El yo que poco a poco desaparece
Detesto ser yo, pero no porque no sea capaz de ser alguien mejor. Tal vez es precisamente porque sé que puedo serlo.
Detesto a mi verdadero yo, aquel que pocas veces sale, aquel que necesita una motivación tan intensa que parece que algo dentro de mà tiene que arder para finalmente despertar. Ese yo que cuando aparece puede sobresalir por sà solo, que no necesita de nadie, que cuando quiere algo simplemente va por ello y busca conseguirlo como quiere.
Ese yo que sabe de lo que es capaz.
Pero también es un yo lleno de orgullo y soberbia.
Uno que puede mirar hacia adelante y pensar que no necesita a nadie a su lado, que puede cargar con todo por sà mismo, que mientras tenga un objetivo no importa demasiado lo demás.
Y quizás por eso lo detesto.
Porque una parte de mà admira profundamente a esa versión. Me gustarÃa tener siempre su determinación, su seguridad, esa sensación de poder mirar algo y decir: "Lo quiero y voy a conseguirlo".
Pero sé lo que viene junto a ella.
Sé lo fácil que es para mà pasar de sentirme capaz a sentirme superior. De confiar en mà mismo a creer que no necesito a nadie. De querer demostrarme que puedo hacerlo a querer demostrar que puedo hacerlo mejor que los demás.
Y entonces está el otro yo.
Aquel que siempre quiere sonreÃr, el que quiere divertirse, compartir, hacer reÃr y simplemente ser feliz. El que está ahà para los demás y muchas veces parece vivir despreocupado, como si las cosas no pesaran demasiado sobre él.
Durante mucho tiempo quizá pensé que esa era simplemente la versión que los demás veÃan de mÃ. Una versión más sencilla, más agradable, más fácil de querer.
Pero ahora que siento que está desapareciendo poco a poco, comienzo a preguntarme si alguna vez fue solamente una apariencia.
Porque duele verlo desaparecer.
Poco a poco cuesta más sonreÃr de la misma manera.
Poco a poco compartir ya no llena igual.
Poco a poco aquello que antes me hacÃa sentir bien comienza a sentirse incompleto.
TodavÃa puedo divertirme. TodavÃa puedo reÃr. TodavÃa puedo pasar un buen momento y estar con los demás.
Pero muchas veces siento que solamente lo consigo a medias.
Como si estuviera allÃ, pero una parte de mà estuviera en otro lugar.
Y lo extraño es que desde afuera probablemente no haya cambiado demasiado.
Puedo seguir haciendo bromas.
Puedo seguir estando para alguien cuando me necesita.
Puedo seguir siendo esa persona despreocupada que muchos conocen.
Pero yo sà puedo notar la diferencia.
Porque soy yo quien sabe cuánto queda detrás de cada sonrisa cuando todos se van.
Soy yo quien sabe cuándo algo realmente me hizo feliz y cuándo simplemente consiguió distraerme durante un rato.
Soy yo quien puede sentir cómo esa luz que antes parecÃa salir naturalmente ahora necesita cada vez más esfuerzo para mantenerse encendida.
Y quizás eso es lo que más miedo me da.
No despertarme un dÃa siendo completamente diferente.
Sino no darme cuenta del momento exacto en que dejé de sentir.
Porque las personas no siempre desaparecen de golpe.
A veces desaparecen lentamente mientras continúan haciendo exactamente las mismas cosas.
Siguen estando para los demás.
Pero por dentro cada cosa significa un poco menos.
Hasta que algún dÃa miran hacia sà mismas y encuentran solamente un cascarón que aprendió perfectamente cómo comportarse como la persona que alguna vez vivió dentro.
Y siento que estoy caminando hacia algo asÃ.
Mientras tanto, aquel otro yo continúa existiendo en algún lugar.
Solo necesita algo suficientemente grande para despertar.
Una motivación tan intensa que vuelva a hacerme sentir que puedo con todo.
Entonces aparece y por un momento recuerdo de lo que soy capaz.
No necesito que alguien me empuje.
No necesito que alguien crea en mÃ.
No necesito esperar a nadie.
Y quizá por eso resulta tan difÃcil saber cuál de los dos soy realmente.
¿Soy aquel que quiere sonreÃr, compartir y estar para los demás?
¿O soy aquel que solamente necesita una razón suficientemente poderosa para olvidarse de todo y perseguir lo que quiere?
Quizás durante mucho tiempo quise decidir cuál era el verdadero.
Uno tenÃa todo aquello que me hacÃa sentir humano.
El otro tenÃa todo aquello que me hacÃa sentir poderoso.
