—Jamás lo haría. Además, tú eres y siempre serás la única Anna para este Kristoff, no habrá ni una mejor, ni una peor— le aseguró arrugando la nariz, sin dejar la ladeada sonrisa que llevaba sobre sus delgados labios. —De verdad— asintió reiteradas veces, siendo de lo más sincero con sus palabras. —¿Cómo me aseguras eso? — indagó con un puchero. —No hace falta decir mentiras para que me sienta mejor— rodó los ojos con diversión.
—¿Pinky promise? —inquirió nada mas escuchar lo último dicho por el joven, alzando su dedo meñique a la espera que el rubio lo entrelazase con el suyo propio—. Nada es seguro en ésta vida, así que tendrás que confiar un poquito en mí... ¿Sí? —su mirada acabó en la ajena, sonriéndole con suavidad—. ¿Mentiras? Pero si no es ninguna mentira lo que te he dicho.




















