Nada nunca le ha parecido más aterrador que caer en cuenta de que el miedo ha estado ganado, un miedo que ha reemplazado a la persona que anhelaba ser, que la afixia y la hunde en un abismo sin fin de culpa y remordimiento.
Un miedo que a la vez abraza y protege, que la hace huir para encadenarse nuevamente a él. Un miedo que no expande las heridas, pero tampoco le permite sanarlas.
-I.






















