séparation
acaso se puede quitar uno el borde;
el borde de lo que se intentó decir
el borde de la lluvia pendiente
el borde seco en un tablón mojado
el borde de las cosas que no se entienden muy bien.
¿se va?¿a dónde?
¿a los cuántos se convierte “uno” en uno?
quiero aprender a desprenderme de ellos,
o al menos saber si puedo convertirlos en una unidad,
atarlos a los ideales que se hace uno para anticiparse
al chico que no quiero
al que quiero
a las áreas que necesitan un extra push para desaparecer.
¡parad!, no es como -desaparecer- de adiós,
es como un: “tengo la valentía, me falta el objetivo”
tipo de desaparición,
un poco al estilo Hitchcock.
Quisiera nombrar mis bordes
para reconocerlos cuando los necesite
ese que está en mis silencios en medio de discusiones
verlo y llamarlo: ¡ah, si eres tu desconfianza!
O el otro que visita sólo cuando hay compañía
¡ya te extrañaba auto-sabotaje!¿Té?
aunque no sirva de mucho,
acaso saber que el borde del domingo es el lunes
ayuda a la digestión
a la sensación de tocar algo que resbala
quizás ¿quererlo?
consistirá esto de interactuar entre nos
un traspaso de
la pelota caliente
que pasa y pasa y pasa
pasa
pasa..
hasta que se prohíbe
o se detiene
al inicio
tal cual el mito de sisífo
que ya no sería más que una frase moderna para distinguirse del resto
que tanto se rehuyen (de sí)
cómo se quitarían los plurales
que los definen
y exluyen de sí mismos.
Como quitarse la luz de encima
sin acumularse entre facturas
mejor irse
y dejad la interpretación al intérprete
por suerte, por un tantito del tiempo no somos
todas las cosas
ni sus bordes
ni sus significados
pero sí todos sus vacíos
uno a la vez
uno a las veces.










