Si tuviera que describir la como me siento en colores, hoy sería gris. No un gris como escala de grises, más bien un gris tipo cielo nublado: de esos días en los que no sabes si va a llover o solo está de humor cambiante. Como yo.
por qué estoy tan cansada si no he hecho nada?”. Literal. No corrí, no lavé ropa, no fui al súper, y aun así mi cuerpo está actuando como si hubiera subido el Everest
¿Lo raro? No estoy triste. No estoy molesta. Solo… gris. Como si mi energía se hubiese tomado el día libre sin avisar. Y en medio de eso, hay una paz rara. No hay que estar al 100 todos los días. Hay días como hoy, donde el logro más grande es existir sin culpas, comerse unas fresas sin remordimiento y decir "no quiero hacer nada" sin justificarse.
¿La maternidad? Todavía no la vivo a tiempo completo, pero ya empiezo a entender que no viene solo en rosa o celeste pastel. A veces, es gris nublado. Y eso también es bonito, porque me da permiso de tomarme las cosas con calma, sin culpas, sin filtros.
Hoy el mundo sigue, el bebé crece (aunque yo solo quiera dormir), y yo me abrazo a este gris suave, esperando que mañana tal vez llegue en amarillo, o quién sabe… ¡con ganas de ordenar el clóset!





















