¡Solo necesito una noche!- rogó con sus palmas juntas, la videollamada se quedó silenciosa un momento, hasta que finalmente la mujer del otro lado soltó una carcajada -¡No te rías, esto es serio! Es la primera vez que llevo tanto tiempo sin verlo, estoy tratando de ser más paciente, pero, entender que ya no debería solo hacerlo venir aquí a voluntad me volverá loca.
Özlem, lo que me pides es algo un poco arriesgado no solo por el itinerario de Mans, sabes que la profesora con la que saliste a hacer este viaje es aún más estirada de que tu padre.
Tengo viáticos, llevo por lo menos una semana sin tomar desayuno y algunos ahorros. Estoy segura de que él estará esa noche aquí, pero si me voy al tren, volveré a perder la oportunidad de verlo.
¿Y ya se lo dijiste? No podemos arriesgarnos a que te quedes sola en Berlín. Si te encuentran en el vestíbulo del hotel, te echarán.
No, quiero que sea sorpresa y no quiero que se sienta culpable de nuevo. Tengo una corazonada.
Ahora la carcajada que soltó la mujer que veía a través de la pantalla con taza en mano tuvo un ligero tono de dulzura. Le hacía mucha gracia ver que Özlem podía seguir siendo tan infantil como para no dormir hasta muy tarde, pero lo suficientemente coqueta y práctica como para pedirle ayuda para escaparse mientras lleva una máscara de ácido hialuronico.
Bien. Si la misión del desayuno se arruinó, quizás esto funcione por el poder del… ¿amor?
No me gusta tu tono sarcástico, pero supongo que estás accediendo, ¿verdad?
Oh, vamos, pequeña, ¿quién podría resistirse a esos ruegos? La mujer lo pensó lo suficiente mientras tomaba otro par de sorbos de su humeante nocturno. Özlem caminó hacia el baño sin colgar la llamada para sacarse la máscara. Girarle un poco de dinero no era el problema, hacer que coincidieran lo era. Primero debería llamar a la profesora de Özlem, encargarse de Mans sería algo que le dejaría a la jovencita enamorada.
Yo se lo admitiré a papá al llegar a Gotemburgo. De todos modos, llegaré con un día de diferencia.- dijo al regresar, envolviendo sus risos negros con una pinza, tras colocarse otro sweater por el frío
Oh, pequeña. Eso está más que decidido. Yo te cubro con la bruja de Christine. Pero escúchame bien: debes asistir a TODAS tus actividades. Haré que logres escapar cerca de la cena que tomarán antes de irse al último tren.
Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de Özlem.
Por la mañana su maleta estaba lista, pero tuvo que deshacerla de nuevo buscando otra cosa para colocarse: no quería llevar ropa cualquiera si se encontraba con él y finalmente cenaban. Se puso roja hasta las orejas cuando pensó que si usaba ese vestido Prada vinotinto, combinaría con el vino de la cena.
Agitó un par de veces la cabeza tratando de centrarse ¡Estaba en la capital alemana aprendiendo las bondades de su carrera, no buscando colores para seducir a su novio fugitivo! En cuanto se vio al espejo se dio cuenta que el vestido era perfectamente práctico para llevarlo todo el día bajo el abrigo de lana y no desentonar ni en clases ni en la cena. Suspiró cuando se miró de perfil.
Él se dará cuenta que bajé al menos unas cuatro libras.
Se acercó al espejo y dejó volar sus rizos en cascada desde sus hombros hacia la espalda y notó satisfecha que con un poco de corrector y algo de máscara de pestañas era suficiente.
El labial rojo me lo colocaré antes de escaparme.- apuntó llevando todo a la maleta –y quizás me retoque el perfume. Solo espero no caminar mucho hoy, no podré bañarme de nuevo antes de verlo…-
Enrojeció y comenzó a tararear una plegaria.
¡Ya deja de pensar en marranadas, solo vas a una cena!
El día pasó lento. Las clases de neurología eran aburridas cuando no quería verlas. Se obligó a prestar atención a las disecciones, pero terminó embobada en cuanto un par de cirujanos famosos comenzaron a explicar sus hazañas.
Sobre las cinco de la tarde escuchó su teléfono sonar.
No cenes, simplemente levántate de la mesa sin ordenar y escóndete en el vestíbulo.
Ella se puso muy roja al entender que esa era su tutora respaldándola y que su locura se iba a hacer realidad en unos minutos. Respondió con un sticker de gatito gritando y guardó el teléfono en su abrigo negro.
