El pensamiento político serbio en relación con Europa
Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera
En el extremo oriental de la civilización europea Serbia ocupa una posición estratégica, tanto geográfica como culturalmente. Escenario de enfrentamientos históricos entre el cristianismo y el islam, siempre ha despertado curiosidad y fascinación, pero también incomprensión entre los observadores occidentales. A pesar de las numerosas guerras y penurias que ha sufrido a lo largo de los siglos, este pequeño país balcánico ha sabido preservar un medio intelectual dinámico, alimentado por un diálogo constante con las corrientes de ideas procedentes de Europa. Para comprender mejor cómo ha sido recibida la derecha occidental en Serbia, hablamos con Dušan Dostanić, doctor en Filosofía, investigador asociado del Instituto de Estudios Políticos de Belgrado y colaborador del último número de la sección de Estudios del Instituto Iliada.
ÉLÉMENTS: A menudo existe la idea preconcebida de que el nacionalismo serbio es tradicionalmente clerical y chovinista. ¿Existe una derecha serbia que se vea a sí misma como parte de un mismo todo europeo?
DUŠAN DOSTANIĆ: Tal visión del nacionalismo serbio me parece simplista. De hecho, me parece que, si observamos el nacionalismo serbio desde una perspectiva más amplia, debemos concluir que no puede reducirse únicamente al clericalismo y menos aún al chovinismo. A lo largo del siglo XX, el nacionalismo serbio se ha caracterizado por diversas tendencias que no siempre se corresponden con las representaciones preestablecidas. Si, durante 1990 ciertos elementos parecían chovinistas, pero su aparición no puede entenderse fuera del contexto de la época, a saber, la caída del comunismo y el colapso del Estado yugoslavo, así como la reaparición de la cuestión nacional serbia en un momento en que este pueblo estaba siendo fragmentado por fronteras que dividían arbitrariamente su espacio etnocultural.
Sin embargo, mucho antes de la década de 1990, parte de la derecha serbia empezó a verse a sí misma como parte de una comunidad de identidad europea mucho más amplia. Me refiero sobre todo a la obra del pintor y publicista Dragoš Kalajić, que exploró una perspectiva europea más amplia en sus libros y artículos. Por ejemplo, Kalajić advirtió del peligro de la inmigración en una época en la que no era un problema en Serbia. Su último libro, Ideología europea (Evropska ideologija), es un resumen de sus posiciones políticas relacionadas con la identidad. Por supuesto, no trabajó solo, sino como parte de un círculo más amplio que, a mediados de la década de 2000, publicó una revista con un nombre evocador: Europa de las Naciones (Evropa nacija). Este círculo tuvo una gran influencia en el desarrollo de la derecha serbia contemporánea.
ÉLÉMENTS: ¿Qué opina de los paralelismos históricos que a veces se establecen entre las tradiciones políticas medievales serbia y francesa?
DUŠAN DOSTANIĆ: No puedo decir mucho al respecto, ya que no soy historiador ni especialista en la Edad Media. Sin embargo, me parece que estos paralelismos no están trazados al azar y que existen ciertas similitudes. Por ejemplo, Charles Maurras observó en su texto Pour un réveil français que los franceses, junto con los serbios, son los únicos pueblos europeos contemporáneos que tienen una dinastía autóctona. Me parece un punto importante en el contexto del desarrollo de la conciencia nacional tanto entre los serbios como entre los franceses. Es cierto que la dinastía Capetiana gobernó Francia durante más tiempo que los Nemanjić gobernaron Serbia, pero en ambos casos estos periodos se consideran épocas de grandeza nacional.
ÉLÉMENTS: La vida intelectual en el Reino de Serbia, y más tarde en Yugoslavia, tiene fama de haber estado fuertemente influida por el pensamiento liberal y revolucionario francés. ¿Pero qué hay de la recepción de ideas contrarrevolucionarias y conservadoras?
