches de bar y un poco de alcohol, otras de miradas intensas a ojos profundos y bondadosos. Algunos días son de cotidianidades, otros de crear experiencias, y otros tantos de reconexion natural, un poco de hiking por sitios espléndidos, rutas novedosas en carreteras claramente bien recorridas con una playlist sugerida, un poco de helado o affogato, besos en el coche y risas en la cama, cafeína por la mañana, y té con leche 3 veces al día.
Platos de frutas coloridas, almuerzo mezclado entre colores y sazones, cenas improvisadas.
Me encantaría plasmar todo lo bonito que vuelve a ser percatarse de los detalles, disfrutar de momentos, estar presente. Me encantaría gritar la felicidad que produce ver la sonrisa de otro ser, el estrujo al corazón que me produce cuando sus ojos se curvan y rasgan sincronizados con sus labios, aquella suavidad de su pelo castaño brillante y el roce de su tacto.
Y podría seguir palabreando y garabateando en mi libreta todo aquello que se está creando y danzando dentro de mi pecho, dentro de mi mente. Pero me tomaría hojas enteras y horas perpetuas.
Porque me he vuelto a enamorar, y agradezco las conversaciones serias, las internas, las secretas. Escuchar la respiración sigilosa mientras duerme, tan relajante como la música y el incienso.... Y es que me he vuelto a enamorar, más consciente, y tan intenso. Y aquí estoy maravillada con los días, sin temor a salir herida, dejándome arrastrar, nadando sobre ríos, fluyendo como viento. Solo anhelo que mi vida se siga entrelazando y enmarañando con la suya. Porque si, me he vuelto a enamorar, contempló con entusiasmo los atardeceres, las estrellas vuelven a ser conversación constante y los amaneceres se reflejan en el brillo de aquella ventana testigo de la paz que me da. Me empapo de esta sensación deliciosa y acobijante, me envuelvo entre sábanas suaves y mi piel se relaja al contacto con la suya... Tengo emociones desbordadas, a punto de ebullición. ¡Y, Dios que sensación tan armoniosa, que vivencia tan gloriosa!
No me resta más que declararlo en voz alta: ¡Me he vuelto a enamorar! ¡Coño, me he vuelto a enamorar! La vida resuena vibrante, calmante y excitante, y vaya, que puto hermoso despertar un día más.
Madrugada del 4 de marzo de 2025












