“Lo sé, yo tuve la culpa”
Hoy te escribo con el objetivo de intentar decirte adiós (una vez más) y por fin poderme alejar de ti, ya que después de tanto he comprendido todo lo que ha pasado, lo que particularmente he vivido estando a tú lado. Me queda claro que cada momento que compartimos fue único, fue especial (al menos para mi), y cuando llego a sentirme ahogado cierro los ojos y añoro nuestros recuerdos en mi mente para poder hallar un poco de tranquilidad, porque tú sin saberlo me das paz, de aquella que solo se puede conseguir cuando sientes esa complicidad por alguien (aunque la otra persona no), esa seguridad, ese “no sé qué”, que te hace tomar un respiro y seguir como si nunca hubiera existido un mal.
Estas palabras son la antología de lo que amo de ti, lo que me fascina de una mujer y que sin darme cuenta halle en tu reflejo, tu mirada, tú piel, tu sabor, tú voz y todo lo que termine en ti. La pasión que teníamos sobre la cama que me volvía un fiel sirviente y fanático de tus placeres, que entre tus delicadas manos encontraba el calor que me quitaba el frío del pecho. Tus cantos por las tardes al caer el sol, junto con la melodía que disfrutabas repetir una y otra vez para que la escucháramos juntos, encontrando el horizonte tomados de la mano y en una escena romántica concluir en un beso que duraría toda una vida (Me queda claro que solo para mi). Las cicatrices que se transparentaban en cada ocasión que platicábamos, no había ruido de fondo y todo era claro, la confianza siempre estuvo presente y eso me daba tranquilidad, llenándome de certeza de que mis palabras estaban seguras contigo (Al menos de eso estoy tranquilo). Me mostrabas lo que nadie había hecho, me hiciste conocer el mundo de diferente manera y a tú lado empecé a creer que los días eran las canciones que reproducía para volver a verte, sintiéndome ahogado en ilusiones y pensamientos que deseaba fueran por el resto de los segundos que nos quedarán de vida (acabo antes de lo que pensé).
Algo que me lleno de cariño por ti, es la forma en que me abrazabas y callabas cuando me veías llorar, porque sabias que no necesitaba escuchar lo que todos dicen, tan solo sentir que de verdad no estoy solo y junto a tú pecho así era. Estando a tú lado no quería a nadie más, la luz de mis días, el latido de mi corazón, el hombre que te quiere, te desea y quien daría todo por verte bien.
Esta también es la antología de todo lo que odio de ti, porque llegando casi al final logre acercarme a ti con el corazón en la mano, para decirte más de lo que ya sabias, tan seguro de que te quedarías, sabía que en algún lugar de tú ser, tú me querías (Típico de un hombre enamorado) y que por fin había llegado el momento de concretar todo lo que estuvimos cosechando juntos.
No sé si les ha pasado que despiertan por la noche desconcertados y al mismo tiempo exaltados, con vagos recuerdos de la pesadilla que los levanto de golpe, pero no están seguros, por que en esos breves instantes no tienen la certeza si todo aquello paso en la vida real o solo fue un delirio de su propia mente.
Pues regresando a lo que les estaba contado, así me sentí cuando te escuché decir que lamentabas que me confundiera, que eso no era lo que querías para nosotros y que nunca me habías pedido nada. Simplemente no supe que hacer, que decir, tan solo aceptar esas palabras, y con un “Ok”, y hacerme el mudo para retirarme a cualquier otro lugar, apartado de ti.
De todo esto resultaron dos cosas muy importantes, porque a pesar de todo el dolor que sentí en esos días en donde apartado de ti moría de ganas de escucharte, de besarte, sentirte y al mismo tiempo el deseo de olvidarte (sin ganas de hacerlo). Después de todo aquello descubrí la luz que tatuado en mí, dejado atrás hábitos que no me hacían bien, empecé a caminar mejor, a sonreír y disfrutar aún más de los detalles que pasaba desapercibidos antes de ti. Y de corazón te agradezco por esa luz que me hizo mejorar y a la fecha sigue impulsándome, cada día es mejor o es peor, pero siempre habrá un mañana, una oportunidad… una sonrisa.
Y la segunda, es que tenías toda la razón, yo creía, yo cree, yo jugué, yo me enamore, yo me perdí y tú nunca pediste nada, sin duda es una verdad que destroza, pero siendo crudos en esta realidad, así pasa, uno hace y dice tanto, y en efecto normalmente nadie lo pide, y el peor error del ser humano es asumir realidades que no resultan definidas.
Hoy me quedo con eso y ya en mi presente resultas ser un recuerdo demasiado bello para ser sincero, diciéndome entre risas irónicas, me escuchen o no… “Lo sé, yo tuve la culpa, ella nunca me pidió nada, cuando yo quería darle todo (en silencio)”.