El enterramiento
Al principio no era nada, ligero e inconsciente como una pluma. De repente, empezaron a caer sobre mà puñados de tierra, que me fueron despertando. Al principio no entendÃa, todo era confusión onÃrica, pero poco a poco fui comprendiendo, al ritmo en que la tierra frÃa y húmeda caÃa sobre mÃ. Estaban recordándome, a cada momento, que la madera de roble con la que estaba hecho, tan majestuosa, estaba condenada a ser carcomida por el tiempo, olvidada para siempre en una ausencia presente, en una fosa anónima. En un momento perdà la cuenta de cuánto barro habÃa podido caer sobre mÃ; no pude evitar sentir cierta angustia. SentÃa todo el peso, sabiendo que no sólo no cesarÃa, sino que además irÃa en aumento. Intenté aceptar la situación, mostrarme frÃo e indiferente. Aceptaba cada nuevo golpe de tierra, escuchaba con interés los palazos y los suspiros por el esfuerzo. Cuando me cansaba o me aburrÃa, o la frÃa tierra empezaba a incomodarme, me evadÃa a mis reflexiones. Notaba, por encima de mÃ, movimientos, el sonido de la pala, el viento y los pájaros que se posaban en algún árbol cercano. Inútilmente me propuse varias veces no caer en la desesperación, forzando la apatÃa. Pasó tiempo hasta que la asfixia se hizo insoportable. Ya entonces poco me podÃa importar que sobre mà irguieran una pirámide o me dejaran solo en cualquier sitio, sin mayor mención que una cruz de madera sobre mi precario sepulcro. Pude haber sido muchas cosas; ya daba igual. Ignoro lo que fue escrito en mi epitafio, si es que algo fue escrito. Sólo soy una caja de madera, nunca tuve un nombre. Sé que me aproximo a una eternidad vasta, infinita, y que acabaré cayendo inconsciente.
…
Cuando terminaron me abandonaron, dejándome ahÃ, solo, con todo el peso de la tierra sobre mÃ.
Empezó a llover, los ruidos se atenuaron y me sentà adormecido. Creà vislumbrar varias veces, con extrañeza, algo asà como el recuerdo de lo que habÃa sido. Me miraba y me desconocÃa. Me habÃa olvidado a mà mismo. No hizo falta aceptar nada: pasó tal cual.
Engañarse es creer controlar. Que todo siga tendiendo hacia ninguna parte, y que asà alcancemos la paz.











