Violencia cuando desde los medios de comunicación, la Iglesia, los modelos tradicionales de familia y educación, e incluso desde el mismo Estado se justifica, legitima y naturaliza la violencia permanentemente. Violencia cuando le asignamos un valor material al cuerpo humano, y lo condicionamos al qué dirán porque se exige una “buena presencia” siempre asociada a los estereotipos de belleza. Violencia cuando se hace diferencia entre los sexos, cuando la apertura social sigue siendo acotada porque la mujer es "ese objeto" y no una mitad integral y complementaria. Violencia cuando se quiere legislar a partir de las creencias religiosas de algunos privando a los demás de sus derechos sexuales y reproductivos. Violencia cuando el Estado se niega a legalizar el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo porque no hay prevención desde la clandestinidad. Violencia cuando hasta desde el interior de la fémina se naturaliza la subordinación de las mujeres a los modelos sociales impuestos. Violencia cuando hay acoso callejero, cuando la trata sigue cobrando victimas diariamente, cuando todos los días muere alguien a causa de la violencia de género. Violencia también, cuando nos callamos todos. No te censures, no te prohíbas que no tiene nada de absurdo pedir seguir vivas.
La campaña contra el acoso callejero no debe sujetarse a una semana especifica, debe ser bandera de lucha cotidiana, nuestros cuerpos nos pertenecen en toda su unicidad y no debemos soportar pasivamente el acoso.










