sms: Dije que no me olvidaría de ti y no lo hice. Guess what? Estoy en NYC y no sé, me acordé de ti; te quiero.
sms: Grazie per non dimenticarmi. Ti amo.
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Love Begins

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he wasn't even looking at me and he found me

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Xuebing Du
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Janaina Medeiros
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⁂

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@fabrizzioserratore
sms: Dije que no me olvidaría de ti y no lo hice. Guess what? Estoy en NYC y no sé, me acordé de ti; te quiero.
sms: Grazie per non dimenticarmi. Ti amo.

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—Oh, quizás conoce a mi padre, el solía andar por esa región y hasta donde yo sé había entablado una gran amistad con muchos políticos.—, los viajes del hombre a Italia eran cosas casi semanales, sobre todo después de su divorcio y vuelta a Grecia, lo cual le quedaba mucho más cerca y ya no dependía del permiso de su mujer para viajar a su gusto. —Si, deberías, tienes un muy buen acento inglés de todas formas, puedes confundir a los distraídos. Yo, lastimosamente, tengo una mezcla de inglés americano, británico y griego que ya hace parecer que hablo ruso y arameo.— respondió con una mueca divertida, tanta mezcla de idiomas habían hecho estragos en el habla del rubio. —Yo espero que me regale uno para mis dieciocho, por lo menos. Mi madre, por suerte, no conduce, y el carro de Anastasia, que vive en Mónaco ahora, lo usa de auto de aprendizaje Achileas, así que imagina como está el paragolpes.— frunció sus labios pero luego sonrió ante la reacción del chico, —¿Lo ves? Te dije que era genial, vamos.— agregó, empezando a caminar hacia la gran entrada.
Con una fugaz mirada, analizó al rubio. Era casi seguro que su padre tuviera entre sus amistades al progenitor de aquel, puesto que sí, era una persona que buscaba agradar a todo el mundo. -- ¿Cómo se llama tu padre? Le preguntaré al mío si le conoce... Aunque sería raro, porque mi padre siempre insiste en presentarme a quienes conozca que tengan hijos casi de mi edad... Así conocí a Donovan, supongo que a él lo conoces, ¿no? -- inquirió, refiriéndose a la popularidad del presidente de la Academia. -- Mi acento apenas lo disimulo, además de que cuando intentas fallidamente estudiar Conducción de Programas de Televisión, te exigen ser lo más neutral posible al hablar. Pero bueno, tampoco es que necesite esconderlo para hablar. -- explicó, pensando en una de las posibles causas por las cuales ahora podía escucharse más extranjero que italiano.
Le seguía de cerca, necesitaba conocer más de aquella feria única en su especie, y no podía evitar pasear los ojos por ahí, y de tanto en tanto, de vuelta a su compañía. El joven parecía tan entusiasmado que de seguro comprendía sus pensamientos con respecto al lugar. -- Tenías razón, Alex... Vaya que hay autos aquí, en serio... --
Aquí, con el ex-vicepresidente, Luke Pembridge.
@iShane: el desierto dude, tal vez te pierdas.
@FabrizzioSerratore: Uh, ¿gracias? Qué bonitos deseos...