Corrió y se encerró en el baño. Entintó sus labios con el corazón a mil por hora y sacó el móvil para llamar a Figdimo. En ese momento notó que había un mensaje de él y una foto adjunta.
“Bonita, vi este poste medio alumbrado y recordé el inicio de Harry Potter, te verías tierna con un cosplay justo en esta escena”
Y la selfie de él en la esquina contigua al tren le estampó en la cara que había tenido un error de cálculos.
Arrastró su maleta y corrió todo lo que pudo con esas botas de tacón hacia la dirección de la estación de trenes. Ni Figdimo, ni sus compañeros estaban en el camino. Si no se daba prisa, se quedaría sola en Berlin, a la intemperie. Maniobraba en cuanto podía marcando a su novio, pero no lograba más que casi estrellar el celular contra el suelo.
Se detuvo en seco bajo el poste. Casi se resbaló con la humedad del callejón.
Sus ojos se llenaron de agua. Él no respondía. Su compañera de habitación tampoco.
Malditos trenes y su señal de mierda.- masculló enjuagándose las lágrimas con la tela que cubría su antebrazo. Quiso recobrar la compostura y continuar su trayecto a la estación, pero sus ojos seguían drenando agua. Así que no tuvo más remedio que quedarse bajo el farolito tintineante por unos minutos más.
Özlem…- creyó escuchar y contuvo la respiración, quitó su brazo de sus ojos y miró hacia el frente –No… ¿Qué haces ahí sola? ¡Cielos, pensaba encontrarme contigo en la estación pero no coincidimos, así que me escapé para alcanzar tu cena en el hotel!
Ella no podía creerlo. Apretó los labios, y soltando su maleta corrió en su dirección saltando a sus brazos, que sin dudarlo, la recibieron gustosos y protectores. Ella lloraba como una bebé y él sin comprenderlo solo besaba sus cabellos una y otra vez. Tomó sus mejillas y sonriente besó sus parpados.
¿Me dirás qué haces aquí?- le dijo tras una risita secando sus lágrimas –cielos, basta de llorar, estás tan bonita…-
Di, apesto dando sorpresas, quería sorprenderte y escaparme contigo.
El soltó una risita sonrojándose un poco.
Estábamos pensando lo mismo, vamos...-
Figdimo tomó su maleta con una mano y con la otra sujetó sus dedos con fuerza, haciéndola correr por el empedrado alemán mientras los bañaban las luces cálidas que salían a través de los tristes ventanales de la ciudad. No era tan tarde por la noche, pero ya la oscuridad era envolvente. Las estrellas comenzaban a brillar.
Corrieron hasta que las risas la contagiaron y sus piernas comenzaron a languidecer. El podía ser de tendencia atlética, pero ella era hermana gemela de sedentarismo. Sus dientes blancos estaban asomados pero no podía seguirle el ritmo a él.
¿Por… qué… corrimos si… tú…- ella tomó aire en cuanto se detuvieron frente a una enorme escalera.
Es más divertido sin mis trucos, ¿no lo crees?- rió él ayudándola a subir, pero acabó alzándola en brazos luego de dejarle un beso sonoro en la mejilla.
Tras cruzar el umbral, ella notó que no se trataba de un local, más bien de una casa que parecía decorada por una abuelita.
Parecen recién casados- escuchó ella de una voz conocida, su novio se echó a reír.
¡Aarón! ¡Sol!- Özlem saltó de los brazos de Figdimo para correr ahora a los de la sonriente compañera que la esperaba con un sweater de lana y el cabello hasta los hombros -¡Que alegría! ¿Desde cuándo?
Digamos que estoy vigilando los movimientos de este tonto, para que no se salte las comidas y no se deje seducir…- la Sol la despeinó maternalmente viéndole la cara con atención, luego la tomó del brazo –ven, acompañame.-
El tocador era bonito, pero también parecía el de una abuelita.
-Gracias, sol. – dijo la de rizos negros secándose el rostro con una toallita –como siempre, mi salvadora.
-Y que lo digas boba, ¿cómo vas a arruinarte el rostro llorando así? Y con esos labios fabulosamente rojos.
-Es el labial que te dije la última vez, ¡No se cae a menos que use desmaquillante!
Se retocó el rostro y se sentó junto a su amiga en el borde de la pequeña bañera.
-Estoy feliz de verlos a todos, realmente los extrañaba.
