Guardó silencio, y le dejó hablar, dedicándole toda su atención. Los ocho años la enviaban a una etapa vulnerable, el inicio de una nueva vida que nunca pidió y que, al acabarse, se dio cuenta de que no le gustó. Y a pesar de todo eso, agradecía cada segundo. Pero se ponía en lugar de él, y creía entender por qué su viaje no era similar al propio.
Se dejó llevar hasta la banca y, cómodamente, se sentó sobre su pierna, sin quitarle la mirada de encima. Su mano libre ⏤la otra aferrada a la ajena⏤, viajó hasta el rostro ajeno y lo acarició con ternura. No podía dejarse las manos para sí misma, notó, quería enviarle sus pensamientos a través de sus yemas, que la sintiera cerca emocional y físicamente. ¿Las palabras? No sobraban, sino lo contrario. Faltaban.
"No sé si comprendo del todo," admitió. Pero antes de profundizar, se lo pensó un poco. "Es decir, como madre... intento ponerme en los zapatos de tus padres (¿Tu padre?), pero no comprendo... ¿Qué pretendía? ¿Qué quería de ti? En mi experiencia, es poco lo que le puedes pedir a un niño en la edad de Jonah. Recién se arma la consciencia, los modales, la moral." De la forma que lo pensara ⏤como niña, madre, o profesora⏤ no cabía en sus definiciones o experiencias la imagen de un niño tan malo que la figura de dios se avergonzara de él o ella. En sus propias valoraciones, con muy pocas excepciones, los comportamientos de las infancias no eran más que una amalgama de los comportamientos de los adultos que les rodeaban. "¿Eras muy difícil de niño? Si me hicieras adivinar, creería que fuiste un niño desordenado pero... apuesto lo que sea de que no tenías malas intenciones."
Intentó sonreír, pero le daba pena que su concepto de familia hubiera quedado arruinado por eso. No se lo iba a decir, sin embargo. Cada quien tenía el derecho de cambiar los rumbos de la infancia en su adultez. Si esa era su conclusión, la respetaba. Así que solo asintió con lentitud.
"Si de verdad no quieres que me calle, me gustaría decirte que..." se dio una pausa para ordenar sus pensamientos, pasándole el brazo por sobre los hombros. Y sobre su hombro, justamente, dejó despreocupadas caricias. "Yo creo que... tú hiciste el ejercicio que debías hacer, y perdonaste y lo intentaste. Hasta volviste cerca de ellos como fruto de ese impulso. Ese fue todo tu esfuerzo, tu proactividad," enfatizó con un pulgar sobre su pecho. "Si luego de eso, ellos son los que no cooperan... es lo que ellos eligieron. Su plantación. Y... si ahora no sientes nada por perderlos, eso es su cosecha," concluyó, desviando por un momento su mirada. Ese último punto, justamente, se volvió más un murmullo. Era probablemente lo que más fuera de lugar sentía, desde su posición, decir. "Se repite mucho que los padres no son perfectos, pero rara vez se le perdona al hijo ser un fruto de esa imperfección."
Volvió a mirarlo, acariciando ahora la mano sobre su pierna. Estaría en aprietos si Keaton llegara en ese instante y los viera así, pero... ¿y si no le importara demasiado? No quería saber los aprietos en que se metería con Jonah por el desliz, y era esa preocupación que le aseguraba de que, en realidad, sí le importaba. Pero aún así, en lugar de apartarse, cumplió los caprichos de Leo y lo besó, lento y tranquilo, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Cuando se apartó, varios segundos más tarde, fue con todo, y hasta se puso de pie. Nada súbito, todo con calma. En la paz de la seguridad aparente, prefería moverse así, puesto que afuera se vivía demasiado rápido.
"¿Tú crees que yo pueda ser peligrosa?" preguntó, juguetona, sin soltarle la mano. Y como parte del juego, por toda respuesta solo dejó ir una risita.