En estas noches de ansiedad e insomnio lo más triste es no tener a quien pedirle un abrazo, a nadie que me calme o me contenga. ¿Mi madre? Lo intentaría, pero se sentiría tan falso, me daría asco, recordaría todo lo malo que me hizo pasar y porque estoy donde estoy ahora.
Pienso en alguien más, que nunca me ha visto tan vulnerable y sé que solo querrá sexo a cambio, también recordaría cosas malas y me llevaría a un ataque incontrolable o sino, sería un chisme y una gracia para él y sus amigas, algo con que chantajearme y hacerme sentir una loca que nadie quiere… Entonces, no, no tengo a nadie. Y no me puedo abrazar a mí misma.