-Nah, estás feliz de ver a tu novio, y no te culpo.- le bromeó chocándola con el codo –hicimos una cena para compartir, y hay espacio para que cada uno duerma tranquilo. Así que por hoy, puedes disfrutar que finalmente estarás unas horas con él.
Aarón llevaba un par de minutos pasando rodajas de pan por aceite de oliva. Figdimo lo miraba impresionado, casi riendo por su delantal.
Figdimo botó todo el aire de sus pulmones, mostrando su pequeña frustración.
Viejo, si no me hubiese picado el mosquito para regresar sin una razón, se habría quedado sola llorando en medio de Berlin. Cuando la encontré ahí con tanto frío, mi corazón se apretó contra mi pecho.
Pensé que habían pautado encontrarse…
No, intentamos hacerlo esa mañana para desayunar, pero su logística cambió. Además, pasaron los días y no se suponía que ella continuara por los alrededores.- se robó un pan y lo masticó aprobándole la textura con el pulgar al aire –sin embargo, cuando crucé la estación, el sentimiento me hizo volver.
A eso, suelo llamarle intuición. Enhorabuena, hermano, encontraste una forma práctica de usar tu nexo fantasmal con ella.- rió Aarón golpeando su mano antes de que le robara otra rodaja de pan.
La mejor parte fue encontrar asilo en tu casa… ¿esta es tu casa?
No. Lo renté porque está en un barrio tranquilo. La decoración me da nauseas.
No está nada mal, ya te imagino con cuatro gatitos y rollos en el pelo
Ya cállate y llama a esas dos.
La cena estuvo lo suficientemente deliciosa y acogedora como para que a Özlem se calentaran los huesos y los sentimientos. Logró relajar sus emociones durante el plato fuerte, y todos conversaron animados poniéndose al día, casi como si fuesen adolescentes de nuevo.
El postre es un regalo de la novia de Aarón- bromeó la Sol colocando el cheescake en el centro de la mesa –deberías verla, Dimo. La señora del otro lado de la calle mira con hambre sexual a tu hermano. Le mira trasero siempre que puede.
Aarón resopló avergonzado cruzándose de brazos.
No es cierto, adoras molestarme. El marido de esa vieja loca también adora sacarte conversación, ¡si no estoy atento, terminaría tocándote con excusas baratas!
Aarón, tu novia hace un cheescake estupendo- ronroneó Özlem, dándole una cucharada a Dimo a la boca -¿a que sí, amor?
Definitivamente, viejo. Tú sí que eres un casanova-
La habitación que les indicó la Sol tenía un pequeño balcón. Cuando cerró la puerta tras de sí, notó que Dimo estaba apoyado de él, viendo hacia la calle. Cruzó la alfombra color verde mirando los detalles decorativos, y cuando alcanzó a su novio, acarició cariñosamente su hombro, y le dejó un besito donde paseó su mano.
Me recuerda al Castillo Ambulante. Hay muchas cositas en tan poco espacio, me gusta.- soltó una pequeña risita, y él volteó a verla.
Es un alivio que estés tan risueña. Me asusté mucho cuando te vi ahí sola.
… Yo… también estaba asustada. Tenía una corazonada, que pareció ser falsa por un momento, pero, la verdad no fue así.
El exhaló y le rodeó con sus brazos besando su frente, mientras ella miraba la oscura callejuela. El contraste de la arquitectura con el cielo estrellado era tan imponente como en sus libros favoritos. Notó que él miró también en la misma dirección.
Oscureció más pronto por la época del año.- la miró de nuevo -¿Puedo mirarte bien?
A ella sus mejillas se le encendieron, y entre risas vergonzosas, se emprendió camino de pasarela, mostrándole el vestido que ahora sí podía presumir correctamente sin el grueso abrigo interfiriendo. Él la miró con atención, y le siguió el trayecto, luego de cerrar con cuidado el balcón, para protegerlos del frío.
Es mi mejor compra en Prada, ¿no crees?- bromeó ella volteándose hacia él, quien estaba a un par de metros. Era un vestido de paño ceñido al cuerpo y con mangas largas, que con falda tipo lápiz, dejaba ver la silueta de sus muslos. El escote era discreto, pero lo suficientemente insidioso para que él lo admirara. Era en forma de corazón, adornado por el mar de bucles que tenía su cabello. -¿Di?- susurró ella, casi suplicando. Los ojos de él estaban contra ella pero sus labios estaban sellados.
