De la revista Carteles editada el 3 de mayo del 1953 en La Habana, Cuba, refiriéndose a los saltos de agua del río Hanabanilla, en la provincia de Las Villas: “Aun a nosotros, que hemos recorrido la isla varias veces, nos faltaba por visitar algo que todos hemos visto en una lámina de las geografías de Cuba, cuando éramos niños. Sabíamos solamente que se trataba de la cascada más alta de nuestro país: el salto del Hanabanilla. Pero hasta este hermoso accidente geográfico de la vida de un río joven y alegre, tiene mal puesto el nombre porque no es una sola, sino que son varias las caídas de agua que hacen de esta etapa accidentada de la vida del río, uno de los parajes más bellos y cautivadores de nuestra patria. Deberían en propiedad llamarse los Saltos del Hanabanilla. Llegar hasta ellos es toda una aventura, no obstante la proximidad del lugar a la ciudad de Cienfuegos. La falta de caminos para adentrarse en este escondido paraje de ensueño, hace casi imposible su disfrute. La carretera, que sale de Cienfuegos, sólo llega hasta un caserío llamado Barajagua. Desde allí hay que lanzarse a lo desconocido. Solamente los jeeps, con bastante dificultad, y los “comandos”, el vehículo más apropiado para la empresa, pueden seguir adelante por caminos que más bien son derriscaderos, enormes surcos o grietas anhelantes en la tierra. Dando tumbos, pero extasiados ante el paisaje, cada vez más vigorosamente estrujado, avanzamos a duras penas por una ruta zigzagueante que va trepando montañas, cruzando corrientes, en medio de una vegetación exuberante. La sensación de estar en pleno corazón de la selva tropical, se va apoderando de nosotros a medida que nos internamos más en la sierra. Las montañas del grupo de Trinidad son el escenario grandioso de la vida de este río joven, en plena adolescencia, que desciende, saltarín y juguetón, de la cima y las laderas de los montes, enriscados y selváticos.”
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