Hotel Boutique
Nos hemos ido de fiesta. Bueno, no. Nos hemos ido a una gran inauguración de un Hotel Boutique en San Telmo que prometía tener invitados de lujo, arte en sus habitaciones, barra libre y esas cosas que las inauguraciones siempre prometen.
A unos minutos de llegar, ya nos habíamos dado cuenta que más que San Telmo el barrio estaba muy próximo a Constitución (lo que no es muy bonito un viernes a las 22hs), y al mismo tiempo se podían ver las torres de Puerto Madero. Son esas singularidades que tiene Capital Federal.
En la cuadra había muchos niños jugando a la pelota, tanto de una mano como de otra. Y hasta hemos cruzado varios hoteles residenciales… vaya lugar para estar ese Hotel Boutique. Bien, llegados al lugar nos dieron un papelito “guardalo que es para el sorteo” nos dijo el pelicular hombre que estaba de conserje (tenía un aspecto mitad hombre lobo, mitad Homero Simpson). El lugar era muy bonito, una vieja casa tipo conventillo reformada y decorada muy… hipster (suspiros...). Muebles nórdicos con Louis VII, empapelado de flores en tonos pastel, mucho blanco, y unas peculiares camas empotradas en lo que algún día fue… un jacuzzi de un sauna(?!).
Pero esto no viene al caso. Lo que sí viene al caso eran los invitados. Los invitados, no eran ni de lujo ni de los buenos. Eran esos jóvenes artistas modernos que se lo creen todo. Los modernos del arte. Esa gente me causa un poco de gracia. No llevan perfume puesto, y si tienes uno importado te miran con mala cara. Si tienes algo que no sea vintage o de diseño de autor te miran con mala cara. Si te ríes te miran con mala cara. Hemos llegado a la conclusión que los modernos son eximios de sentimientos. No demuestran ni alegría ni tristeza, bailan con caras petrificadas nulas, cantan canciones con estrofas como “la ropa sucia, hecha un bollo”, creen que su arte es de vanguardia y van vestidos como si fuera lo primero que encontraron en el placard, pero se han pasado la semana buscando el outfit para esa ocasión.
Los modernos no te reman una conversación. No emiten opinión si no saben de lo que hablas y te desconversan con otra cosa -un poco frívola- o te hablan del último viaje a Bolivia que hicieron para poder encontrarse con ellos mismos “He pasado un mes mirando una roca para poder encontrarme. Fue un viaje espiritual”.
Conclusión: después de quedar recluidos en la última terraza criticando todos estos modernos hemos huido hacia Av. Corrientes donde hay gente de toda clase, con menos rollos y de paso podíamos encontrar algunas bargañas de libros.











