‘ la única diferencia entre tu familia y la mía, nabi ’ interrumpió su discurso un instante para pasar su lengua entre sus labios, y la miró. en sus ojos podía verse cierto brillo gracioso: ‘ es que a la tuya la tiraron al frente ’ jamás pondría sus manos al fuego un de valois, ¿cómo ganaron tantos contratos? dudaba que fuese sólo por el buen porte y carisma de sus antepasados. tampoco era la estrategia. había algo más, secretos y quizás hasta infidelidades, ¿no? la moralidad es una cualidad que sólo se vuelve obligatoria cuando eres pobre. atrapó el cilindro entre sus labios y encendió la punta con el mechero, la primera calada entró pronto en su sistema. ‘ no te juzgaré en voz baja, tampoco, soy de los que van de frente ’ no mentía. émile odiaba la falsedad, se escudaba tras la ironía y la sorna para soltar la verdad y lo evidente. lo prefería de esa forma, era más elegante que soltarla sin filtro y más realista que meterla bajo un tapete. él no necesitaba a nadie de aquí. ellos, por otro lado.
se rió entre dientes al ver su movimiento y apoyó uno de sus brazos tras de sí, como una especie de soporte, mientras su mirada fue hacia el cielo que cautivó a la princesa. ¿sería que estaba buscando compañía en ellas? la simple idea le provocó un sabor amargo en su boca. bajó su atención de vuelta a ella, a ese perfil que se mantenía en otra dimensión. ‘ claro que estaba pendiente de tu paradero, es lo que hace un hombre enamorado ’ llevó su mano hasta su pecho, pero se equivocó de lado y no lo puso del lado de su corazón. jamás lo necesitó en su vida. se echó a reír y volvió a tomar una nueva calada de nicotina. ‘ me pareció extraño no encontrarme contigo ’ se encargó de vagar por toda la fiesta, buscando alguna diversión momentánea, y uno de sus juguetes favoritos no estaba en ninguna parte ── ese que devolvía cada bomba sin echarse atrás. ‘ pensé que se te habían subido los humos a la cabeza ahora que eres una celebridad ’ la molestó, esta vez riéndose.
bajó su mirada hacia su reflejo sobre el agua y dejó de usar su brazo como soporte, para acomodar los mechones rubios que caían a un lado de su frente. ‘ nadie vino por razones altruistas a esta mierda ’ aprovechó su posición para darle un corto golpecito sobre su pierna, indicándole que la devolviera a la posición inicial. ‘ no es necesario que seas la princesa perfecta, puedes ser humana un rato ’ ahora fue él quién dejó una de sus piernas colgando de la madera y la otra doblada, en una posición similar a la que ella tenía al llegar, aunque un poco más relajada. ‘ es más divertido así ’ él adoraba ser un caos. destruir todo, hacer que los demás se sientan culpables y miserables por cortar sus alas.