Dicen que los secretos nacieron para protegernos, pero nadie habla de los que terminan devorándonos.
Cargo un universo entero detrás de la sonrisa, un idioma que nadie escucha porque aprendí a esconder el dolor en los lugares donde nadie mira.
Si me preguntas qué me pasa, quizá guarde silencio.
No porque no confíe en ti, sino porque hay heridas que ni siquiera saben pronunciar su propio nombre.
Hay secretos que pesan más que un cuerpo. Aprietan el pecho,
cierran la garganta, roban el sueño
y convierten cada noche en una conversación interminable con el vacío.
Todos creen que estoy bien porque nunca les mostré la guerra.
A veces el mayor talento de una persona rota es parecer completa.
Tengo tantas palabras atrapadas
que el silencio ya aprendió a hablar por mí.
Y mientras todos escuchan mi voz,
nadie oye los gritos que escondo entre cada "estoy bien".
El secreto más difícil de guardar
es admitir que me estoy perdiendo.
Que un día dejé de encontrarme,
que me fui apagando poco a poco
sin darme cuenta y ahora no sé dónde quedó la luz que era mía.
Fui refugio de muchos, pero olvidé regresar a casa.
Sostuve tormentas ajenas mientras la mía inundaba todo por dentro.
Y, aun así, sigo sonriendo.
no buscan ser descubiertos, solo esperan, en silencio, que alguien abrace el dolor que nunca supimos contar.
Tal vez ese sea el secreto más triste de todos, que hay personas librando las batallas más oscuras
sin hacer ruido, esperando que alguien vea, más allá de sus ojos,
todo lo que jamás fueron capaces de decir