—Uhm, vale perdón. Mi madre también me dice siempre que hablo demasiado, así que entiendo por qué lo has hecho. Es mas, desde pequeña ha sido así y… Vale, vale, me callo. Lo siento, creo que he vuelto a irme por las ramas —se disculpó, mordisqueando su labio con levedad. Al momento recordó su pregunta principal, y negó—. Y, sobre los cigarrillos, no tengo ninguno. Ya sabes, no fumo.
— Escuchó las siguientes palabras de la castaña y gracias al cielo se pudo dar cuenta por si sola de que estaba cambiando el tema nuevamente así que solo se digno a esperar la respuesta que le pudiese dar. Maldijo en su mente cual la joven dijo que no poseía ningún cigarrillo. — Bueno, ahora que sé que no tienes cigarrillos y que te gusta hablar demasiado, podemos charlar. — se encogió de hombros dando una alternativa. —

















