Aquella sorpresiva separación por parte de él, dejando la estela de su aroma en la cama que compartieron o los trazos de su pincel en el cuadro que pintó demostrando lo que alguna vez fue en su ascenso divino, aunado al eco de su voz profunda y las risas contagiosas—sabiendo que iban a volver a verse, aún así la distancia le nublaba ligeramente el corazón ya que deseaba fervientemente tenerle siempre al lado. Todo habría sido espontáneo, quizá incluso deseó alejarlo aunque le dio la bienvenida, no obstante, creía profundamente que existía… algo más: una conexión indescriptible.
Era una soleada mañana, ya habiendo limpiado los alrededores del santuario, y cerca del gran árbol adjunto —donde tenía un pequeño huerto con variadas legumbres y frutas, como flores— Yu Zhen admiraba y cuidaba del huerto, ahora solo arrancó un par de flores para ponerlas en una maceta en la mesilla del retrato.
Escuchó aquellos pies ligeros, difíciles de percibir con un oído no entrenado, mas cría que era su mente engañándole: siempre intentando verlo en donde sea. Y seguro esa vez no era diferente. Decidió bromear al aire, como usualmente hacia —¿Finalmente me enseñarás tu verdadero rostro? —sonrió mofándose ligeramente.
Con flores en manos se levanta y luego voltea para encontrarse con la sorpresa que realmente era él en el marco de la entrada de aquella cerca de madera. Los luceros almendras se quedaron atónito al apreciarle, para luego brotar de ellos lágrimas prístinas. —Volviste…
Y caminando apresurado hacia él, se abalanzó contra el Rey Demonio, abrazándole —Te tardaste demasiado.
✦ ˖࣪ @illusory-fairylight
¿Cuanto tiempo había pasado? ¿Cuántos días había perdido sin estar a su lado?
Esto era lo tedioso del viaje de vuelta al infierno o al mundo celestial; El tiempo era relativo. Pordía pasar un minuto en cualquiera de esos sitios pero en el mundo terrenal, era algo compeltamente diferente.
El perfume de las gardenias le dio la bienvenida. Estaba agotado. Por más que todo mundo le temiese, mortal o inmortal, lo cierto es que cruzar el umbral entre la tierra y el mundo espiritual o el inframundo era un gran derroche de energía... Pero aquél delicado y dulce perfume, le ánimo por alguna extraña razón.
Y es que, oler este delicioso aroma era la antesala a encontrarse con el ente más divino que haya existido jamás, el dueño de su mirada, su cuerpo, sus ceniza, su aliento... De si mismo.
Al poner un pie dentro de aquella choza humilde, y sentir el crujido de algunas espigas de heno seco quebrarse bajo su pie, el rostro de su amado se topó con el suyo.
Una sonrisa de dibujo casi por si sola, de súbito. ¿Cómo no volver ante semejante imagen?
Al sentir sus brazos rodear su persona, sentió un exquisito escalofrío recorrerle de punta a punta. — ¿Me has extrañado? — Al fin... Lo tenía en sus brazos. — Adelante, muéstrame cuánto.