Nunca ha sido complicado hacerme feliz, o eso creo al menos, si me conocen bien sabrán que soy sencilla, fácil y previsible. No necesito de regalos caros, ni de flores, ni aviones que escriban mi nombre en el cielo, no pido milagros, porque nunca los he visto, y en cuanto a las sorpresas cuanto más me conozcas más lindas son. Una flor que hayas arrancado de un lugar, mi alfajor preferido, una foto nuestra, un peluche, un viaje en moto, un abrazo sorpresivo en el momento indicado, cuanto más me conozcas la sorpresa será aún mejor. Y me vale todo, siempre que sea hecho con amor y dedicación. Todos los detalles son buenos, besos, abrazos, besos de esquimal, notitas escritas en una servilleta, una visita inesperada, un regalo personal, una foto de tu infancia, un mensaje de madrugada, un “te extraño”, palabras simples pero sinceras. Eso sí, necesito que todo eso, sea incondicional, solos o rodeados de gente, acá o allá, ayer o hoy, esa es mi forma de amar, y por lo tanto, es la única forma de sentirme amada. Por eso soy “extraña” regalo un abrazo a quien me parece que lo necesita, doy todo lo que este a mi alcance para poder sacarle una sonrisa a un amigo y también ando por las calles sonriendo para que lo haga un desconocido. Sí, esa es mi forma de ser, puedo morir en el intento, pero ya no quiero ser normal, normal es aburrido, intente todo para encajar, pero encajé más siendo “extraña” en este mundo de normales…













