Atracción mutua por motivos incompletos
No hay bondad ni tampoco desgarros,
solo debilidad.
Sucumbir no puede ser una opción,
renuncio a mi piel.
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@eclair-violet
Atracción mutua por motivos incompletos
No hay bondad ni tampoco desgarros,
solo debilidad.
Sucumbir no puede ser una opción,
renuncio a mi piel.

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Ajedrez: Me lo contó Platón
Cuando juegas ajedrez, no solo te dispones a ganar, sino que juegas por una ejecución impecable, precisa, sin mayores sacrificios, juegas por la excelencia de la elegancia mental.
Te sientas a observar una superficie de estructura cuadrada, compuesta de ambivalentes 64 cuadros, con una diversidad de piezas a tu merced, se revisa con una mirada para asegurar el orden.
Con regla en mente, con agudeza y ambición, levantas la vista, y sabes que comienza el juego. Desde el azar, se determina el privilegio, se comienza con simpleza encaminando una táctica perspicaz.
Pieza tocada, pieza movida; no hay descuido, o no deberÃa cuando seleccionas entre todas la que serÃa buena opción. Es reglamentario, toqué el alfil diagonal negro situándolo para engañar al enemigo.
La estrategia se tejió asÃ, una constante pillerÃa, quién cae primero. Qué aburrido.
Ya sé jugar, sé cómo hacer para que caigas. En definitiva, sé cómo obligarte a caer en el cuadro equivocado, el que te deja a mi merced. Atarte a mi voluntad es dejarte morir.
Cuando juegas no te quedas solo con el movimiento de piezas, te quedas con la mirada, los gestos, la comunicación fuera de las reglas, todo tan humano.
Pienso en mi vida como una partida,y sobre eso, hace 1 minuto eterno que no puedo moverme, estoy en jaque, no te vi venir. No hay elección, hay que proteger la razón de tenerte un momento más en la mesa, conmigo.
Me protegà sin mayor opción, era inevitable. Movà la pieza hacia un costado, en el momento en el que sonreÃste ya era declarado un jaque mate. Me esperabas del otro lado, y yo descubierto, me dejo caer por partes.
¿Quieres jugar otra partida?
-Otro dÃa tal vez, mientras, prolonga las ansÃas que tengo de volver a verte un poco más, pero no te olvides, estoy en jaque desde que te apareciste, y no me puedo mover.
Una memoria que tuvo nombre y buscó redención de sus apellidos.
Es un lienzo en el vaivén del océano.
Sus colores inspirados en tonos frÃos,
ojos tan profundos como un arrecife,
fuerza de dioses en su vaivén.
Si existió el arte, te aseguro que nace de allÃ.
Lo sé, heredera del talento y misticismo.
En besos de escarlata
Cuando veo en tus oscuros ojos, trato de entrar en ellos para descifrar bien tu amor por mÃ.
Cuando sonrÃes vivo observando tus labios, ya para cuando me acerco a ti, se vuelve escarlata entre tu boca y la mÃa.
Tu cabello se enreda en mis dedos como cuando escurre la acuarela en mis memorias, lo vuelves de escarlata, todo mi mundo en verdad.
Haces de un lienzo por tus trazos, el color,pero prima el hecho del sentido que me nace cuando pienso en tÃ.
Podré perder el rumbo, y cuando pase, quiero recordarte con la tintura de tu aroma y el perfume de tu vida.
Destellos de silencio
En colores explotan sentimientos,
en un ambiente tan frÃo como extraño,
la verdad resulta impÃa.
Improvisa dicen,
el sufrir es inevitable,
mañana sabrás a lo que arriesgas.
Haz todo menos decirlo,
guarda el secreto un poco más,
el sufrir es inevitable.
¿Existe valentÃa?
existe, mas no la prudencia.
Apacigua tu boca en silencio.

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Tinta seca
Antes de ser opalina y tinta.
Dibujé y escribà en hojas simples, guié mi mano con cada microespasmo de mi corazón;
escribà una historia sin ningún principio,Â
dibujé fantasÃas y plasmé todo lo que era incrédulo.
Ahora redacto el final,Â
sin jamás escribir un tÃtulo.
Por lo pronto, es el borrador de mi historia,Â
un escrito que jamás será verdad,Â
que jamás será un libro con hojas de opalina y tinta.
Entré a un gran salón adornado con los más finos bouquet de flores y porcelanas relucientes. Se orquestaba un encuentro, se preparaba un vals.
Todos hablaban sin notar mi desabrida apariencia, era obvio, todos los demás tenÃan trajes coloridos, brillantes y adornados con cristales.
Era bastante clara la diferencia, absolutamente asimétrico, era lógico que no encajarÃa en el cielo con las estrellas. Yo no tengo ni un poco de brillo, pero para encajar lo intenté, probé ser un astro; fallé.
En dolor. Pude mirar mi sombra de frente, podÃa verla por primera vez, porque a mis espaldas los demás gozaban del olimpo dorado, solo por eso, y por única vez.
A mitad del baile, se abrió un portón gigante, brillante, tan potente que hizo desaparecer la oscuridad y quemó mi piel a gravedad, me voltee para ver esa proeza natural; de ese gran portal salió lo imposible, salió el sol vestido de una túnica dorada, ojos plateados, una tez de diamantes, y una simpatÃa cálida.
Por un acto suicida, me acerqué, y cada vez que lo hacÃa, los invitados hacÃan una barrera para tomarme del ropaje y arrojarme al despojo. Un ser sin luz jamás podrÃa siquiera asomar un respiro ante la nobleza de la mayor aristocracia de la galaxia. Entendà mi posición con cada empujón al olvido.
Derramé la primera lágrima, me odié, los odié. Pero jamás a la divinidad, tenÃa una devoción innata, al parecer, como todos los que estaban en aquel lugar. Me retiré al patio y a la humedad.
Las estrellas de la noche se iban ya a reposar, y yo ahà sin poder encontrar paz al cerrar los ojos, mi conciencia me hacÃa del insomnio mi mejor amiga cada dÃa.
Ya estaba próximo el amanecer del otro extremo, todo se hacÃa más claro y mi presencia caduca con los segundos. Cuando querÃa soltar el último aliento, una boca me devolvió el alma a los ojos con un beso. En ese momento sentà un abrazo único, una experiencia que repetirÃa en cada reencarnación. Duró apenas pocos minutos. Tu y yo somos un eclipse. Tú, el sol y yo, tu triste parásito. Te esperaré otros años más, por favor no tardes.
Creo que voy a perecer en tu olvido, volveré como la luna roja.
Hasta el último latido
Ese dÃa en que decidà serÃa mi último suspiro, mi alma abandonó el cuerpo destruÃdo. Necesitaba salir de ese cuerpo moribundo, roto hasta el último hueso, investido de sangre por toda la piel, pero vivo por una sola promesa.
Hasta el último latido lo sentÃa por ti.
Te amaba tanto como para no querer perderte, y el consuelo de verte en otra vida no me era suficiente, me sujeté a todo, incluso al dolor. En mis ojos taciturnos se veÃa mi fin.
Todo se apagó. No recuerdo más.
Un impulso eléctrico viajó desde unos ojos hasta el cerebro, después de eso te vi, te vi caminar en un espacio que no reconocÃa. A mi mente volvieron los recuerdos de mi amor por ti, desesperadamente me acerque para abrazarte, y no me entendÃas, me abandonabas.
Y claro, mi corazón caminaba con otra piel, con otros huesos, con otro nombre. No me reconocÃas, llevaba otro nombre y otro rostro. Mi corazón fue transplantado a otra oportunidad de enamorarte.