Estadio
On thy fair stem were many names | En tu hermoso tallo había muchos nombres Which now no more I see | que ahora ya no veo But they're engraven on my heart | pero los tuyos están grabados en mi corazón Forget they ne′er can be | jamás los olvidaré. — The Rowan Tree, Lisa Knapp, Living (Original Motion Picture Soundtrack), 2022
Me encontré con esta hermosa canción en una escena de la película Living (2022), ambientada en el Londres de los años 50. En ella, William, interpretado por Bill Nighy, un disciplinado burócrata abrumado por un diagnóstico médico, decide abandonarlo casi todo para hacer sus últimos días memorables. Sin embargo, como sucede comunmente, nadie sabe cómo lograrlo.
De forma circunstancial, Sutherland, interpretado por Tom Burke, lo lleva de farra en farra hasta llegar a un bar. Allí, un solitario piano conmueve a William, y la nostalgia lo impulsa a pedir cantar "The Rowan Tree", una emotiva interpretación de una tradicional canción escocesa.
El serbal (rowan tree) es un árbol pequeño conocido por sus pequeños y brillantes frutos rojos (bayas). Por otra parte, el nombre Rowan tiene un origen celta; en irlandés, proviene de "Ó Ruadháin", que deriva de "ruadh", que significa "pelirrojo".
No sé qué fue lo que me llevo a escribir, o quizá lo sé con certeza: un poco de desvelo, una dulce canción escocesa, Londres reconstruyéndose en los 50, la nostalgia alrededor de un árbol que da frutos rojos, ¡Frutos rojos!, la ansiedad que nos despierta la incertidumbre por la Trinca Fresera, la pasión que enciende el fútbol en Irapuato, o unos versos que conmueven:
“Oh rowan tree, oh rowan tree | Oh árbol de serbal, Oh árbol de serbal Thou′lt aye be dear to me | Siempre serás querido por mí Entwined thou art with many ties | Estás entrelazado por muchos lazos O'hame and infancy” | De hogar y de infancia
En la canción se evoca un árbol que reverdecía en primavera, que florecía en verano, que era incomparable, que alegraba el otoño, que dejó marcados tantos nombres. Un árbol de dulces frutos rojos brillantes que daba sombra, donde pequeños y grandes dejaron recuerdos imborrables; tal como nuestro Estadio Irapuato.
Lo que son las cosas, "estadio" es una palabra que proviene del latín "stadium", con origen en el griego "stadion", que significa "carrera a pie" o "unidad de medida". Hoy, esta palabra la relacionamos con un recinto de grandes dimensiones con graderías para los espectadores, destinado a competiciones deportivas y a despertar emociones. Un estadio sin emociones es un montón de nada.
Nuestro estadio hoy es una "unidad de medida"; es nuestra nostalgia de lo que no sucedió y de todos los sueños que se volvieron realidad. Es la quimera de la gloria siempre a cada inicio de temporada; y segun el caso, el honor desbordante o la dura realidad de la frustración en el último partido del torneo.
Como unidad de medida, nuestro estadio refleja la grandeza de nuestros anhelos, la ilusión de la identidad, el fervor de una afición, la tradición que se resguarda religiosamente, la alegría de compartir en familia; pero también las ambiciones, las traiciones, la voracidad, en momentos la violencia, el egoísmo y la falta de cohesión.
La unidad de medida hoy es un lamentable empate cero a cero: nadie gana y todos perdemos, sobre todo a quienes tienen la ilusión de estar en la grada y alentar a once que visten de azulgrana, que, antes del alto deseo de ganar, tienen la convicción de agradar y de hacerse uno con el jugador número doce.
Finalmente, en este ir y venir de ideas, me pregunto ¿Qué sería del Estadio Irapuato si fuera de nosotros, patrimonio de los irapuatenses? ¿Qué sería de la Trinca Fresera si fuera nuestra, tesoro tangible y inmaterial? ¿Qué sería de Irapuato si lo hiciéramos parte de nosotros?
Hoy no tengo las respuestas, solo tengo una ferviente convicción: Un día volveremos al serbal que da frutos rojos brillantes, a nuestro Estadio, a ver a once valientes pisar el verde y gritar a todo pulmón: ¡Trinca! ¡Vamos Irapuato!