Uno necesitaba a los demás porque disfrutaba tenerlos cerca.
El otro podÃa convencerse de que no necesitaba absolutamente a nadie.
El otro querÃa llegar más lejos.
Y mientras intentaba decidir cuál era realmente yo, nunca pensé que quizás ambos lo eran.
Quizás mi verdadero yo nunca fue solamente aquel que aparece cuando encuentra una motivación intensa.
Quizás tampoco es únicamente aquel que todos ven sonriendo.
Tal vez soy la contradicción entre los dos.
Soy aquel que disfruta tener personas cerca y al mismo tiempo puede encerrarse en su orgullo pensando que puede hacerlo todo solo.
Soy aquel que quiere ser feliz y aquel que quiere sobresalir.
Soy aquel que puede preocuparse profundamente por alguien y después querer desaparecer dentro de sus propios objetivos.
Soy aquel que quiere vivir despreocupadamente y también aquel que puede obsesionarse con conseguir algo.
Y quizás el problema nunca fue que una de esas versiones fuera falsa.
Quizás el problema es que no sé cómo hacer que existan juntas.
Porque no quiero perder al que sonrÃe.
No quiero que desaparezca esa parte de mà que todavÃa quiere compartir sin necesitar una razón, que puede pasar horas con alguien simplemente porque disfruta su presencia, que puede hacer una estupidez solamente para provocar una sonrisa.
No quiero mirar atrás algún dÃa y descubrir que convertà esa versión de mà en un recuerdo.
Pero tampoco quiero destruir al otro.
Porque, aunque diga que lo detesto, sé que hay cosas de él que deseo conservar.
La seguridad con la que puede caminar cuando realmente quiere algo.
Quizás lo que detesto no es a ese yo.
Quizás detesto necesitar llegar a un extremo para encontrarlo.
Detesto que para sentirme verdaderamente capaz tenga que aparecer esa intensidad.
Detesto que la confianza venga acompañada de soberbia.
Detesto que la independencia pueda convertirse en aislamiento.
Detesto que para sobresalir parezca que tengo que dejar atrás precisamente aquello que me hace disfrutar estar vivo.
Porque no quiero tener que elegir entre sentirme humano y sentirme capaz.
No quiero necesitar perder mi sonrisa para encontrar mi ambición.
No quiero convertirme en alguien que logra todo lo que quiere y, cuando finalmente mira alrededor, descubre que ya no queda nadie con quien quiera compartirlo.
Pero tampoco quiero continuar sonriendo mientras por dentro siento que desaparezco.
Quizás todavÃa no sé qué hacer con esas dos partes de mÃ.
Quizás por eso escribo esto.
Porque cuando no sé exactamente qué siento, escribirlo al menos me permite mirarlo de frente.
Y ahora mismo lo único que sé es que siento que algo dentro de mà está cambiando.
Que aquella persona que todos conocen todavÃa está aquÃ, todavÃa sonrÃe, todavÃa comparte, todavÃa intenta disfrutar.
Pero cada vez puedo sentirla un poco más lejos.
Y no sé si algún dÃa volverá a brillar como antes.
No sé si aquel yo orgulloso y determinado terminará ocupando su lugar.
No sé si eventualmente encontraré una forma de ser ambos sin destruir ninguno.
Solo sé que no quiero convertirme en un cascarón vacÃo.
No quiero aprender a sonreÃr tan bien que nadie pueda darse cuenta de que detrás de esa sonrisa ya no queda nada.
Quiero poder sentir nuevamente sin necesitar una motivación extrema.
Quiero poder querer a los demás sin pensar que necesitarlos me hace menos fuerte.
Quiero poder sentirme orgulloso de lo que soy capaz de hacer sin necesitar sentirme por encima de nadie.
Quiero conservar mi ambición sin sacrificar aquello que alguna vez me hizo feliz.
Tal vez no necesito matar ninguna de mis versiones.
Tal vez necesito aprender qué tomar de cada una.
La determinación del otro.
La capacidad de compartir de uno.
La capacidad de caminar solo del otro.
La humildad que uno necesita y la confianza que al otro le sobra.
Quizás algún dÃa deje de preguntarme cuál de todos ellos es mi verdadero yo.
Porque quizá mi verdadero yo nunca estuvo escondido esperando una motivación suficientemente intensa para salir.
Quizás siempre estuvo aquÃ.
Capaz de sonreÃr y también capaz de apagarse.
Intentando entenderse mientras cambia.
Y quizá lo que realmente temo no es descubrir quién soy.
Es descubrir quién seré cuando todo esto termine de cambiar.