''DeberÃa dejar de actuar como una rata de biblioteca''. Regresó la mirada por sobre su hombro, habÃa jurado escuchar a su propio hermano pronunciar aquellas palabras, pero resultaba que se trataban únicamente de un juego causado por su imaginación. Entrecerró los ojos y regresó a las letras del libro que aún sostenÃa con dificultad entre los brazos. Ni siquiera actuaba como una chivata amante de los libros, asà que su inconsciente debÃa parar con las bromas de inmediato. Por más que se obligara a enfocarse en el estudio no podÃa evitar mirar el reloj de su móvil cada cinco minutos, o lo que le parecÃa cinco minutos, que los malditos números se movÃan cada década que cumplÃa sentada en la banca del campus. Suspiró dándose por vencida. Cerró la tapa de golpe dejando descansar el tomo sobre sus piernas, antes de percatarse de que alguien más habÃa tomado lugar a su lado. Le observó por cuestión de segundos —¿Sabes a que horas cierran la cafeterÃa que está a dos cuadras de acá? —odiaba la charla superficial, y no pretendÃa sacarle nada más que los horarios de aquel sitio. MorÃa de hambre.Â


















