coffee and muffins, that's paradise — kenth & deidra
¿En qué momento pasó por su cabeza que tomar el auto serÃa más rápido, incluso que caminar? Últimamente el tráfico en Detroit iba en aumento y es que las fechas no ayudaban para nada.
Se sentÃa bastante presionado a pesar de que aún estuviera a tiempo para no llegar tarde, sin embargo, a medida que el tiempo avanzaba y su auto no, sus nervios se hicieron presentes. La luz verde parecÃa durar tan sólo un segundo y la luz roja una eternidad, sin contar que los autos a penas y se movÃan y aún le quedaban unas cuantas cuadras para llegar. Se permitió tomar una amplia respiración y exhalar energéticamente tratando de calmarse a sà mismo, probablemente Dee estaba atascada en el tráfico y ya no serÃa él el único en llegar tarde pero justo en ese momento su teléfono comenzó a vibrar, al leer el mensaje sintió ganas de gritar y aventar su celular tan lejos como su brazo le permitiera. Optó por bloquear la pantalla y no responder, tal vez el tráfico comenzara a avanzar y estarÃa en el café en menos de lo que el semáforo volviera a cambiar, pero las cosas no fueron asÃ. Cinco minutos más tarde solo habÃa avanzado unos metros y ya comenzaba a sentirse enloquecer.Â
TenÃa tres opciones, llamar a Dee, quedar como un patán y no ir. Dejar el auto ahÃ, permitir que una grúa se lo lleve y utilizar todos sus ahorros para sacarlo o esperar y arriesgarse a que cuando llegue al café la chica ya no estuviera ahÃ. Consideró profundamente las opciones hasta que llegó su turno de cruzar el semáforo que tanta molestia le habÃa causado, pero como la mala suerte querÃa acompañarlo el motor de su querido y viejo auto hizo un estruendoso sonido y de pronto dejó de andar. — ¡MALDICIÓN! — Gritó dando un fuerte golpe al volante y sintió como en su interior se encendÃa la llama del odio hacia su auto. Se bajó de este e hizo una señal a los conductores, que comenzaban a sonar el claxon, para que hicieran una maniobra y salieran del carril que el ahora estaba obstruyendo. Estaba claro que se quedarÃa con las ganas de tomar café y conversar con Dee, comenzó a teclear en su móvil que no irÃa pero entonces recordó las opciones que habÃa ideado, no era aún demasiado tarde y podÃa correr, aunque era pésimo para todo lo que requiriera un trabajo fÃsico, pero harÃa un esfuerzo. Guardó su teléfono, se despidió de su carro y comenzó a correr en dirección al café, un segundo después ya sentÃa que estaba muriendo, sin embargo continuó corriendo hasta que por fin a lo lejos vio el cartel del café. Detuvo su paso y se permitió tomar muchas bocanadas de aire, limpió su frente, que a pesar del frÃo que hacÃa, tenÃa gotas de sudor y entró al café sin pensarlo mucho. Dirigió su mirada a la ventana y la vio ahà sentada, inmediatamente se dejó caer en la silla frente a ella y sonrió con un gran sentimiento de culpabilidad. — Perdona que llegue… tan tarde — Tomó aire pues aún estaba agitado. — tuve unos cuantos problemillas, pero ya estoy aquÃ. ¡Hola Dee!— Soltó el aire que habÃa acumulado en sus pulmones y verificó la hora. Odiaba a su auto.
"Quizás algo le sucedió cuando salÃa de su casa y ahora está en el hospital... no, eso suena ridÃculo. Tampoco es como si tuviera tanta mala suerte. Tal vez... tal vez simplemente su coche no funcionó esta mañana y venÃa a pie... bah, suena igual que la excusa anterior. No querÃa venir, probablemente lo asusté tanto en el estacionamiento que prefirió quedarse calentito en su casa bebiendo chocolate caliente en lugar de salir a las frÃas calles de Detroit para beber un café con una loca manÃatica que gritaba por ahÃ. SÃ, de seguro que habÃa sido eso". Hablaba consigo misma sin poder evitarlo intentando repasar todas las posibles razones por las cuales Kenth llegaba tarde. No podÃa dejar de pensar en la probabilidad de que él simplemente no querÃa verla y que luego serÃa medianamente decente y la llamarÃa poniéndole alguna tonta excusa como el tráfico o que se le averió el coche. Poco sabÃa que aquello realmente le estaba sucediendo al castaño. Sin embargo, a pesar de querer simplemente levantarse e irse decidió aprovechar la oportunidad y pidió un capuchino con galletas. SÃ, eso debÃa animarla. — ¿No esperabas a alguien? —fulminó con la mirada a la camarera y evitó siquiera contestarle. No era algo de su incumbencia y de todos modos era una pregunta demasiado fuera de lugar, hasta ella lo sabÃa. "Idiota. Como si tuviera que recordarme que me dejaron plantada". Comprobó su móvil una vez más esperanzada de recibir un simple mensaje de "Llego tarde, pero estaré ahÃ" que nunca llegarÃa. Justo entonces cuando sus esperanzas se habÃan apagado lo vio entrar al bar pareciendo... agitado. ¿Qué demonios? No pudo evitar emocionarse al darse cuenta de que todas sus suposiciones habÃan sido erróneas acerca de él y sonrió una vez que lo tuvo enfrente. — Hola... quiero decir, ¡hola! —repitió con algo más de emoción antes de volver a fruncir el ceño y soltar una risa—. ¿Has venido corriendo? Luces agotado —y era lo cierto. Se aclaró la garganta y entrelazó sus manos sobre su regazo. Estaba algo nerviosa, a decir verdad, pero se esforzaba por no dejarlo a la vista—. He ordenado porque, bueno... pensé que no ibas a venir —confesó encogiéndose de hombros—. Esperaba que me llamaras diciendo algo asà como que te falló el coche o que habÃa mucho tráfico. O simplemente que habÃas, no lo sé, enfermado —soltó una risa y volvió a mirarlo divertida—. Kenth, has venido corriendo, ¿cierto? Es eso o eres asmático y te está dando un ataque —.Â












