“¡No con alguien que me lleva quince años!” Aunque probablemente tampoco tuvo forma de verificar aquello esa noche. “Ahora solamente estas siendo ridícula” suspiro, llevando una mano a su rostro para apretar el puente de su nariz con dos dedos. “¿Él te dijo que tampoco diría nada? Genial. Mi familia y mi amiga pretendían salirse con la suya.” chasqueo la lengua. Ante la pregunta enseguida cerró la boca. No, no quería que lo despidieran. Sabía cuanto apreciaba ese trabajo. “Claro que no. Por eso nadie más se va a enterar de esto.” finalmente bajó la voz. Al menos esperaba que las cosas se mantuvieran así, de lo contrario podría traerle problemas a ambos. “No lo recuerdas” repitió, nuevamente su mano subió a su rostro ahora para golpearse la frente. “Eres un jodido desastre.”
—¡No le pedí el pasaporte! —pataleó, completamente frustrada. Lo gracioso del sexo casual era no saber nada o creerte las mentiras de la otra persona, no pedir la partida de nacimiento. —¿Quién te endiente? Si digo de preguntar, soy ridícula, si no lo hago, soy horrible... ¿Tienes mas familia a la que deba evitar? —cuestionó, totalmente superada ante lo absurdo de aquella conversación, no tenía forma de excusar el estúpido error. —Claro que no, se juega mucho más que su trabajo, se juega la carrera... Matas a un perro y te tachan de mataperros. —arqueó ambas cejas, esperando que ella entendiesen la comparación. Ninguno había sido consciente de quién era el otro hasta que se toparon en el campus en sus respectivos papeles. —¡Gracias! —exclamó, exhaló un suspiro, ahora algo más tranquila. —Saskia, no recordaba su nombre hasta que lo vi en la página de docentes... —gruñó. Y para que ella olvidara algo, quería decir que había bebido muchísimo más de lo habitual. —Joder, dime algo que no sepa.