DUŠAN DOSTANIĆ: Después de que los comunistas llegaran al poder al final de la Segunda Guerra Mundial y establecieran su sistema totalitario, insistieron, para legitimar su poder, en la continuidad de las tradiciones de izquierdas entre los serbios, exagerando la influencia de las ideas revolucionarias en Serbia. Tales tradiciones se construyeron a veces desde cero, con el fin de interpretar determinados acontecimientos históricos de acuerdo con las necesidades de la ideología izquierdista. Tras la caída del comunismo, el énfasis se desplazó hacia el estudio del liberalismo entre los serbios, pero el pensamiento contrarrevolucionario y conservador sigue estando insuficientemente explorado en la actualidad. Desgraciadamente, no existe una buena historia general de la derecha serbia. Como mucho, tenemos obras sobre figuras individuales.
Sin embargo, me parece que ya en el siglo XIX se pueden encontrar rastros de la influencia del pensamiento derechista francés entre los serbios. Algunos estudiantes serbios en París, por ejemplo, se pusieron de parte de Paul Déroulède y Maurice Barrès en el caso Dreyfus.
Sin embargo, la mayor influencia de la derecha francesa se ejerció entre los serbios durante el periodo de entreguerras. Un grupo de jóvenes intelectuales serbios que estudiaban en París fue influenciado por Charles Maurras y Action Française. La culminación de sus esfuerzos puede verse en el lanzamiento del semanario El Mensajero político (Politički glasnik, 1925-1927), cuya línea ideológica se correspondía perfectamente con el maurrasismo. Sus autores basaban sus análisis de la política cotidiana en las posiciones teóricas del maestro de Martigues. El periódico también publicó traducciones de libros de Maurras y de otros autores franceses como Henri Massis, Léon Daudet y Léon de Montesquiou.
En estas páginas el público serbio también tuvo la oportunidad de descubrir a Burke por primera vez, traducido del francés. Puede decirse que El Mensajero Político fue el principal órgano de crítica del régimen democrático en la Serbia del siglo XX. Para Momir Nikolić, redactor jefe del periódico, la democracia representaba el absolutismo, el estatismo y la abolición de las libertades. Nikolić también publicó una obra titulada El jardín del ciudadano (Građaninov vrt) que, en sus tesis y estructura, recuerda a Mes Idées politiques de Maurras. Es interesante señalar que en este libro mostró un cierto respeto, inusual en los círculos ortodoxos de la época, por la Iglesia católica romana. En resumen, puede decirse que Maurras ejerció una fuerte influencia en los intelectuales serbios de entreguerras. No es difícil explicar las razones de esta popularidad, dado que la dinastía serbia Karađorđević gobernaba el Estado yugoslavo. Vladislav Stakić, uno de los colaboradores de El Mensajero Político, publicó poco antes de la Segunda Guerra el que sigue siendo hoy el mejor estudio serbio sobre Maurras y el monarquismo francés. En su libro, Stakić ofrece una buena panorámica del pensamiento contrarrevolucionario francés desde Joseph de Maistre y Louis Bonald hasta Action Française. Además, se interesó especialmente por la obra de Georges Sorel. Por último, cabe señalar que Stakić era uno de los hombres de confianza del príncipe-regente Paul Karađorđević.
También existía una organización relativamente pequeña llamada Acción Yugoslava (Jugoslovenska Akcija), que más tarde se fusionó con otros grupos de derechas para formar el Movimiento Nacional Yugoslavo Zbor (Združena borbena organizacija rada u Organización Laboral Militante Unida). El presidente de Zbor, Dimitrije Ljotić, también había vivido en París antes de la guerra, donde fue influenciado por Action Française. Junto a Maurras, tuvo como maestros a Blaise Pascal y al relativamente desconocido Georges Valois, cuyo libro L'Homme qui vient. Philosophie de l'autorité apreciaba bastante. Además de la influencia de Maurras, Zbor también estuvo cerca del Parti populaire français de Jacques Doriot, de cuyos congresos informaba la prensa del movimiento.
ÉLÉMENTS: ¿Influyó la revolución conservadora alemana en ciertos intelectuales serbios?
