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Boca de lobo que respira, que escupe aliento sobre dermis,que ansía por sus nuevas presas insatisfecho por una merienda de mala muerte. Respira profundo, es una contemplación en silencio, se vuelve espectador del intercambio de palabras y agradece a su amigo que entonces peca (nuevamente) de imprudente, mas está vez era necesario. Demasiado necesario. Linterna en mano que procede por encender, pies que no desean ingresar, que parecen comenzar a echar raíces ahí mismo hasta que el suave matiz interrumpe aquel raciocinio que sólo estaba funcionando como un impulso,un aliento para sí mismo. “Sí. Voy detrás.” Contesta, curva efímera que se consume tan pronto se adentra a la oscuridad, luminosidad en mano que alumbra tierra humada, zapatillas sucias de sus compañeros, vías sin funcionamiento. “Yo digo de ir lentos y observemos bien a los alrededores,quizá encontremos algo… alguna huella o… ¿lo que digo es muy de películas de espías?”Cuestión que era pensamiento, que se escapa con la ansiedad de llenar el espacio vacío, no tolera el silencio porque entonces sin ruido son los razonares los que torturan, los que propagan miedo y podrían hacer emerger la cobardía que lo haría correr.
Incomodidad es lo que se instala, roce de dermis, suave escalofrío que tienta y juega con la mínima calma a la que se aferra. Efímera es la curva que surca las carnosidades, ligero es el meneo de cabeza, no hay locura alguna en la oración pronunciada, no para él. “No, es mejor ir despacio, y no separarnos.” Finge una serenidad que no posee, no le pertenece. “No importa que hagamos, no debemos alejarnos del grupo” Hay firmeza en las palabras, petición tácita de no abandonar la formación porque se imagina los peligros, nulos son los conocimientos de aquel cuarteto, alta es la desventaja contra quien se ha coronado rey del juego. “No sé qué tenga planeado, es decir---” y duda, por escasos segundos en compartir una experiencia de antaño, cuando la figura también se adentró en el sendero níveo y cayó en sus garras, en una trampa, donde la sanidad de la dueña de doradas hebras y francés acento se vio en peligro, o así les hizo creer él. “a ese lunático le gusta jugar con nuestras mentes, solo no hagamos nada imprudente si escuchamos un grito de” Pliegues se forman a la altura del entrecejo, diestra se mantiene firme, ilumina el camino y aunque no lo dice, pero es claro que se habla de la inglesa. @vickxarias

















