Atrapada en el atardecer
Y allí estaba yo, mirando cómo se quemaba el cielo, en aquel paisaje que se pintaba en un pañuelo.
En un lugar tan alto como los árboles y los ángeles, donde mi corazón navegaba entre mares.
Con un poco de fuego en la mirada y los brazos calientes, sumergida en un paraíso que no podía sacar de la mente.
Entre casas que se hacían pequeñas y luces que parecían de navidad, de volar y soñar sentía la necesidad.
Con la piel tan sensible como la seda y el corazón vestido de nostalgia, sentía la fragilidad escondida en la sonrisa que a todos engaña.
El tiempo jugaba a seducirme en un bucle sin salida, pero yo con fervor e inocente le apostaba mi vida.
Mis pies a la tierra se aferraban, y mi alma de mi cuerpo danzando salía arrebatada.
Las hojas de los arboles permaneciendo intactas, no se inmutaba ni con ráfagas de viento.
Mis profundos deseos había echado a la suerte, pero en Dios no podía dejar de esperar con mi fe ardiente.
Y al mirarla de nuevo, puedo ver cómo sigue respirando, el aire frío y caliente constantemente saliendo y entrando.
-Rosmery Uzcátegui











