aunque a veces luce gris,
sus ojos verdes como el bosque,
a veces miel, dorado matiz.
Un crujido sonó repentino
Vió a través de la ventana
había una sombra que asomaba
Rápidamente saltó al suelo
y se posicionó como una esfinge
le molestaba profundamente
que alguien tuviera el cinismo
de interrumpir su monotonía
cuando entrenaba «estatuismo»
después de un pesado día.
con total descaro y desparpajo
y luego miraba a cualquier lugar
se los estuviera robando.
su pierna y brazo derecho
eran seguidos por los izquierdos
mientras su panza rozaba el suelo;
y como si fuera un truco de magia
Eli parecía estar inmovil
pero cerró los ojos por un segundo
Eli estaba enfrente suyo.
El cuervo palideció al instante
sus alas se tornaron blancas
Eli lo sacudió varias veces
tenía una mueca aterradora
como de gárgola de mazmorra.
—¡Despierta Eric! ¡No seas cobarde!
mirándola directamente a los ojos
como si fuera ella fuera un toro alado.
— ¡Casi me matas del susto!
¡El de la guardia imperial!
y le ordenó a su viejo amigo
de manera exageradamente solemne
algo muy importante y urgido.
—Necesito una bola de lana.
Eric abrió y cerró sus alas
hizo un esfuerzo muy grande
y nuevamente cayó sobre la rama
y parándose más seria que antes
con sus patitas al frente
y con el pecho muy erguido,
e hizo un gesto de seriedad.
Mi corazón en este momento,
y sé dónde puedo encontrarla.
como lo había hecho antes
más una pintura de Da Vinci
que una escultura de Rodin.
Eric se despidió con un guiño
y voló lejos pensando para sí
que la primera vez que vio a Eli,
eso fue lo que le pareció,
que ella era exactamente eso,