DUŠAN DOSTANIĆ: Al igual que la derecha francesa influyó en los intelectuales serbios a partir del siglo XIX, lo mismo puede decirse de la influencia ejercida por el pensamiento conservador alemán. Una vez más, se trataba principalmente de estudiantes que se educaron en Alemania y se desarrollaron allí dentro de círculos conservadores. Uno de los mejores ejemplos de ello es el historiador militar Jovan B. Jovanović.
Uno de los representantes de la Revolución Conservadora alemana que más influencia ejerció sobre los intelectuales serbios fue Oswald Spengler. Aunque sus ideas ya eran conocidas en Serbia antes de la traducción de Vladimir Vujić de La decadencia de Occidente, no fue hasta después de esta traducción cuando Spengler se convirtió en una referencia clave para la derecha serbia y yugoslava. Para los conservadores serbios y los activistas de derechas, el diagnóstico de Spengler tenía una importancia capital. Basándose en sus análisis, llegaron a la conclusión de que sería un error imitar las instituciones occidentales, y que la misión de los eslavos del sur era más bien crear formas políticas auténticas basadas en sus propias tradiciones y costumbres. También hicieron suya la profecía de Spengler de que el futuro del cristianismo se construiría sobre los cimientos sentados por Dostoievski. En este sentido, la derecha serbia era muy crítica con el Occidente liberal y promovía una «nueva orientación espiritual» (Vladimir Velmar-Janković) arraigada en la tradición. Sin embargo, esto no podía reducirse a la reacción o al anarquismo. Según los testimonios de varios de estos actores, fue bajo la influencia decisiva de la Decadencia cuando se desplazaron hacia la derecha. Del mismo modo, en las publicaciones de Acción Yugoslava había un interés por Spengler y su concepción del «socialismo prusiano», así como un seguimiento de la evolución de la derecha alemana, aunque no necesariamente un respaldo a la misma.
Durante la década de 1930, otros pensadores de la Revolución Conservadora ejercieron una notable influencia, sobre todo a través de la revista Ideas (Ideje), cuyo redactor jefe era el famoso escritor serbio Miloš Crnjanski. Según el profesor Miloš Lompar, Crnjanski era el equivalente serbio del «modernismo reaccionario» (Jeffrey Herf) de la Revolución Conservadora alemana: en otras palabras, le fascinaba la tecnología moderna al tiempo que rechazaba la Ilustración y los valores e instituciones de la democracia liberal. En sus artículos, Crnjanski y otros destacados pensadores se oponían al «viejo liberalismo» y abogaban por un «nuevo nacionalismo». Ideas también publicó artículos sobre Spengler y el estilo prusiano de Arthur Moeller van den Bruck. Para Crnjanski el nacionalismo era una fuerza viva y creativa que contraponía a las actitudes antinacionalistas e internacionalistas de diversas tendencias. Las nociones de autenticidad cultural e independencia política constituían el núcleo de este nacionalismo. Huelga decir que la crítica acérrima al comunismo y al marxismo desempeñó un papel importante, no sólo en Ideas, sino en el conjunto de los círculos conservadores y de derechas serbios. El Comité Antimarxista Yugoslavo funcionaba en Belgrado y publicaba su boletín. En este contexto, cabe destacar la influencia de la emigración blanco-rusa en la capital, un factor importante en la vida cultural. Sus críticas al marxismo fueron muy bien recibidas por la derecha serbia.
Además de Crnjanski, que sirvió durante un tiempo en Berlín como agregado de prensa de la diplomacia yugoslava, el filósofo y teólogo ortodoxo Dimitrije Najdanović, que se doctoró en Berlín, también recibió una gran influencia de los autores de la Revolución Conservadora. Najdanović publicó notablemente en revistas cristianas y de sus escritos se deduce que contaba entre sus referentes a Bergson, Spengler, Scheller, Moeller van den Bruck, Heidegger y Carl Schmitt.
