"Match Inesparado Parte 02"
Perspectiva de Gilberto:
Después de salir de la universidad, Pedro y yo nos dirigimos a mi apartamento para hablar sobre cómo manejaríamos estas dos semanas de intercambio. No podíamos simplemente vivir nuestras vidas como si nada; había que planificar.
—Voy a encargarme de preparar tus clases, y te capacitaré para que puedas darlas sin problema —le dije con firmeza.
Pedro hizo una mueca y se dejó caer en el sofá.
—Jamás he dado clases. Lo más cercano han sido exposiciones... y ni siquiera me gustaban —se quejó.
—Pues vas a tener que acostumbrarte —le respondí—. No es solo por mí, sino porque podrías meterme en problemas si lo haces mal.
Bufó con frustración pero terminó aceptando, aunque dejó claras sus condiciones.
—Entonces tú no arruines mi reputación, ni con mis amigos ni con Karla —me advirtió—. Y Rubén va a asegurarse de que no te pongas flojo con mi cuerpo.
Acepté, aunque lo último me causó gracia. ¿Tan preocupado estaba por su físico? Bueno, tendría que respetarlo.
Antes de separarnos, le di instrucciones sobre cómo usar las cosas en mi apartamento y le expliqué mi rutina. Por suerte, Pedro mencionó que sus padres estarían fuera del país durante esas semanas, lo que facilitaría su adaptación.
Nos despedimos con la promesa de mantenernos en contacto y revisar cómo iba todo al día siguiente.
Perspectiva de Pedro:
Me dejé caer en el sillón y encendí la televisión, pero nada me llamaba la atención. Los viernes solía salir con mis amigos, ir a alguna fiesta o al menos distraerme con algo más emocionante. Pero ahora, atrapado en el cuerpo de Gilberto, lo único que tenía por hacer era estar encerrado en casa.
Me miré en el reflejo de la pantalla apagada del televisor. Mi nuevo físico me incomodaba. Estaba lejos de lo que me gustaba ver en el espejo.
A las diez de la noche, el cansancio empezó a invadirme. Me puse ropa para dormir y me recosté en la cama. Como parte del acuerdo, habíamos intercambiado cuentas en nuestros celulares: mi teléfono tenía las redes de Gilberto y el suyo las mías.
Tomé el celular de Gilberto y revisé sus redes sociales. Apenas publicaba cosas, solo recomendaciones de películas y uno que otro artículo sobre educación. No tenía mucha vida social en línea.
La verdadera sorpresa llegó cuando revisé sus mensajes. Entre ellos, había una conversación con alguien llamado Alfredo. Al principio pensé que era solo un viejo amigo, pero cuando leí más, me di cuenta de que era algo más.
Era su ex novio. Me quedé en silencio, tratando de procesarlo. ¿Gilberto era gay? Nunca lo habría imaginado. Aunque, ahora que lo pensaba, nunca lo había visto con ninguna mujer.
—Vaya, vaya... —murmuré para mí mismo.
Esto hacía que toda la situación fuera aún más extraña. No solo estábamos atrapados en los cuerpos del otro, sino que ahora también tenía en mis manos un secreto que jamás habría imaginado.
Perspectiva de Gilberto:
Llegar a la casa de Pedro se sentía como entrar a un mundo completamente diferente al mío. Mi plan original para el fin de semana era preparar las clases y asignar tareas, pero apenas pasaron unos minutos antes de que algo más captara mi atención: este cuerpo.
Era joven, con piel suave y músculos bien definidos. Algo que nunca tuve en mi juventud. ¿Y si me permitía disfrutar un poco de esta experiencia? Al fin y al cabo, Pedro tenía fama de ser rebelde. ¿No podía yo hacer lo mismo?.
El celular de Pedro vibraba constantemente con mensajes de chicas. Algunas coqueteaban abiertamente, otras solo dejaban insinuaciones. Me pregunté si Pedro también tendría admiradores hombres. Su historial de Instagram no mostraba nada fuera de lo común, pero…
¿Y si hacía un experimento? La idea de instalar Grindr cruzó por mi mente. No tenía malas intenciones, solo quería ver qué pasaba. Por 24 horas, solo para observar… Me convencí a mí mismo.
Para evitar usar los datos de Pedro, registré la cuenta con un correo mío y elegí algunas de sus mejores selfies. Coloqué etiquetas y una descripción creíble, nada demasiado revelador.
Apenas terminé el perfil, la aplicación comenzó a sonar con notificaciones. Un aluvión de mensajes llegó casi de inmediato. Hombres dejando cumplidos, preguntando si quería salir o incluso proponiendo encuentros más atrevidos.
Me quedé sorprendido. Jamás en mi vida había recibido tanta atención. Siempre fui rechazado, y mi única relación había sido con Alfredo, mi ex. Pero ahora, con este cuerpo joven y atlético, todo era distinto.
Mientras exploraba los chats, un perfil me llamó la atención. Rubén.
Me quedé helado. Mi alumno, el mejor amigo de Pedro… era gay. Antes de que pudiera reaccionar, llegó un mensaje suyo:
Rubén: "No eres Pedro. Sé que eres el profesor Gilberto. ¿Qué carajos está haciendo usted aquí?"
Tan pronto como recibí el mensaje de Rubén, mi corazón se aceleró. Me había descubierto. Por un momento, imaginé lo peor. ¿Y si se lo contaba a Pedro? Estaba en problemas. Pero algo en su tono me hizo dudar. ¿Era posible que Rubén también estuviera en el clóset?
