—Y así...
El gesto sorprendió levemente a la morena, la cual lo correspondió totalmente encantada mostrándole otra de aquellas sonrisas sinceras que sólo Kyle conseguía hacer realidad. Agachó su mirada unos instantes debido a aquella timidez que la recorría por dentro incapaz de articular palabra para responder al joven, volviéndola a alzar encontrándose con los aquellos ojos que tanto le encantaban. La proximidad aún era bastante notable entre ambos cuerpos y la italiana era consciente de ese dato. ¿Qué se supone que estaba pensando? Era demasiado arriesgado, ella misma podría arrepentirse muchísimo de aquello. ¿Y si todo era una mera ilusión? ¿Y si aquella otra yo tenía razón? No sabía cómo podría afectarle y la verdad, su situación no era la más indicada como para jugar o tomar riesgos que podían ser considerados innecesarios. Todos aquellos pensamientos recorrieron su mente a la misma vez que la muchacha se perdía en los orbes del chico, todavía sin haber mediado palabra aunque fuera para al menos proporcionarle una simple respuesta. Recorrió su rostro con la mirada, rompiendo aquella atracción que su vista sentía por la del contrario, observando todos y cada uno de los detalles que lo componían, hasta finalmente llegar a sus labios. Sintió como en aquél momento su corazón comenzó a latir de una forma más rápida, como si este estuviera animando a la italiana a hacerlo. Quería hacerlo ¿Pero por qué dudaba? Aquella sensación, aquella inseguridad que creía haber olvidado cada vez que se encontraba con él parecía volver a desgarrar su interior. No, no dejaría que volviera a suceder y más cuando creía haber encontrado una forma de poder sobrellevarlo, no volvería a reprimirse, no durante más tiempo. Con un movimiento quizás un tanto repentino llevó ambas de sus manos alrededor del cuello del muchacho acariciándolo de forma suave, alzándose levemente para así poder quedar a su altura y posar sus labios sobre los de él. Su mundo interior fue recorrido por miles de sensaciones que la joven no podía llegar a describir por separado, un escalofrío, una corriente eléctrica que daba paso a un cosquilleo cálido, todo aquello provocado por el beso que tanto tiempo había esperado y, que a pesar de todo y por triste que fuera, no sabía si podía llegar a ser correspondido.
Cuando notó aquel contacto tan repentino e inesperado por parte de Giulietta, sus ojos se abrieron de par en par. Llevaba mucho tiempo con la idea de hacer aquello en la cabeza, de lanzarse de una vez y dejar los miedo atrás. Sin embargo, las inseguridades y los malos recuerdos no eran pequeños y fáciles de ignorar, retrasando el momento cada vez a más, sintiéndose frustrado consigo mismo. Quería conocer los sentimientos que la chica pudiera tener por él, si es que los tenía, aunque ahora podía afirmar sin ningún atisbo de duda de que dicho afecto era totalmente mutuo. Acarició la cintura de la chica, ascendiendo sus manos lentamente por su espalda, aferrándola a él, continuando con aquella unión que la joven había comenzado, intensificando aquel beso del que, pasara lo que pasara entre ellos tras eso, no olvidaría con facilidad. No solo por ser algo que llevaba anhelando desde hacía bastante, sino por tratarse de un gesto tan inesperado por parte de Giulietta, a quién tenía más bien por una chica tímida y poco lanzada en temas amorosos, sorprendiéndole a la misma vez. Las yemas de sus dedos rozaban las puntas del cabello de la morena, enredando sus dedos entre los mechones desordenados de esta. El hormigueo que acariciaba su estómago, las famosas mariposas que revoloteaban en este y que casi creía haber olvidado. Aquella retahíla de sensaciones que parecía que no volverían nunca, aparecieron en un instante con cada gesto, cada acto, cada cariño que la mujer le daba y él mismo le ofrecía a ella, quién parecía aceptarlos sin ninguna objeción. Rompió la unión entre ambos unos instantes, perdiéndose en los ojos de la joven, llevando una de las manos que se encontraba en su cabello a su mejilla. La separación entre ambos aún era mínima, sus cuerpos apenas se encontraban distanciados el uno del otro. Apenas había espacio alguno entre los labios de la pareja, sintiendo el suave tacto de la boca de la muchacha en la suya. Sus ojos volaron por el rostro de Giulietta, examinándolo, como si se tratara de la primera vez que lo observaba, deteniéndose en cada detalle de su semblante. -- ... Te quiero. --susurró, rozando los labios de la mujer con los de él, volviendo a unirlos en un suave beso que se intensificaba por momentos, descendiendo la mano que había permanecido en los pómulos de ella, alcanzando su cuello.