Hay que añadir, sin embargo, que durante el periodo de entreguerras estas influencias se entrecruzaron. En Ideas a Crnjanski se unieron el discípulo de Maurras Momir Nikolić, el teólogo Najdanović y otros intelectuales de renombre que ciertamente no podían clasificarse como de derechas. Por otra parte, en una revista ortodoxa como Pensamiento cristiano (Hrišćanska misao) se podían encontrar traducciones de artículos de Moeller van den Bruck, por ejemplo. Además, Najdanović era miembro del movimiento Zbor, a diferencia de Nikolić y Crnjanski.
Las afinidades ideológicas iban acompañadas de lazos personales. Por ejemplo, durante su estancia en Berlín como embajador del Reino de Yugoslavia, Ivo Andrić se hizo íntimo de Carl Schmitt, Ernst Jünger y Arno Brecker. Sin embargo, solo existen pruebas indirectas de estos contactos, ya que no se ha conservado la correspondencia de Andrić.
ÉLÉMENTS: ¿Cómo se recibieron en Serbia las obras de intelectuales de la Nueva Derecha como Alain de Benoist y Guillaume Faye? ¿Se dirige la derecha serbia hacia posiciones identitarias?
DUŠAN DOSTANIĆ: Como ya hemos establecido, incluso en el periodo de entreguerras, la derecha serbia no se desarrolló en línea recta, sino que coexistieron diversas influencias y tendencias. La caída del comunismo abrió el camino a un mayor desarrollo ideológico. Por un lado, la derecha serbia tuvo que redescubrir sus raíces en los siglos XIX y XX y, por otro, ponerse al día con la evolución de las tendencias contemporáneas de la derecha europea y centrarse en cuestiones políticas concretas. La emigración serbia desempeñó un papel importante en esta labor. A partir de 1990 el público serbio pudo descubrir las obras traducidas de Konrad Lorenz, Ernst Jünger y Thomas Molnar, así como de autores como Julius Evola, René Guénon y Alexander Dugin. No es de extrañar que Dugin se hiciera rápidamente muy popular. Poco después se tradujeron libros de Alain de Benoist y Guillaume Faye. Aunque fue publicado por una editorial pequeña, me parece que Communisme et nazisme. 25 réflexions sur le totalitarisme au xxe siècle, 1917-1989 tuvo muy buena acogida en Serbia, tanto en la derecha como en los círculos académicos. Sin embargo, diría que el excelente estudio de Alain de Benoist La actualidad de Carl Schmitt ha pasado relativamente desapercibido a pesar del interés real que despierta la obra de Carl Schmitt en Serbia. El Archéofuturisme de Guillaume Faye también tuvo muy buena acogida, probablemente por su evocador título. De hecho, aquí existe una organización juvenil intelectual llamada «Arheofutura». Gracias a las traducciones al inglés y al alemán de sus obras, Dominique Venner también ha alcanzado cierta popularidad en los círculos de la derecha serbia.
Armin Mohler es otro autor de la Nueva Derecha traducido al serbio. Hace unos años, junto con mi colega Aleksandar Novaković, edité la colección Orden y Libertad (Poredak i sloboda), que incluye a Alain de Benoist, Götz Kubitschek y Erik Lehnert, así como a representantes más antiguos de la Nueva Derecha, como Armin Mohler y Gerd-Klaud Kaltenbrunner.
En cierto modo, la derecha serbia siempre ha tenido un acusado sentido de la identidad, por lo que se pueden dar por sentados varios postulados ideológicos fundamentales de la Nueva Derecha. Bajo el yugo otomano, cuando ya no existía un Estado, fue la Iglesia ortodoxa serbia la que protegió la identidad y la memoria histórica de nuestro pueblo, lo que explica por qué la cuestión de la identidad colectiva siempre ha desempeñado aquí un papel clave. No hay que olvidar que el pueblo serbio ya ha tenido experiencias históricas negativas con el Islam, el proselitismo católico, el comunismo y los promotores del globalismo, es decir, con la «ideología de lo mismo» (Alain de Benoist). Existe aquí una clara tensión entre un universalismo uniformizador y el deseo de preservar las características específicas de los pueblos. En pocas palabras, los serbios fueron las primeras víctimas del globalismo, pero también el primer pueblo europeo que se opuso a él, a un gran coste. En su momento, esta oposición fue más instintiva que meditada y se puso de manifiesto cuando Serbia se encontró sola y sin aliados. Por eso es totalmente comprensible para los serbios que la cuestión de la identidad se convierta en un tema político decisivo de nuestro siglo.
