el ajetreo es energía constante en aquel recinto. desde la llegada del dúo los grupos de hechiceros no han parado en infinidad de tareas que se delegan a través de los diferentes pisos. primeras impresiones fueron de absoluto miedo, encontrándose rostros conocidos entre los que allí residen, y finalmente, empujada ante la presión de ser reconocida, había hechizado el color de cabello perdiendo su tonalidad cafeína hasta tornarla de un rojo casi escarlata. lorcan no había comentado absolutamente nada, pero una sensación extraña de necesitar su aprobación la orilló a preguntarle si era un cambio demasiado radical, a lo cual todavía no había obtenido respuesta, y eso, irónicamente, la estaba carcomiendo con todo lo demás. “ no lo sé, pero ojalá nunca lo hagan. ” y no es solo incertidumbre sobre lo que le puede suceder a ella, más bien es una culpa incesante de que si algo así llega a suceder, él será un daño colateral que le dolería. sí, le dolería y eso complicaba aun más toda la odisea en la que se habían involucrado. “ verana.. es un gusto. ” una mímica de presentación es lo que termina actuando, su diestra se levanta para tomar ajena y cuidadosa da un apretón ante la calidez de tacto ajeno. “ perdonará que le pregunte, pero ¿no cree que nos conocemos de otra vida? ” sus orbes miel por un instante destellan, pero el ajetreo de otro grupo les hace caer nuevamente en la realidad cual golpe de vida. melis se acerca a lorcan para darles espacio de pasar por su lado, y puede escuchar de sus bocas caer apellidos de los neo-mortífagos que ella tanto conoce.
si no es así, estaría un poco decepcionado. parecen muy listos. —bromea, ligera inclinación es necesaria para susurrar lo último para ambos, con el brillo en su mirada para destensar a la contraria. —o nos subestiman. —asegura, siendo aquella costumbre en adultos, un arma de doble uso para los menores ahora. cuchicheos por aquí & allá mencionando la hermandad estaban en casa desde no mucho, el gemelo se lo tomaba como leyendas hasta que se materializaron. parecería que lo hicieron justo cuando mas lo necesitaban, pero para lorcan, le parecía muy tarde. las miradas distraídas sobre ambos, cree él, son obvias al ser los recién llegados. sin embargo, era consciente de la situación de apellido ajeno en medio de ese lugar, las consecuencias eran inciertas así que hasta entonces, la decisión había sido actuar. sonrisa se amplía, respondiendo el saludo junto a una venia que complementara elegancia ajena. parte de su buena disposición con la bielorusa era por un plan que no tenía claro aún, pero no era quedarse allí. —iba a preguntarle justamente lo mismo, verana. pero juraría que no era pelirroja, —acusa con índice entre ambos, dejando que siguientes acciones bajen sus comisuras fugazmente, tanto por interrupción como por reacción ajena & lo poco que escuchó. —ninguno era tuyo... —tantea, esperando estar correcto. es decir, no tenía que ser adivino para que, incluso si los lovhrem estuvieran o no del bando contrario, uno de ellos harían dudar a cualquier cabeza en ese edificio. exhala, imitando la mirada distraída siguiendo a los tipos ahora, comprobando la poca atención que les daban. es allí, que vuelve sus oscuros a los avellanas contrarios, inquiriendo con gracia. —¿qué tan lejos quieres llegar?