Rayos…- dijo avergonzado -¿Por qué eres tan bonita?
Alcanzó su muñeca con facilidad y besó su mano, rodeando sus caderas y haciéndola apretarse contra su pecho. La sostuvo meciéndola con cariño por un rato, lo suficiente como para que ella pudiese oír el golpetear de su corazón.
Cuando soltó el agarre, tomó sus mejillas con ambas manos, mirándole al rostro con atención. Sus ojos azules estaban tan profundos como siempre, y las facciones de su rostro se volvían más exquisitas con el pasar del tiempo.
Ella por su parte suspiró sonriendo, su pálido enamorado estaba tan guapo que podía derretirse en cualquier momento. Acabó soltando una risita.
¿Qué es tan gracioso?- masculló el albino
Es que, si no fuese porque estábamos cenando con compañía, me habría lanzado sobre ti en la cena.
Figdimo se sonrojó y ella selló un beso tranquilo y rápido en sus labios.
Me gusta cómo te ves con ropa de inviern----
El ligero choque eléctrico de sus labios le condenaron a sentir la herida tan dolorosa que se marcó en él por la distancia que debían soportar. Cuando ella lo miró luego del fortuito roce, internamente sintió desesperación, recordando que a diferencia de antes, su tiempo en ese punto estaba limitado.
Adoraba su voz, pero su urgencia le obligó a arrebatársela en un beso que trataba de ser tranquilo. Ella correspondió casi instantáneamente rodeando su cuello con firmeza. En cuanto sintió que él jugaba con la yema de sus dedos a través de las líneas de su espalda y cintura, soltó un dulce gemido que terminó por despertar el hambre del heredero de Cáncer.
El beso fue tan largo como su tiempo separados, escalando de más tímido a más impulsivo, rompiéndose solo por necesidad de aire.
Ella exhaló, enrojecida, y lo miró.
Te extrañé.- él volvió a juntar sus labios esperando que comprendiera que coincidía en esa declaración. Ella paseó sus palmas por su pecho fornido, sobre la ropa, y encontró los botones de su camisa.
Mi bonita huele delicioso.- le ronroneó al oído paseando su nariz en trayecto hasta bajo su mentón. Cuando sintió que ella se erizó, le hincó suavemente los dientes. La respuesta que recibió fue tan deliciosa como su olor: ella ahogó un gemino de desesperación mordiendo su mano.
Con un brazo la levantó del suelo, y condujo hasta el borde de la cama, donde la recostó con sumo cuidado, besando aún la curva escondida de su cuello.
Date vuelta- le susurró mientras ella le obedecía. Apartó su cabello hacia un lado dejando besos por su nuca, y bajó el cierre del vestido (su ubicación ya la había investigado segundos atrás). En cuando descubrió su espalda, comenzó a besar ahora todo el trayecto descubierto. En un abrir y cerrar de ojos, el vestido estaba en la alfombra.
Si no fueras tú, me preocuparía por esta nueva habilidad de sacar vestidos fácilmente.- rio ella dándose vuelta hacia él y alcanzando sus labios.
Esta nueva habilidad la practiqué en sueños imaginándote, Özlem.- le susurró como respuesta mirándola a los ojos, mientras se situaba entre sus piernas y se ocupaba de recostarla cómodamente sobre las almohadas.
Los colores volvieron a cubrir sus mejillas. Quería decirle que soñaba también con él, pero la vergüenza le ganó. Él soltó una risita al notarlo.
¡No te rías, Di! Es como si pudieras leer mi mente.-
Tu mente quizás no… pero hago mi esfuerzo, ¿sabes?- le admitió sacándose finalmente la camisa, y comenzando a sacarse el cinturón.
Estás presumiendo.- le reprochó alcanzando con sus manos su hacer.
Un poquito…- él tomó su mano y besó su palma –dime qué soñaste.-
Ella lo miró en silencio, comenzando a temblar, sin saber si era por la excitación o la vergüenza. Él continuó sus besos por su muñeca y el resto de su brazo, sacándose de un tirón el cinturón.
Se acomodó sobre ella mirándola a los ojos, finalmente.
¿Intento adivinar qué soñaste?- le susurró volviendo a recorrer su cuello, y ella alzó su mentón, dejándose a merced de sus besos. –voy a intentarlo, peeero creo que tengo una pista- soltó una risita.