ÉLÉMENTS: La derecha occidental suele ver en Kosovo una advertencia sobre el futuro de los territorios amenazados por la inmigración masiva y la islamización. ¿Cree que en Serbia es posible vincular el tradicional «mito de Kosovo» a estas cuestiones actuales?
DUŠAN DOSTANIĆ: Creo que sí. En la época en que Enoch Powell se hizo famoso con su «discurso de los ríos de sangre», en el que advertía a sus compatriotas de las consecuencias de la inmigración masiva – «Contemplo el futuro y me invade el pavor. Como los romanos, veo vagamente el Tíber cargado de sangre» – la alusión era más que clara: si no se hacía nada para frenar la inmigración descontrolada, Gran Bretaña se arriesgaba a futuros disturbios, conflictos e incluso guerras civiles, en otras palabras, ríos de sangre. Aunque todavía no se habían visto atentados terroristas islamistas ni decapitaciones, Powell no necesitó mucha imaginación para esbozar lo que la inmigración de millones de indios, pakistaníes y africanos haría a su país. ¿Por qué este recordatorio? Al mismo tiempo que Powell sacrificaba su propia carrera política alertando a la opinión pública sobre la sustitución de la población autóctona, los serbios de Kosovo y Metohija ya estaban abandonando sus hogares ante el agresivo terrorismo de la minoría albanesa. En aquella época, los dirigentes comunistas estaban tan ciegos ante las cuestiones de identidad como lo están hoy los políticos de izquierda liberal-ecologista envueltos en la bandera del arco iris. Abrieron la puerta de par en par a los «refugiados» de Albania y les ayudaron a instalarse para demostrar su propia apertura de miras. Los comunistas de entonces, como los liberales de ahora, no entendían la importancia de las fronteras. Ante los primeros informes de violencia contra los serbios en Kosovo y Metohija, las autoridades metieron la cabeza en la arena, alegando que esos informes eran exagerados o incidentes aislados. Los dirigentes comunistas concedieron a los recién llegados un estatuto más que autónomo, mientras atacaban a las monjas de los monasterios serbios medievales, expulsaban a los serbios de pueblos y ciudades y profanaban sus cementerios. La policía, la judicatura y la economía pasaron gradualmente a estar bajo control albanés. Sin embargo, no había ni un solo funcionario de la Liga Comunista Yugoslava dispuesto a hablar de esto y arriesgar su carrera de la forma en que lo hizo el político británico Powell. Los serbios de Kosovo y Metohija se exiliaron, mientras que otros fueron a Belgrado a exigir justicia para ellos y sus hijos, sólo para ser recibidos con incomprensión. Prisioneros de su ideología economicista, los comunistas afirmaban que en la raíz de todo conflicto étnico había problemas sociales, en este caso residuos de nacionalismo que desaparecerían con el tiempo.
Sin embargo, la realidad siempre se impone al final, incluso cuando los políticos intentan ignorarla. Al final, como predijo la profecía de Powell, ha llegado el conflicto armado. Me parece que ese escenario también es inevitable en Europa Occidental. Es cierto que Serbia se encontró en guerra con la OTAN y que, tras esta agresión, Kosovo y Metohija recibió el estatus de protectorado internacional hasta que los albaneses declararon unilateral e ilegalmente su independencia en 2008. Sin embargo, la cuestión aún no está cerrada para los serbios. Kosovo es tierra sagrada para el pueblo serbio, cuna de su soberanía y escenario de la Batalla de Kosovo. En otras palabras, ocupa un lugar especial en la conciencia serbia. Hasta la Primera Guerra de los Balcanes, los serbios soñaban y esperaban la liberación de Kosovo. Los soldados que se distinguieron en aquella guerra recibieron medallas con la inscripción «Vengadores de Kosovo», que significaba que eran los que habían vengado la derrota del Estado medieval serbio en 1389. Cuando hablamos de Kosovo como tierra sagrada, es para decir que no se negocia con lo sagrado. Por eso, los jóvenes nacionalistas siguen cantando y evocando Kosovo y Metohija, enarbolando banderas con el lema «No hay rendición» (¡Nema predaje!).
