El 20 de febrero del año pasado me rompieron el corazón dos veces.
La primera puñalada fue del destino, me arrancó de las entrañas a uno de mis héroes, de mis cariños, de mis padres. El destino lo deshizo pétalo a pétalo, hasta que la noche del 20 no quedó más y lo aventó al aire para ser otra cosa.
La estocada de muerte la dio ella, a traiciĂłn, mientras estaba desangrada en el suelo, incompleta, vacĂa. Cuando más necesitaba la fuerza externa, cuando suplicaba por alguien que sujetara mis piezas para no perder alguna, se fue, hizo notable que mi vida para ella era un sinsentido.
Los siguientes meses, vivĂ con un fantasma (o dos o tres), seguĂ como pude, quise recuperar lo perdido, pero hay cosas que no pueden pegarse, no se reencuentran.
Y pese a todo, te deseo lo mejor. Que tu vida tenga más éxitos, más sueños, más amor. Larga vida a tu familia, a tus perros, a tu risa.
Quise ser el juego final, quise quedarme pero no pude, no lo intentamos cuando debimos, ahora es inĂştil recompensar, llenar vacĂos.
Voy a estar cuando se requiera, cuando me pidas.
Que la gelatina y los chistes malos sean contenciĂłn toda la vida. Te quiero.