¿P-pista?- tembló Özlem cuando sintió que él estaba descubriendo poco a poco sus relieves. Comenzó a atenderlos con besos húmedos y pequeñas succiones. Ella tuvo que volver a morderse la mano para evitar exclamar muy ruidosamente. Estaba en aprietos y él lo estaba disfrutando.
Ese será tu pequeño castigo por no decírmelo directamente, ¿eh?- volvió a reír, y ella le hizo un puchero, que en poco tiempo, se transformó en una expresión lasciva.
Figdimo había hecho a un lado su corpiño y se encontraba masajeando y atendiendo con vehemencia sus relieves. Mientras más atención recibía, ella inevitablemente comenzaba a encerrarlo más entre sus muslos.
Los labios del albino bajaron por su abdomen, mientras sus palmas acariciaban sus muslos.
¿Por qué bajas de peso cada que estamos lejos?- mordió su costado izquierdo, jugando con sus dedos y el borde de la tela de sus pantys.
… N-no lo hago con intención- respondió ella, con la respiración descontrolada. Apenas podía ordenar sus ideas.
¿No? – respondió mordazmente y la atravesó con sus ojos.
Beso su intimidad sobre la tela y se inclinó finalmente entre sus muslos, la miro antes para cerciorarse de que estaba lo suficientemente extasiada. Beso un muslo, luego el otro, y comenzó a sacar la panty con lentitud, mirándola a los ojos sin disimular ni un poco sus intenciones. Cuando se quedó expuesta, tuvo que tomar aire, temblorosa.
¿Estoy adivinando correctamente?- ronroneó Figdimo.
Ella apretó sus ojos asintiendo, y él sonrió, fundiendo sus labios en un beso muy cadencioso y prohibido. Cuando se atrevió a invadirla con su lengua, ella no tuvo el tiempo de cubrir sus labios con nada para ahogar su exclamación.
El continuó disfrutando de la textura el tiempo suficiente para sentirla retorcerse de puro deseo, viéndola satisfecho mientras apretaba las sabanas y se envolvía en sudor.
D-di… espera- ella suplicó logrando alcanzar los cabellos blancos de su novio –espera, ya estoy en mi límite…-
Cuando la miró, notó por sus ojos que estaba a punto de lograr su cometido, le concedió un segundo para recobrar la respiración mientras se quitaba los pantalones. Ella cubrió sus ojos con su antebrazo tratando de recobrar su espíritu.
Un beso en su costado, luego uno en su cuello. Él estaba de vuelta acomodado sobre ella, que seguía tan sensible ante cada caricia.
¿Puedo?- le preguntó colocando ambos brazos a los costados de su cabeza, ella apartó su brazo y le miró, totalmente fuera de si por su deseo.
Soy tuya.- le sonrió, y él atrapó ese gesto besándola con ternura.
Acomodó la posición de su ninfa y se situó entre sus piernas. Con una firmeza parsimoniosa, se abrió paso en su interior y apretó un párpado agradeciendo que finalmente ella lo esperara como siempre.
Los brazos de ella subieron hasta su cuello, sus frentes chocaban y su respiración se acompasaba como una coreografía de vals. Decidió moverse con lentitud, irrumpiendo poco a poco dentro de su cueva, con cuidado, pero hambriento de arrebatar sus tesoros.
Ella comenzó a susurrar su nombre y a mirarlo totalmente extasiada. Él continuaba explorándola por dentro con firmeza pero con lentitud.
D-di…- exhaló ella, presa de un espasmo que se convertiría en el climax muy pronto –te extrañé, tanto, tanto, que me dolía el corazón.
La besó con pasión, mordiendo sus labios, como si pudiese sentir la textura de su confesión.
Qué curioso.- le susurró en respuesta luego de soltar un suave quejido –sentía lo mismo muy muy lejos, porque te dejé mi corazón cuando nos despedimos en Suecia.
Ella apretó los labios y sus uñas se hincaron es su ancha espalda, presa de un orgasmo intenso y paralizante. Sus fuerzas languidecen y se deja caer contra las sábanas, mientras él esconde su rostro en su cuello, aumentando un poco su velocidad, disfrutando de su tibia humedad. Un momento más y se nubla su mente.
Se toma un segundo antes de dejarse caer a su lado abrazándola. Ella se acurruca adormilada contra su pecho. Escuchar su palpitar es relajante.
Te amo.- apunta con amor Figdimo, besando su hombro y mirándola.
Te amo.- le responde ella, sonriéndole.