¿Cómo se sentirá tu ausencia cuando los días sean meses y los meses, años?
Puede que un día ya no me acuerde ni del sonido de tu voz, y que los minutos se hagan años.
O tal vez un día, sentada en la arena de alguna playa, recuerde el amanecer que vimos juntos e inevitablemente me acuerde de ti.
De tus ojos galácticos, de tus manos suaves, tu sonrisa, la suavidad de tu barba y tu espalda.
En qué será de ti ahora, si tuviste más hijos, familia, si te habrás casado en una boda estilo mexicana.
Si al fin dejaste de ser tan amable cuando te hablaba ofreciéndote tarjetas de crédito, y si todavía coleccionas figuras de terror. Si al fin, pudiste hablarte bonito, o llorar sin pena, si aceptaste tu sensibilidad.
Pienso en si eres más libre o si la rutina terminó por convertirte en un hombre de corbata y horarios.
Me pregunto también, si tú te acordarás de mí. En si por fin me animé a escribir, si aprendí a decir no, y en si dejé de ser tan dura conmigo misma, si a caso, ya aprendí a caminar más despacio.
Mientras matas el tiempo en la fila del banco, o ves la lluvia caer una tarde cualquiera o si de pronto, escuchas alguna canción boba en el súper mercado y me recuerdes a mi bailando en el pasillo de mascaras de halloween.
Yo te recuerdo a diario. Y vuelvo, al árbol de pensar, a veces me imagino de qué color habrían sido sus ojos, si tendría tu cara o la mía.
Un día ya no me acordaré de ti cada minuto como ahora, pero sé, que pensaré en si alguien logró tocar tanto tu corazón, si alguien pudo agrandarlo, con dulzura, con paciencia y compresión, si alguien tuvo aquello que yo no.
Si cerraron tus grietas y si cocieron con hilos dorados los huequitos de tu alma, si se quedaron ahí, si no huyeron.
Por lo pronto hoy, solo me pregunto, si el tiempo pasará rápido, y si quizá despues se me va a quitar el dolor o en si solo necesito paciencia, fuerza y terminar de convencerme en que fue lo mejor.
En que necesito tiempo, para lamerme las heridas, para borrar los insultos de mi mente, el reproche y la asfixia, para volver a sonreír.
Pero hoy, hoy te sigo viendo en cada uno de mis sueños, en las madrugadas mientras busco tu olor en las almohadas, y miro al rededor buscando rastros de que fuiste real, que un día creí encontré un hogar, que estuve cerca muy cerca de tenerlo.
Que un día un abrazo tuyo, me llenaba de luz, que algún día, las sonrisas sobraban, el café se disdrutaba, las canciones nos conmovian hasta las lágrimas y el cuerpo era uno.
Ahora solo queda la ausencia. Esa palabra que repito sin querer, que se desliza por cada rincón donde alguna vez estuviste. Lugares donde ya no estás tú ni tu sonrisa ni esa casa que nunca me abriste del todo.
Me dejaste en la entrada, en el pasillo. Nunca dentro.
Y yo, aún así, estuve tan cerca de entrar.