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La creacion del Hombre y la Mujer
Los dioses pensaron que el acabado Midgard exigÃa la presencia de la mujer y del hombre.
Viendo ante sà un olmo (Embla) y un fresno (Ask) juntos, a la orilla del mar, OdÃn comprendió al instante que de esos dos árboles habrÃa que crear al hombre y a la mujer, la estirpe de los humanos. A ellos les dio OdÃn el alma; Hoenir, el movimiento y los sentidos; Lodur, la sangre y la vida. El primer hombre, Ask, y la primera mujer, Embla, estaban vivos y eran libres, habÃan recibido el don del pensamiento y el del lenguaje, el poder de amar, la capacidad de la esperanza y la fuerza del trabajo, para que gobernasen su mundo y dieran nacimiento a una raza nueva, sobre la cual ellos, los dioses, estarÃan ejerciendo su tutela permanente. Pero OdÃn, dios de la sabidurÃa y de la victoria, ante todo era el protector de los guerreros, a los que guardaba un especial afecto, cuidándolos desde la altura de su trono, el Hlidskialf, mientras vigilaba sobre el resto del Universo, en el nivel de los dioses, el de los humanos y en el de los elfos. Cerca de allà estaba su otro palacio, Valhalla, o sala de los muertos escogidos, el paraÃso de los hombres elegidos entre los caÃdos en combate heroico. Era un palacio magnÃfico, al que se accedÃa por cualquiera de las quinientas cuarenta puertas, inmensas puertas (por cada una podÃa pasar una formación de ochocientos hombres en fondo), que daban a una gran sala cubierta de espadas tan brillantes, que ellas eran las que iluminaban la estancia, reflejándose su luz en el artesonado hecho de escudos de oro, y en los petos y mallas que decoraban los bancos, la sala, comedor y lugar de reunión para los Einheriar traÃdos de entre los muertos por las Valkirias, a lomos de sus monturas, tras cabalgar a través del Bifröst.
La creación del Mundo
Cuando aún no existÃa ni la tierra ni el mar ni el aire, cuando sólo existÃa la oscuridad, ya estaba allà el Allfather.
Al empezar la creación,en el mismo centro del espacio se abrÃa Ginnungap, el terrible abismo sin fondo y sin luz; a su norte estaba la tierra de Nifflheim, un mundo de agua y oscuridad que se abrÃa alrededor de la eterna fuente de Hvergelmir, fuente en la que nacÃan los doce rÃos del Elivagar, las doce corrientes que corrÃan hasta el borde de su mundo, antes de encontrarse con el muro de frÃo que helaba sus aguas, haciéndose caer también en el abismo central con un estrépito ensordecedor.
Al sur de este caos estaba la dulce tierra de Muspell, el cálido hogar del fuego elemental, cuya custodia estaba encomendada al gigante Sutr.
Este gigante era quien lanzaba nubes de centellas al blandir su espada llameante, llenando de su fuego el cielo, pero este fuego a duras penas conseguÃa fundir los hielos del abismo, y el frÃo volvÃa a vencer de nuevo, haciendo que se elevase una columna de vapor que tampoco podÃa escapar del abismo, puesto que al volver a encontrarse con el mundo del hielo, se condensaban las grandes columnas de humedad, llenando de nubes el espacio central.
De este lugar surgió el gigante Ymir, la personificación del océano helado, y nació con hambre voraz, que sólo pudo saciar con otra criatura nacida al mismo tiempo que él, la vaca gigante Audhumla, de cuyas ubres brotaban cuatro chorros de leche. Audhumla, buscando ávidamente su alimento, lamió un bloque de hielo y, fundiéndolo, con su lengua, hizo aparecer el buen dios Buri, enterrado desde tiempo inmemorial en los hielos perpetuos. Pero mientras, Ymir, dormido plácidamente alumbró sin darse cuenta, con el sudor de su axila, a Thrudgelmir, el gigante de las seis cabezas y éste hizo nacer después a su compañero Bergelmir, y de los dos salió la estirpe de todos los gigantes malvados del hielo.