En resumen, Kosovo está inextricablemente ligado a los problemas actuales de Europa. Nuestra supervivencia como pueblo en nuestro propio suelo dependerá de nuestra voluntad y nuestra fuerza.
ÉLÉMENTS: Hay quien ve a Serbia como la franja oriental de la Europa blanca, creencia que comparten algunos serbios. ¿Cómo respondería usted a esto?
DUŠAN DOSTANIĆ: Es cierto que la relación entre los serbios y el resto de Europa ha sido complicada. Si entráramos en detalles, tendríamos que hablar largo, pero hay que decir que algunos conservadores europeos han visto a los pueblos ortodoxos, incluidos los serbios, con escepticismo, una opinión que sostenía Otto von Habsburg, por ejemplo. El historiador alemán Heinrich August Winkler, en su libro L'Occident s'effondre-t-il? excluye a serbios y rusos de Occidente. Obviamente, surge entonces la pregunta: ¿qué es Occidente? ¿Es un concepto vacío y cuál es la relación entre Occidente y Europa?
Por su parte, los serbios siempre han sido conscientes de que pertenecen a la gran comunidad de pueblos europeos. Sin embargo, algunos serbios se han sentido traicionados y abandonados por Europa. A lo largo de los siglos, los serbios se han considerado los guardianes de las puertas de Europa contra las incursiones del Islam desde Asia, pero durante las guerras de Yugoslavia, los Estados europeos prefirieron apoyar a los musulmanes de Bosnia y Kosovo contra ellos. Todo ello culminó en la agresión de la OTAN contra Serbia, la ocupación de facto de Kosovo y Metohija, la destrucción del patrimonio cultural serbio en 2004 y, finalmente, la proclamación unilateral de independencia en 2008, que la mayoría de los países europeos reconocen. Es difícil entender cómo Europa puede preocuparse por los «derechos humanos» en todo el mundo mientras ignora el hecho de que los serbios de Kosovo y Metohija, es decir, en territorio europeo, siguen viviendo en enclaves rodeados de alambre de espino. ¿Acaso los amenazados monasterios medievales serbios de Kosovo no forman parte del patrimonio cultural europeo? También podríamos preguntarnos por qué Europa está tan preocupada por la integridad territorial de Ucrania, hasta el punto de prepararse para la posibilidad de una guerra abierta con Rusia, mientras ignora la de Serbia. Si tomamos el caso de la República Serbia (Republika Srpska) dentro de Bosnia-Herzegovina, vemos un deseo de marginar el elemento serbio. Por último, está claro que la burocracia de Bruselas ve en Serbia una reserva potencial de materias primas baratas. En mi opinión, esto plantea la cuestión de la relación de Europa no sólo con Serbia, sino consigo misma. Los serbios formamos parte de Europa geográfica, histórica, cultural y étnicamente. Nuestros orígenes, nuestra historia, nuestra fe, nuestras tradiciones, nuestras costumbres y nuestro modo de vida nos hacen formar parte de la comunidad de pueblos europeos, aunque obviamente conservando nuestras especificidades locales. Como es bien sabido, Serbia fue uno de los países de la llamada «ruta de los Balcanes» en 2015 y fue testigo de la llegada masiva e incontrolada de migrantes de una cultura extranjera a Europa. Repito, ya hemos experimentado el islam histórica y negativamente. Pero la verdadera cuestión es si Europa quiere preservar su identidad, su cultura y su patrimonio o si quiere convertirse en una parte del Occidente globalizado. Cuanto más europea y consciente de sí misma sea Europa, más fácil le resultará a Serbia ocupar el lugar que le corresponde.
Fuente: https://www.revue-elements.com/la-pensee-politique-serbe-face-a-leurope/