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—Inauguró hace… Vaya, cinco años ya.— dijo sorprendido al darse cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo, —Recuerdo que tenía doce y casi condujo uno porque ya llegaba a los pedales pero mi padre casi se tira sobre el auto para frenarme cuando me vio.— hizo memoria con una sonrisa en su rostro, aquéllo había sido divertido en su momento y eran buenos recuerdos que lo hacían querer volver siempre a los Emiratos. Luego escuchó atentamente lo que decía Zio mientras el taxi se metía en un túnel subacuático, el que los trasladaba de Abu Dhabi a Yas Marina, la isla donde se encontraba el complejo de la marca italiana. —¿Perugia? Así que de la región de Umbria, eh… Tenías un acento que se me hacía conocido.— confesó con diversión, conocía varios idiomas por lo que rápidamente descubría las nacionalidades por acento, pero debía admitir que el chico lo había confundido con su impecable inglés. —Oh, yo no podría ir a esos lugares y no tocar todos los autos, es algo que me emociona.— comentó mientras sacaba la billetera del bolsillo de su camisa, donde tenía guardado algunos dírhams en caso de que tuviese que moverse en taxi. —Bueno, cuando cumplí dieciséis me esperaba un gran coche como regalo, ¿Sabes qué recibí?—, enarcó ambas cejas, —Una camisa. Por lo que tuve que trabajar bastante para conseguir mi auto. Mientras que a mi gemela, sus suegros le regalaron una camioneta, ¿Puedes creer eso? Para colmo terminó con su novio tres días después…— negó levemente y apenas frenó el auto, le pasó el dinero al conductor, para así abrir la puerta y bajar.
Anonadado por toda información conferida en unos pocos minutos, Fabrizzio sólo atinaba a asentir mientras intentaba ubicarse en el tiempo que describía el muchacho. Intentaba visualizar el mismo joven en un cuerpo minúsculo, intentando arrojar un auto a la marcha, detenido por su molesto padre tal cual lo narraba. Sinceramente, logró arrancar una minúscula risa de sus labios, mientras escuchaba con más atención. -- Pues sí... De hecho mi padre dejó de ser el alcalde para ser el Gobernador de Umbría, y diré que... gracias. Creo. -- reafirmó con una expresión entre confusa y divertida en su rostro. --Aparte de los otros italianos... que de paso ya me conocían cuando llegué, eres el único que ha reconocido mi acento. Creo que debo tomarlo como un cumplido, ¿no?-- preguntó de manera retórica, soltando otra risa en conjunto con sus palabras. Se sorprendió, eso sí, de la habilidad del joven para manejarse independientemente en el lugar. Notaba que ya había estado antes por aquí y de seguro conocía perfectamente qué hacer en esa ciudad que traía confuso pero interesado hasta las patillas al moreno. -- Se supone que a mí me regalaron un auto para mis veinte, pero obviamente no lo conduzco. Se quedó en Italia, y la única que lo mueve, aparte del chofer, es mi madre, cuando quiere "lucirse" con su círculo de amigas de la alta sociedad... -- explicaba rodando los ojos en señal de disgusto con esas actitudes de su madre, que poco le agradaban. Realmente, parecía que nunca dejaría de ser... ordinaria, por así decirlo, y no es que eso sea lo que le molestaba a Zio, pero no quería verla bajar tanto al punto de sólo querer agradar a quien sea. Pensamientos ajenos al rubio, realmente, pero que hasta el momento de bajar del transporte, tuvieron la mente de Serratore ocupada. Con una mirada de confirmación a su entorno para asegurarse de que habían llegado, se movió hacia la puerta para bajarse tras el chico, mirando alrededor una maravilla única en su especie: Una colección y exposición de autos de lo más exquisita, que sólo podía dejarlo boquiabierto en el instante. -- Wow... E-nor-me. --
Whatsapp: Dude, ¿qué más se hace aquí que atender a los paseos turísticos y respirar?
WhatsApp: No mucho, solo eso. WhatsApp: Solo bromeo… WhatsApp: Aunque no está muy alejado de la realidad. Podrías salir a algún club… Le preguntas a la persona más aburrida del mundo, Zio.
WhatsApp: ¿Por qué no? ¿No me ves capaz de odiarte?
WhatsApp: Eso no me lo creo ni yo, lol.
WhatsApp: Claro que sí.
WhatsApp: Told ya.
WhatsApp: Entonces vamos, saca tu perezoso trasero de tu cama y anda a verme al lobby del hotel.
@HeyKath: Pégala con cinta adhesiva.
@HeyKath: Por si no te habías dado cuenta soy una estúpida… Y, somos dos, tampoco sé a dónde demonios ir. Deberíamos salir juntos y ser miserables.
@FabrizzioSerratore: Nah, ya la repararán. Y tienes una buena idea. ¿Nos vemos en el lobby del hotel?
Asintió ante la respuesta del chico y, antes de contestarle, se dirigió al conductor, que esperaba las indicaciones por parte de alguno de los jóvenes, —A Ferrari World, señor, por favor.— pidió amablemente en un muy buen acento árabe, si no tuviese tanto porte europeo cualquiera creería que era de allí. El emiratí, con un pequeño movimiento de cabeza se dedicó a conducir entre las calles pobladas de autos de carreras y camionetas que superaban el millón de euros. —Si, digamos que me gustan bastante, algo que herede de mi abuelo materno supongo. Él tenía una gran colección de autos y, cuando vivía en Nueva York, me llevaba a todas las exposiciones que habían.— le comentó intercalando su mirada entre el chico y la ventanilla, admirando vagamente esos edificios que ya conocía pero no dejaban de impresionarlo. —Entonces supongo que te gustará Ferrari World, yo fui a su inauguración y vaya que quedé impresionado.
Zio apenas captó lo dicho por Alex al conductor, pero no detuvo la conversación. Más bien, interesado por lo que ahora presentaba, mantuvo el rollo fácilmente. -- ¿Ferrari World? Creo que escuché de ello en las noticias, y a pesar que ahora me interesa, en ese momento no presté atención... -- confesó apenado, recordando cómo se adaptaba a su primera semana en una nueva categoría de la Academia, mientras escuchaba tanto a sus compañeros del Consejo como la radio, intentando no mezclar las frecuencias. Arqueó las cejas interesado, puesto que compartían una afición que para el italiano era poco común hallar entre los superficiales jóvenes de la Academia. -- A mí, papá me sacaba cuando a él le tocaba inaugurar dichas exposiciones cuando era Alcalde de Perugia... Fui como a unas diez, aunque no me permitían tocar nada... Siempre me quedé con la frustración de que el automóvil de mi abuelo terminaría conduciéndolo yo luego de enviarlo a reparar... -- admitió con una pequeña sonrisa en su rostro, mientras volteaba a su vez la mirada a la ventana, donde el fino paisaje árabe se desplayaba ante sus ojos.
Whatsapp: Dude, ¿qué más se hace aquí que atender a los paseos turísticos y respirar?
WhatsApp: No mucho, solo eso. WhatsApp: Solo bromeo… WhatsApp: Aunque no está muy alejado de la realidad. Podrías salir a algún club… Le preguntas a la persona más aburrida del mundo, Zio.
WhatsApp: JA, JA.
WhatsApp: Te odio.
WhatsApp: Claro :) ¿dónde?
WhatsApp: Eso no te lo creo.
WhatsApp: Creo que entendí a un par de recepcionistas hablar de un bar cerca... ¿Quieres ir?