Y los gigantes del mar vieron al dios Buri, que acababa de engendrar a su hijo y aliado Börr. Comprendieron que entonces era el único momento en el que podÃa ser factible tratar de vencer al bien. Inmediatamente, los gigantes comenzaron la guerra.Pero las fuerzas estaban demasiado igualadas y el combate duraba ya eras, cuando Börr desposó a Bestia, la gigante hija del gigante Bolthorn, y de esa unión tuvieron tres hijos, tres aliados inmediatos para su causa: OdÃn, Vili y Ve (representando el espÃritu, la voluntad y lo sagrado, respectivamente).Â
Con esta formidable ayuda el nuevo ejército del bien hizo retroceder a los malvados espÃritus del hieloen retirada, hasta dar muerte al gigante Ymir (también llamado Hrim, el gigante de hielo, y Orgelmir), de cuyas tremendas heridas brotabantales chorros de sangre que ahogaron a todos los de su raza, salvo a Bergelmir y su esposa, quienes pudieron ponerse a salvo a tiempo,huyendo en una barca hacia el lÃmite del mundo.
Logrado el éxito, OdÃn, Vili y Ve se llevaron el cadáver de Ymir al abismo, para con sus inmensos restos mortales poder comenzar a trabajar en la construcción de un mundo habitable. Con su piel construyeron la región de Midgard, o jardÃn central; con los huesos se hicieron las montañas; con su vello, la vegetación; con sus dientes, los acantilados, sobre los que colocaron las cejas del gigante, para fortificar la frontera con el mar, que lo rodeaba en otro cÃrculo a su alrededor, construido con la
sangre y el sudor de Ymir. Pero, a mucha distancia de ellos, Bergelmir y su mujer alcanzaron una inhóspita tierra que poco afectaba a esas criaturas del frÃo, estableciéndose en un lugar al que llamaron Jotun, la casa de los gigantes, en donde empezaron a dar vida a otra raza de gigantes del hielo con los que continuar la renovada lucha de las fuerzas opuestas. Asi nacio la Tierra.
Ya sólo faltaba cerrar este nuevo mundo, y se creyó conveniente hacerlo, colocando sobre Midgard la bóveda craneana del derrotado gigante, y asà se hizo, encargando a los enanos Nordri, Sudri, Austri y Westri su sujeción en cada uno de los cuatro puntos cardinales que llevaban sus nombres. Con el cráneo puesto en su lugar se dio nacimiento al cielo, pero al colocarlo los sesos se esparcieron
por el aire y con sus restos se crearon las nubes. Sólo faltaba la iluminación de ese espacio y los dioses acudieron a Muspells, a hacerse con fuego de la espada de Surtr, fabricando con sus centellas las luces del firmamento.Â
Con las dos mayores, los dioses realizaron el Sol y la Luna, colocándolas sobre dos carros que girarÃan sin parar sobre Midgard, turnándose incesantemente en el cielo, carrozas guiadas por los dos hijos del gigante Mundilfari, su hija Sol y su hijo Mani. Ambas carrozas, para mantener viva la pugna constante entre el bien y el mal, serÃan eterna e inútilmente perseguidas por los dos lobos Skoll y Hatri, encarnaciones vivientes de la repulsión y del odio, que trataban de alcanzarlos, sin conseguirlo más que en alguna rara ocasión, cuando desde la Tierra se podÃa ver un eclipse de Sol, o uno de Luna, para lograr su malvado objetivo de devorar al Sol y a la Luna y hacer que la oscuridad perpetua cayera de nuevo sobre el Universo.
Para hacer el dÃa y la noche, se encargó al hermoso Dag, hijo de la diosa de la noche, Naglfari, llevar la carroza del dÃa, tirada por Skin, el brioso caballo blanco que producÃa con sus cascos la brillante luz del dÃa, mientras que Note, la hija del gigante Norvi, se encargaba de conducir la carroza negra de la noche, que estaba tirada por su negro caballo Hrim, el que lanzaba a la tierra el rocÃo y la escarcha producido en su trotar. Más tarde, al cortejo celeste se le fueron añadiendo las seis horas, y las dos grandes estaciones, el invierno y el verano. Ya estaba la Tierra lista para ser ocupada por los primeros seres creados por los dioses.

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