reglasesentaytres; into the woods.
De nuevo, se tomó la libertad de excusarse de todas sus asignaturas, primero porque no le interesaba y segundo porque tenía algo así como inmunidad académica, era intocable hasta que el asunto del campamento quedara olvidado, lo cual tardaría algunos meses, hasta entonces podía disfrutar del tranquilo glamour que le proporcionaba la tragedia y, mejor aún, podría disfrutar de todos los regalos que dejaban delante de su taquilla. Cartas, flores y comida. En ese momento todo descansaba sobre el piano de cola, el salón de música generalmente se encontraba vacío. Altair interpretaba una versión lenta, rayando en lo tétrico, de A house is not a home. Desde lo sucedido con su padres siempre lloraba un poco en el verso; ‘pretty little darling, have a heart, don’t let one mistake keep us apart’, sin embargo, esa fue la excepción, porque seguía demasiado muerto para realizar un acto tan humano como lo era llorar. Tampoco pareció repara demasiado en el ruido que hacia la puerta al abrirse, porque en ese momento solo era él y la fría burbuja de decadencia que lo rodeaba.
Se acercó al piano, moviendo las caderas de lado a lado mientras sus tacones repiqueteaban en el piso del salón. Acababa de escaparse de clase con una sonrisa, pidiéndole de buena manera al profesor que la dejara salir y a la clase que no hiciera drama al respecto.
“Linda canción.” Se inclinó sobre el piano, dedicándole una sonrisa encantadora al chico “Tocas como si tu corazón estuviera destruido.”











