Abuelo, hoy soñé contigo. Volvíamos de visita para ver a la abuela, y aunque todos sabíamos que te habías ido, te saludábamos igual. Ahí estabas, una presencia evidente, te hablábamos con una condescendencia maternal, como a un niño que ignora su propia inocencia. Me encantó volver a verte y que te pudiéramos decir “hola”.

















