Una selección de los educativos artículos, que muchos de ellos se pueden considerar también ya históricos, de Así es Cuba presentados en Guije en la sección de Cosas de mi Tierra: “Matanzas: la Atenas de Cuba”, “Santa Clara, ciudad de los bellos amaneceres” y “Ciudad de Camagüey, cuna de hidalgos y de las más lindas mujeres”. “Tiene la Perla de las Antillas una ciudad, capital de una de sus provincias más florecientes, que se llama Matanzas, con cuyo nombre especifica a la provincia de la que es centro y que por ser cuna de poetas, de sabios y de artistas, por ser fomentadora de todo noble empeño de prosperidad y de cultura, al grado de que tiene en su haber el ser la primera ciudad de Cuba que ha presentado una exposición nacional y extranjera, por ser fomentadora de cuanto rezuma saber, progreso y civilización, ha merecido también, dentro de los límites de la Nación cubana, los honores de ser llamada La Atenas de Cuba. Como una coincidencia territorial se puede hacer constar que así como la Atenas griega se halla dividida en las partes que se denominan: la Acrópolis o ciudad alta y la de los tres puentes del Pireo, de Muniquio y de Falero, la Atenas cubana también presenta la división que le imponen los ríos Yumurí y el San Juan, comprendiendo entre sus zonas a la Matanzas propiamente dicha, a Versalles y a Pueblo Nuevo.” “Después de semejante descalabro, la población de San Juan de los Remedios emigró de aquellos parajes, dispersándose, hasta que sobre el año 1689 el gobernador Severino de Manzaneda reunió a los dispersos campesinos ordenándoles que fijaran su residencia definitiva en el hato de Santa Clara, surgiendo así, donde se encuentra hoy, la Ciudad de Santa Clara, capital que es actualmente de la Provincia de Las Villas, que habiendo iniciado su vida a la izquierda del arroyo del Buen Viaje se extendió luego por el hato de Antón Díaz, ya que en 1706 doña Gregoria Pérez obsequio al municipio con una legua de sus terrenos de dicho hato y que, según las crónicas, sus censos fueron dedicados a proveer de vestuario a las milicias. Esta donación dio lugar a que la ciudad fuera conocida por algunos con el nombre de Pueblo Nuevo de Antón Díaz.” “Fue en esta ciudad de Camagüey histórica y patriótica, de abolengo cubano, donde en aquellos días sentí en mí el beso rumoroso del misticismo, de la idealidad y del ensueño. Fue aquí, contemplando en el centro de sus viejas plazas coloniales, los contornos de sus templos cristianos, en cuyo ambiente flotan todavía los ecos rumorosos de las plegarias que las mujeres cubanas elevaban al cielo implorando del Altísimo su divina protección para la causa de Cuba, donde vi, con los sueños de mi imaginación, sobre la pátina con que la mano de las centurias pasadas esmaltaron y pulieron las viejas piedras camagüeyanas de su construcción, como esculpidas sobre ellas las poéticas estrofas con que tejió los laureles de la corona de triunfo que, para su frente y para Cuba conquistó, el alma sutil de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Y fue aquí, en estas viejas calles camagüeyanas, prestigiadas por evocaciones de sublimidades patrióticas y saturadas por visiones de románticos amores, donde una madrugada primaveral, volviendo de una fiesta, percibiendo todavía, en la quietud, en el silencio de una noche perfumada, la armonía cadenciosa de una orquesta que llenaba con sus notas los jardines del Tennis, que me detuve emocionado en la encrucijada que formaban dos calles centenarias, para admirar la romántica visión de un viviente cuadro evocador de la Edad Media; cuando en la serena quietud de aquel ambiente, la luz esplendorosa de la luna brillando sobre un cielo azul celeste, plateaba los viejos muros de las viejas casonas de construcción cubana y colocaba en altos y bajos relieves de luz y de sombra, las salientes rejas de madera, de ventanas que sirvieron de marco a bellas novias, de épocas caballerescas y evocando la romántica leyenda, me parecía que aquella quietud y aquella soledad augusta y soñadora había de romperse de un momento a otro con la aparición de un doncel que ocultando bajo la capa, su espada toledana y flotando al viento la pluma del sombrero, acudía galante a contarle sus cuitas a una niña de ojos negros y soñadores que lo estaba esperando emocionada y... en el sueño de mi imaginación me pareció sentir el rumor de un beso que se perdía en el infinito sereno de la noche azul, elevándose al cielo como una plegaria".”...