Realmente él problema es que hay voces en mi cabeza. Aquellas que pasan de la mía propia. Y me dicen cosas tan feas. Que aunque sepan qué no son reales despiertan mis miedos.
La voces de extraños insultandome, la conversión ficticia de mis vecinos o mis padres diciendo que desgracia de hijo. O los murmullos en el aire que no prostinan nada bueno.
Odio el verme en cualquier reflejo y ver cómo mi aspecto cambia a cosas tan raras. Que jamás podré explicar lo qué siento. Es un miedo que se hace real. Sinceramente puedo afirmar que realmente no conozco mi aspecto. No sé cuál es mi verdadero reflejo.
Y realmente no quiero hablar de todo los demás que ven mis ojos a lo largo del día. Ni de todo lo que ví lo que llevo de vida.
Y a veces creo qué nadie realmente me cree. Tal vez, porque nunca puede explicar realmente cómo me sentí . Lo que ví. Lo que oí. Pero me deja tan calado en mi interior qué sé que realmente me afecta. Sin importar si eso no se llega a ver en mi cara exterior.
Por eso quizás creen que no es real. Qué es falso. Que no me apuede afectar. Y yo también lo intento creer.
Pero no sé que pasará conmigo en el camino.