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—Sería un buen idea, entre el calor y el aburrimiento terminarán por matar a un par en minutos.— concordó con él mientras miraba a su alrededor, y al escuchar esa pregunta negó, —¿Quieres caminar en esta granja de hormigas?— preguntó, señalando a toda la gente que iba y venía por aquélla atestada vereda, —Por supuesto que tomaremos un taxi.— concluyó mientras estirando su mano frenaba a uno de los lujosos taxis de aquélla ciudad, algunos inclusive eran autos de alta gama. Abrió la puerta y esperó que entrase él para hacer lo mismo, —¿Te gustan los autos?
.Fabrizzio sólo seguía las indicaciones dadas por el rubio. Era obvio que conocía mejor cómo llevar las cosas en tal ciudad que ningún otro de los que le rodeaba, por lo cual comenzaba a depositar toda su confianza en él. -- Supongo que no, además, no me gusta andar así entre tanta gente... -- murmuró a manera de respuesta, observando cómo ante su llamado un auto se detenía, y no era cualquier auto, si no uno con demasiado porte como para andar en la ciudad. ¿En serio los taxis eran como en las películas que mostraban en tal parte del mundo? Jamás se había atrevido a ir a Medio Oriente en realidad, ni deseaba hacerlo, por lo que todo le sorprendía. -- Pues sí, sí... Mucho. Aunque más me fijo en los de colección -- respondió, subiéndose a la máquina en un instante. Se sentó a lado del otro, aún hablando. -- Mi papá tenía una vitrina de autos a escala, y un garage con veinte autos... ¿Y a ti, te gustan?
Whatsapp: Dude, ¿qué más se hace aquí que atender a los paseos turísticos y respirar?
WhatsApp: No mucho, solo eso. WhatsApp: Solo bromeo… WhatsApp: Aunque no está muy alejado de la realidad. Podrías salir a algún club… Le preguntas a la persona más aburrida del mundo, Zio.
WhatsApp: Donovan Visconti, ¿tú, aburrido?
WhatsApp: También bromeo, claro que lo eres.
WhatsApp: Bueno, ¿al menos me quisieras acompañar?
#2
— ¡Quiero ese camello! —exclamó observando a uno de los animales, el cual parecía un sobrepeso más que claro.— ¿Crees que podré llevármelo a casa?
-- ¿A casa? ¿Con "casa" se refiere a la Academia, profesor? -- inquirió curioso el italiano, arqueando apenas las cejas por la incredulidad que sostenía. -- Dudo mucho que le permitan llevarlo en el avión, aunque allá lo pueda mantener... --
—Me parece una buena propuesta.— afirmó con seguridad. —Zio, está bien.— respondió después de estrechar sus manos, —Bueno, debo confesarte que te conseguiste, si no el mejor, a uno de los mejore compañeros para recorrer la cuidad, ya que para tu buena suerte la conozco Abu Dhabi al derecho y al revés.— aseguró, y no mentía, ese país árabe era el lugar favorito para ir de vacaciones de toda la familia real griega, y el padre de Alex no era la excepción.
Sonrío el italiano, como si de haber ganado un millón de dólares en la lotería acabase, asintiendo. -- Perfecto. ¿Te parece si vamos ahora mismo? No tengo muchos deseos de ver cómo terminan todos desmayándose del aburrimiento en este paseo.-- Sugirió, sabiendo que él sería de seguro el primero de marchar en esa interminable lista de posibles desfallecimientos. -- ¿Deberíamos tomar un taxi o ir caminando? -- inquirió lleno de curiosidad, a lo que metía su mano al bolsillo para tomar su celular y ver la hora, observando con un poco de frustración la pantalla de su teléfono, inmediatamente alejando el pensamiento, y dejándose de vuelta frente al joven que le hacía la conversación.
@HeyKath: ¡Oye! Se suponía dirías que no y me harías sentir mejor conmigo misma.
@HeyKath: Eh, ya sabes, despertando a mitad de la noche por el calor y el frío, comiendo más de lo que me es necesario, lo normal. ¿Qué tal tú?
@FabrizzioSerratore: Pues desesperado porque 1. tengo la pantalla de mi celular rota y 2...
@FabrizzioSerratore: Aún no encuentro un buen lugar aquí en Abu Dhabi para visitar antes de morir.