Si él me confrontaba, yo también podía hacerlo. Así que, con algo de nerviosismo, le admití mi verdadera orientación sexual. No tenía mucho sentido ocultarlo más.
Su respuesta fue inesperada.
Rubén: "Te veo en la mañana. Vamos a correr y hacer ejercicio."
Tragué saliva. Miré su perfil en Grindr y me encontré con fotos demasiado reveladoras. ¿Era esta realmente la vida secreta de Rubén? También tenía un álbum privado. No quise abrirlo.
Apagué la aplicación y decidí enfocarme en lo que originalmente había planeado: organizar mis clases. Pero no podía dejar de pensar en la conversación que tendría con Rubén al día siguiente.
Perspectiva de Rubén:
Desde que Pedro y el profesor Gilberto cambiaron de cuerpos, me sentía culpable. Después de todo, la idea de la apuesta había comenzado conmigo. Ahora me tocaba ayudar a Gilberto a mantener el físico de Pedro. No podía dejar que se descuidara en estas dos semanas.
Pero lo que realmente me sorprendió fue descubrir que el profesor Gilberto era gay. Y no solo eso… probablemente también era un hombre de clóset, como yo. Nunca había tenido un romance con otro hombre. Salí con mujeres antes de darme cuenta de quién era realmente. Y nadie lo sabía. Hasta ahora.
Conocía a Pedro desde antes de la universidad. Siempre me pareció atractivo, pero no al grado de enamorarme. Ahora, pensar que el profesor Gilberto estaba en su cuerpo… era una idea extraña. ¿Cómo sería Gilberto en una relación? ¿Habría estado alguna vez con alguien?
La conversación en Grindr se sintió extraña pero reveladora. No quería seguir hablando por chat. Era mejor discutir esto en persona. Por eso, decidí que al día siguiente, cuando saliéramos a correr, hablaríamos a fondo.
Perspectiva de Pedro:
Desperté con la vaga esperanza de que todo hubiera sido un sueño. Que abriría los ojos y volvería a ser yo mismo. Pero no. Seguía atrapado en el cuerpo de mi profesor. Suspiré con frustración. Esto era aburrido.
Si al menos hubiera terminado en el cuerpo de alguien interesante… pero no, me había tocado ser el profesor más amargado de la universidad. Me estiré en la cama y revisé el celular de Gilberto. Nada interesante. Este hombre tenía la vida social de un mueble.
Entonces, un mensaje entró.
Gilberto: "Pedro, báñate. Olvidé decirte que hoy tengo un evento importante al que debes asistir."
Le respondí de inmediato.
Pedro: "¿Evento de qué? ¿Puedo inventar que estoy enfermo y no ir?"
A los pocos segundos, el celular vibró.
Gilberto: "No. Es una reunión de la facultad. No puedes faltar. Ponte algo formal."
Pedro: "¿Formal? ¿En serio?"
Gilberto: "Sí. Revisa mi armario. Hay un traje negro que te quedará bien."
Genial. Ahora tenía que pasarme la mañana jugando a ser un profesor responsable. Me levanté de mala gana y me dirigí al baño. Si iba a hacer esto, al menos intentaría no arruinarlo demasiado.
Ducharse en este cuerpo fue una experiencia… rara. No era la primera vez que veía a un hombre desnudo. Digo, las regaderas del centro deportivo no dejaban mucho a la imaginación. Pero verme desnudo como un hombre mayor era otra cosa.
Pero verme desnudo como un hombre mayor era otra cosa. Intenté no pensar demasiado en ello. Era un cuerpo, nada más. Me duché rápido y me vestí, pero pasé del traje que Gilberto quería que usara. No iba a parecer un abuelo en una boda.
Me puse unos jeans y una camiseta para darle un poco de vida y estilo a este cuerpo. Cuando salí del departamento, tomé el chevy de Gilberto. Me había prohibido usar su coche, pero ¿qué podía pasar? Llegué a la reunión, que resultó ser más aburrida de lo que imaginé. Nada más valía la pena que el café gratis. Justo cuando ya pensaba en largarme, alguien me llamó por mi supuesto nombre.
—¡Gilberto! —dijo un hombre acercándose con entusiasmo.
Oh, genial.
Tuve que fingir que lo conocía, sonriendo y asintiendo a todo lo que decía. No tenía ni idea de quién era, pero claramente era alguien cercano a Gilberto. Y entonces apareció otra persona.
Alfredo.
El exnovio de Gilberto. Mierda. Intenté disimular mi incomodidad, pero Alfredo me miraba diferente.
—Te ves… distinto, —dijo, dándome una sonrisa curiosa—. Ese estilo te queda bien.
¿Distinto?
Tal vez Gilberto jamás se vestiría así. Antes de que pudiera inventar algo, Alfredo fue directo al punto.
—¿Tienes planes para esta noche?
Yo ya me imaginaba a dónde iba esto. Mierda, mierda, mierda.
—Eh… no.
Maldita sea, ¿por qué dije eso? Alfredo sonrió más.
—Genial. Entonces ven a cenar a mi casa
¿Cenar?
Esto no podía terminar bien. Pero ya no podía decir que no. El universo estaba equilibrando la jugada.
Continuara...
Match Inesperado Parte 01:
P.O.V Gilberto: Nunca fui fanático de las aplicaciones. De hecho, apenas uso mi teléfono más que para lo esencial. Pero esa noche, algo en
Esperen próximamente la tercera parte de Match Inesperado