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—De todas formas, si no te molesta, me gustaría hacerlo. Sino me quedará el cargo de consciencia…— respondió antes de asentir con sus labios fruncidos, se sentía como un domador de leones en el circo, el muchacho ya no parecía ni un poco enojado. —Por cierto, soy Alexios. O simplemente Alex, un placer.— agregó, estirando su mano en dirección al moreno.
-- Entiendo... Pero de todas formas me iba a conseguir uno nuevo... -- sostuvo el italiano mientras hablaba con el rubio, pero no quería llevarle la contraria. -- Pero si insistes, te dejaré hacerlo, pero también tendrás que sacarnos de aquí de inmediato, si no, no hay trato. -- aprovechó para conseguirse un compañero de paseo por Abu Dhabi, para así no tener que quedarse tan sólo al disfrutar de las maravillas de la ciudad. Tomó en su mano la ajena, sintiendo el suave contacto que ofrecía. -- Fabrizzio Serratore, pero puedes decirme Zio si gustas, Alex. El placer es totalmente mío.--
—Si, no es nada.— respondió con una mano en su nuca, —De todas formas, lamento haber roto tu teléfono.— agregó al ver lo confundido que se veía el chico, parecía no sentir nada y por otra parte quererle dar una golpe, y en verdad se quería ahorrar aquélla situación, ese chico podría matarlo de solo un empujón, no pensaba arriesgarse. —Juro que lo repondré apenas tenga la oportunidad.
Fabrizzio asintió, tomando un profundo respiro antes de agradecer nuevamente, seguro de lo que decía ahora. A la final, no era más que un celular y ya, y de seguro el joven no tendría porqué haberle pateado el celular apropósito, si no que debía tratarse de un pequeño accidente y ya. --Gracias, y no te preocupes por ello-- murmuró antes de tomar de vuelta el pequeño aparato y ponerlo dentro de su bolsillo, asegurándose correctamente de tenerlo a salvo. --No hay necesidad de que lo hagas, en serio--